Pages

Las preguntas me salvaron de ser un asesino

12 mayo 2009


Necesitaba un arma para defenderme de la asfixiante vida de pueblo, algo con que responder al hastío que significa vivir a los diecisiete entre la nada y el nunca. Aunque realmente no fui un gran estudiante. La mochila académica siempre me resultó incómoda, inútil. También prefería la vagancia, para que negarlo.
Aquella experiencia me abrió el camino para buscarme la vida y pagar las cuentas y todo eso que nos mantiene del lado de afuera de las rejas.

Ser periodista puede ser apasionante, romántico. Te alimenta el ego. Te relacionás con gente que el resto de los mortales sólo puede mirar a través de la pantalla del televisor. Pero voy a decirles una cosa: toda esa mierda no te lleva a ningún lado. Con el tiempo aprendés a ver en perspectiva y te das cuenta de que todo forma parte de una gran rueda, como la vuelta al mundo en un parque de diversiones, y que cuando te bajás, la rueda sigue girando. Y que podés alejarte kilómetros o años y lo que te queda, lo que realmente te hace distinto, lo que demuestra si algo aprendiste para sobrevivir en esa etapa, no está a la vista. Ni tenés fotos para mostrarlo. Ni podés guardarlo en un disco rígido.

Yo estuve ahí y lo mejor que obtuve fue la herramienta más poderosa que conocí: las preguntas. Los periodistas hacen preguntas. Preguntar, aunque no obtengas una respuesta expresa, instala la necesidad de saber, de salir de las sombras.
Formular preguntas te hace libre de pensar que hay otras respuestas ahí afuera. Porque ya sabemos: van a querer vendernos la felicidad con moño y todo, pero si te preguntás ¿qué quieren realmente? vas a descubrir que hay una parte de la historia que no piensan contarte. Para que te sumes al rebaño. Para que enciendas la tevé y en lo posible no la apagues nunca. Para que consumas todos los venenos que ofrecen, incluídos los concursos de baile. Para que no tengas tiempo para pensar, para llevarte con menos esfuerzo hacia donde quieren, para instalarte la estúpida sonrisa de celular.

Las preguntas me salvaron de ser un asesino. O un loco. O uno de esos imbéciles que aparecen en el noticiero para exigir la pena de muerte.
Preguntar. Preguntarte. Querer saber qué pasa si no pasa lo que nos dicen que va a pasar. Sospechar que la realidad es diferente del lado que las cámaras no muestran porque está oscuro y es peligroso para el cronista. Preguntarme siempre si me manejo o me manejan. Preguntas. Dudas. Sospechas.
Preguntas capaces de ponerte inquieto. Preguntas como puertas hacia otro lado.

Llevo más de cuatro meses sin escribir. Aunque realmente tuve ganas de hacerlo, las tres o cuatro veces que lo intenté no pasé del tercer párrafo. Y descarté todo. Sólo tengo preguntas. Lo lamento.

“Desde aquí aprendí a hablar, estoy haciendo preguntas, preguntas que nadie me contesta. Inocentes preguntas a las que me responden con complicadas teorías que no aclaran nada. Quiero saber por qué pasa lo que pasa, por qué somos como somos.
¿Por qué las cosas son así y no de otra manera?
¿Por qué hacemos daño a los otros?
¿Por qué siempre estamos tratando de engañar?
¿Por qué después de tantos siglos todavía no hemos aprendido a comprendernos?
¿Por qué hay guerras?
¿Por qué hay pobres?
¿Quién maneja los hilos?
¿Dónde está el corazón que hay que apuñalar?
¿Por qué no podemos ser razonablemente felices?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?"




REM – The outsiders
http://www.youtube.com/watch?v=zJIOCPjTuJE


-Jesús Quintero: ¿La independiencia es imposible?
-César Vidal: No, la independencia no es imposible nunca. Pero tampoco es fácil nunca. Yo creo que es difícil, que efectivamente la independencia es difícil, creo que es costosa en muchos casos. Pero creo que es indispensable, porque si no tenemos independencia acabamos en la sociedad del Gran Hermano de Orwell. Es decir, al final habrá gente que nos diga lo que tenemos que hacer, lo que tenemos que pensar, y hasta lo que tenemos que sentir. Que por cierto, hay insistencia en ese sentido últimamente, hasta en controlar nuestros sentimientos.



REM – Orange crush
http://www.youtube.com/watch?v=nX1c9uFljAs


-Jesús Quintero: ¿Para qué se vive?
-Alejandro Jodorowsky: Mira, yo me he planteado mucho, mucho, la felicidad. La pregunta "¿Para qué se vive?" es intelectual, porque uno vive, no hay que preguntarse para qué. Pero, ¿cómo vivir? es la pregunta. Yo creo que la única manera de vivir es siendo lo que uno es y no lo que los otros quieren que uno sea. Hay que hacer un trabajo: me han embutido ideas en la mente que no son yo, y yo las acepto porque me las embutieron. Tengo sentimientos, como dije, que no son míos. Son los sentimientos de mi familia y mi sociedad y mi cultura, pero yo no los quiero. Tengo deseos creativos y sexuales que quiero satisfacer, pero hay prohibiciones, ¿no es cierto? Y quiero acciones que quiero hacer y no las puedo hacer porque me han dicho que eso no se hace. Entonces: yo llegaré a la felicidad siendo lo que soy, mentalmente, emocionalmente, sexual creativamente y físicamente.
Pero una vez que yo llego a ser lo que soy, ¿qué soy? Yo no soy, yo estoy siendo. Entonces, tengo que descubrir que tengo un destino que es el destino de expandirme, de crecer, no quedarme “enquilosado”, si no ir desarrollándome mentalmente, emocionalmente, creativamente, prósperamente. Entrar en el cambio, en el desarrollo, ser fluído como un río.

Fragmentos del programa Ratones Coloraos de Jesús Quintero.
César Vidal es periodista, historiador y escritor español.
Alejandro Jodorowsky es poeta, actor y director de teatro y cine de culto, estudioso del Tarot y la Cábala, guionista de cómics, uno de los pocos sabios que nos van quedando. Hace más de veinte años que descubrió en los chistes un camino para llegar a la sabiduría, una fiesta de la inteligencia.

28

28 diciembre 2008


Comencé este texto el 28 de noviembre pasado. Un mes antes del cumpleaños de mi hermano (el día de los inocentes ya no es motivo para misas ricoteras). Ya no hay inocencia en mi hermano tampoco. Espero que zafe.
Este año pasaron muchas cosas. Para mi, la más grosa es haber sido papá por primera vez. Casi llegando a los 40 es un flash que no podría describir claramente. Acá hice un intento. Uma se llama.

Y lo que de alguna manera nos une (el espanto, mi amor), internet...asomó su sucia cabeza y me dejé seducir: pacté con el diablo y abrí un blog con un nombre que nadie entendiera. Esta es la historia de los últimos 300 días.
Hice de todo por alimentar a la bestia: invité a una banda de locos, leí cientos de artículos, edité los post (aprendí a editar el código!! y todo para que respondiera a mis mandos), reorganicé el blog con una diseñadora, respondí comentarios que llegaron de decenas de personas a las que tal vez no les conozca la cara (y me gustaría!), traduje textos del portugués y del inglés, conocí artistas que ya están muertos, dejé la sangre en la arena con tal de llevar a Klamahama lo más lejos posible. Y llegó lejos, de eso no hay dudas. Tan lejos que no sabía como carajo volver. Y entonces recordé que todo esto había empezado como un juego. Y entendí que el diablo estaba cobrando su parte del trato.

A mi el cine me gusta mucho. Y este año pude ver muy pocas películas. Pero sólo me acuerdo muy bien de una: "Hacia rutas salvajes". Y me quedó grabada, tal vez porque ese día todavía pensaba que en el mundo de capitalismo salvaje que nos toca ya no existía gente capaz de mantener sus ideales hasta la últimas consecuencias. Eso sin joder a nadie. Es una historia tremenda, ya deben haber leído sobre ella. A mí me dejó tristeza. Y angustia. Pero al mismo tiempo una sensación de liberación que, dicen, es propia de los suicidas.


"¿Quien no ha querido o sentido ser Christopher McCandless alguna vez en su vida? (...) agarrar la mochila, dejarlo todo, vivir la vida que uno realmente quiere, sólo con lo indispensable, conocer a gente diferente, lugares de todo tipo y mientras conocerte poco a poco y valorar lo que realmente es importante en esta vida", dice Milo en su blog.



También compré varios libros, pero leí pocos. "Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones" de Mac Montandon es el mejor. Es caro, pero lo vale. También me hice con la biografía de Kurt Cobain, el Tokio blues de Haruki Murakami, tres libros excelentes de fotografías de los '50, '60 y '70, un librito rarísimo, a color, con la historieta Maus, de Art Spiegelman y varios más. Algunos que me llegaron de sus propios autores ya los recomendé. De otros no comenté nada, pero me sirvieron para entender mejor adonde me había metido cuando decidí abrir un blog (y no sabía ni como se editaba mi perfil). Ese libro es "El imperio digital" de Leandro Zanoni, que lo bajé gratis de la red (ahora es tarde, pero compralo porque es excelente).
Este año también escuché mucha música, casi toda en mp3, siempre arriba de un colectivo o caminando por la calle, que es cuando mejor me pone. Escuché mucho Ramones (el único remedio para combatir el odio al Sistema), el nuevo de 7 Delfines, Dancing Mood cuando estaba de buen humor, Andrés Calamaro, The Clash, Talking Heads, Tin Machine, Jesus & Mary Chain, R.E.M., Elliott Smith cuando estaba triste (y me ponía más triste), Jimi Hendrix, Patti Smith, Stone Temple Pilots (que bueno que volvieron!), BRMC, The Dandy Warhols....y me compré en CD "El mamut" de Massacre, porque es el mejor disco de rock hecho en Argentina que escuché en los últimos 10 o 15 años.

Foto: FotopazDejo una lista enorme de pendientes para publicar. El libro de historietas "Ranxerox en Nueva York", de Tamburini y Liberatore. Las revistas CAIN y los suplementos CAIN como huésped de la revista Fierro, en una última etapa de resistencia antes de expirar. Una parva de fragmentos de libros que descansan en estantes y que me dieron sumo placer. Notas de revistas y suplementos que atesoro no se hasta cuando (la española CO&CO, El Tajo del diario Sur, y más). Una reseña de El mamut, un especial de los Jesus y que se yo cuantas cosas más.

Aunque estoy orgulloso de todo lo que se generó alrededor de Klamahama, también esperaba cosas del blog que no sucedieron (me pasa siempre porque me pongo objetivos muy altos en calidad y me exijo demasiado) y durante su desarrollo llegué a conclusiones extrañas. Por ejemplo, que el éxito es un fantasma intangible, un cuco con el que nos amenazan desde que nacemos y que nos envenena día a día. Ahora pienso: a la mierda con el éxito, a la mierda con los estándares de calidad, a la mierda con los objetivos. El éxito es un animal salvaje que te come la cabeza en el instante en que pensás atraparlo. El verdadero éxito es lograr que tus hijos bailen Ramones con vos los sábados a la mañana. Y si no pregúntenle a Punk!.

Habrá quienes piensen que Klamahama está muy bien, que hay gente que lo sigue y todo eso (que ustedes vuelvan a leernos y comentarnos es una satisfacción, sin dudas). Aunque yo no estoy tan seguro de que eso sea éxito. Según las estadísticas fueron más de diez mil visitas en diez meses. ¿Eso significa algo para alguien?.
Probablemente vuelva y escriba algún texto dentro de algún tiempo (es mi escencia, podré frizarla un tiempo, pero no mucho). No se. No es ésta la primera vez que un proyecto me gana la pulseada ("ya rompí cerraduras, fracasos de bronce"). Por ahora estaré poniendo la energía en este pequeño proyecto.
Me gustaría que las personas que pasaron por acá estuvieran conmigo para darles las gracias en persona y abrazarlos. Todos aceptaron formar parte de mi locura aportando sus mejores momentos. María del Valle (mi compañera, un lujo diseñando, una sorpresa escribiendo sobre fetiches & ropa), Luzie Q (siempre a full, pilas & r'n'r), Miriam Maidana y su Vida de ratas que hizo estallar el blog, Florencia "Dana" Marino (talentosa y laburante, gran amiga para grandes charlas), Chelo Candia (tal vez el artista más sensible y generoso que conozca), Daniel Dambrosi (artista brillante y gran persona), Fernando Velazco (nuestro "periodista post-punk", una caja de sorpresas), Gabriel Ferreras (hiperinformado, siempre a la vanguardia), Claudio (ojalá todos los pibes supieran distinguir la buena música como él), Quique Pérez (siempre con música en la cabeza, tipo muy creativo), Leonardo Parente (una personalidad oculta de quien me da orgullo tenerlo de amigo, fanático de H.S.T., su mente siempre estuvo puesta en el periodismo gonzo y así escribe), Fernando Chiappussi (un viejo amigo, maestro escribiendo, fue un placer leer sus artículos), Pol Neiman (uno de esos tipos que creés conocer de otra vida, siempre dispuesto a sumar y tirar buena onda), Carlos Ardohain (su aporte fue pequeño, pero brillante), Cristian Luengo (otro pendex alucinante, con la cabeza en Fantasy, artista con la sangre rocker) y los poetas que participaron de El Escorpión Criollo (todos necesarios para elevarnos, Cíclopa, Alejo, Arha, Cece, Pol mismo... que lo coordinó).
Y daría un brazo por ver una foto de todos los que pasaron, leyeron, comentaron, linkearon, recomendaron y nos dedicaron algunos valiosos minutos de su tiempo para intercambiar pasiones. Algunos me hicieron sentir muy bien, me dieron ganas de seguir, me hicieron reir a carcajadas, todos me hicieron creer que la idea no estaba tan mal.
Pero ahora voy a tomarme unas vacaciones largas y profundas. Me voy al patio con la pelopincho. Y a disfrutar de Uma jugando al gusanito. A hacer un balance de todo lo vivido éste 2008 que me dejó muchos amigos nuevos, mientras me tomo una buena cerveza y brindo por todos ustedes.

Si quieren escribirme, mi mail es arielmartinez.kh@gmail.com
Muchas gracias por soñar conmigo (y todo lo demás también).
Pura suerte y buenas olas para todos.
Feliz 2009 !!
Los quiero,
Ariel

"Aquí se detienen mis pensamientos. No pueden avanzar. Lo que me arrastra con una violencia superior son sentimientos: es la sed de vivir, es la nostalgia, es la sangre, es el delirio de estar a salvo. No son fines; no son propósitos".
"Pero quizá todo esto que pienso es sólo melancolía, sobresalto, que desaparecerá rápidamente cuando de nuevo me instale bajo esos álamos, oyendo el bisbiseo de las hojas. Es imposible eliminar totalmente ese dulce sentimiento que llenó de inquietud nuestra sangre: lo incierto, lo vibrante, lo futuro, las mil visiones del porvenir, la armonía de libros y de ensueños..."


/ E.M.R
"Sin novedad en el frente"

El Escorpión Criollo # 4, the last waltz

27 diciembre 2008



Coordina: Pol Neiman
[Su blog]



Mejor no hablar, by Bukowskiana


ir caminando
entre el viento artificial
del urquiza
esperar detrás de la línea amarilla
sentir la atracción del tren
de la muerte inminente
a un paso de mi cara

mirar alrededor

¿estoy cantando en voz alta?

no voy a saltar
el suicidio es cliché
lo puede hacer cualquiera
está pasado de moda

atrasar a la clase trabajadora
hacerles perder el presentismo
no es mi estilo
no soy suicida
pero juego a serlo

el fantasma de los que no pudieron
sobrevuela el ambiente
me despeina con la brisa del tren

entonces veo viejas ahogadas en vómitos
de pastillas multicolores
veo amas de casa ostentando brazos mutilados
que caen por los costados
del camisón ensangrentado

y un poema que hablaba
del viento del tren por la mañana
y terminó hablando de viejas suicidas.

La Bukowskiana (a.k.a. Madame Barfly) roba rosas de la avenida de la muerte en: bukowskiana

Lobo ¿estás?, by acrobatachino



I
el hedor de la boca
del río de la plata
no es otra cosa que plata

II
río de la plata:
metáfora pobre
hecha de sangre
y ambición

III
el tiempo cuida su caña
(el río siempre a su favor)
y a todo sumerge
bajo la misma esencia
de lo efímero

IV
el río de la plata
en mi valija
la esencia del agua
en todas partes
despierto solo
soy el tipo que
me acompaña siempre

V
más allá el Atlántico
puerta de sal infinita
lugar donde lo desconocido
sucede

Acróbata Chino escribe sobre la cuerda floja en: canguritos del uruguay

Tres postales, by Javier Galarza


I

Ella había llorado todo el día. De pronto comprendí que intentar entenderla era el camino equivocado. Pretender entender es un grave error, sólo amar existe . La tomé con fuerza pero con sumo cuidado y la tendí sobre mi cuerpo en el lecho de la tarde, acariciándola como a una niñita que podría morir de debilidad.
Entonces levantó levemente su cabeza y una de sus lágrimas cayó sobre mi rostro, sobresaltándome; revelándome con violencia, de una vez y para siempre, la desnudez.

II

«Esta te gusta?» me preguntó Flora, extendiéndome una revista pornográfica europea. «Sí, realmente es bonita» dije mientras contemplaba la foto de una rubia helada que bajaba sus bragas sin pudor. «¿Y esta? ¿Y esta otra?». Me preguntó entonces mi novia, mi dealer porno. Me preguntó sobre cada actriz que recordaba, sobre cada amiga suya y cada amiga mía, sobre cada mujer que cruzábamos en la calle, me preguntó por qué, qué haría con cada una de ellas. Extasiada, angustiada, asombrada, de que yo pudiera localizar mi deseo en esa película clase C comprada de baratas en un sex-shop.
Preguntándome de alguna manera «¿qué lugar ocupo yo en todo esto?». Y no habiendo en el mundo respuesta capaz de satisfacerle.

III

Nunca fui un tipo con suerte. Pero dice Bukowsky que aún los desafortunados, en una noche de borrachera, pueden cambiar la cosa. Jamás me sirvieron los consejos de los amigos acerca de la manera adecuada de conquistar a una chica. Pero esa noche entré al bar y vi a mi Ofelia sola e indeciblemente bella entre los neones. Le acerqué mi copa. Creí que le diría algo impresionante; pero sólo pude susurrarle al oído «Estoy solo y perdido y buscando un camino a casa». Entonces caminamos juntos a través de las calles del invierno en busca de cualquier lugar que prometiera tibiezas. Los años han pasado y las cosas no han cambiado mucho. Sigo solo y perdido y buscando un camino a casa.

Javier Galarza no deja de escribir en sus innumerables espacios:

morir en la ciudad y vivir en el intento / javiergalarzants / javiergalarzares / compartimentosjg / las elecciones afectivasSin Título by Avatar Nix



Si otros me dicen:
no sos libre, no lo sos, tu mamá te manda, tu mamá te ordena, tu mamá te domina, no sos libre, no.

Si todos me dicen:
la decisión es tuya, vos podés hacer propia tu libertad.

Todos hablan, y cuando mi respuesta es la acción...
todos callan,
con miedo,
porque a veces parece que duermo,
pero la mayoría de las veces estoy acomodandome las pelotas
para salir corriendo de este mundo de mierda.

y entonces ahí nadie quiere estar en ese lugar desagradable en el que mis respuestas los deja,

porque si no tengo libertad no es por uno, es por la colaboración de todos.

Avatar Nix desparrama su fuego en Incendiario

Las imágenes que acompañan a los escorpiones del post son obras de Pol Neiman.

Sin dudas este fue un año poético en Klamahama. Este espacio sirvió para darnos cuenta que la obras de los poetas son necesarias para inyectarnos aire en medio de tanto humo que nos rodea. Con éste Escorpión Criollo # 4 cerramos otro capítulo más del blog. Tengo que agradecer especialmente a Pol Neiman por aceptar la propuesta de seleccionar cada texto de la sección, por aportar sus fotografías y por la alta onda puesta en el proyecto KH. Y además, gracias a cada poeta/escritor/soñador que aportó sus letras para dar forma a EEC. Que el 2009 sea todo lo que sueñan.

Ariel Martínez
/ Editor

Diario de un mochilero bahiano

19 diciembre 2008


Escribe: Ariel Martínez

Ya me conocen. No soy fan de las cosas light. Prefiero ir a fondo, siempre, conocer todo, saber más, preguntar otra vez. Así que, sumado al post anterior, acá les dejo una pequeña entrevista que le hice a nuestro corresponsal en Brasil, Leonardo Parente, para conocer más sobre su libro gonzo que a mi juicio promete y mucho.

-Leo, contanos de que se trata tu libro "De rolê pela América do Sul - Diario de borde de um mochileiro baiano" que tenés listo y a punto de ser editado....
-En realidad es un libro-reportage escrito con las técnicas del periodismo gonzo. En enero de 2007 me fui de viaje por algunos países de América del Sur, cosa que tenía mucha ganas de hacer desde chico y el viaje me encantó, pero vi muchas cosas diferentes, cosas que no hay en Brasil como la nieve...el pueblo...la sociedad..... Yo no tenía la intención de escribir un libro, pero la experiencia fue muy fuerte. Salí solo con una mochila y dos mil dólares en efectivo, no tenía tarjetas... cheques travels... sólo dinero, algo que fue peligroso...

-¿Qué países visitaste?
-Bien, fueron 4 países... Salí en avión desde mi ciudad (Salvador) hasta Santiago del Chile y recorrí los países sólo en autobús. Después de Santiago fui a Mendoza, en Argentina, volví a Chile, a la ciudad de Valparaíso, pasando por Viña del Mar, seguí por la Ruta Panamericana cerca de 26 horas hasta San Pedro de Atacama... después viajé en jeep por el desierto de Atacama en un viaje de 3 días hasta el desierto de Uyuni en Bolivia... seguí por las ciudades de Uyuni, Sucre, Potosí, La Paz, Copacabana, entonces fuí a Perú por el lago Titicaca... siguiendo hasta Cuzco, después Machu Picchu... volviendo a Bolivia a Cochabamba, donde tomé otro avión a Brasil... eso en 30 días.

-Tremendo recorrido!! ¿Decidiste hacer el viaje para escribir el libro, o la idea del libro surgió después del viaje?
-Después... mis amigos me decían que tenía que escribir un libro, memorias como las del Che Guevara, jajaja. Yo no quería que el libro fuera meramente un relato turístico, entonces escribí en la técnica periodística de un libro-reportage gonzo.

-Vos sos un lector apasionado de la literatura de Hunter Thompson, eso es algo que los lectores de Klamahama ya saben.
-A pesar de que muchos periodistas no reconocen la técnica gonzo, escribí algo que creo es gonzo, vamos esperar que la crítica masacre mi trabajo!...jajaja.

-Entre tanta gente y lugares que conociste, el libro debe tener muchas anécdotas del viaje. Adelantanos alguna.
-Bien, en La Paz, yo estaba con un amigo que conocí en Perú, entramos en un pub que se llamaba "El borracho" a tomar una cerveza. Llegando al interior del pub, muchos viejos fumando marihuana, bebiendo pisco y jugando a las cartas... cuando entramos, todos nos miraban y decian cosas como: "oh, llegaran los maricones...". Un rato después, un viejo se sentó a nuestra mesa y nos pagó cervezas... Hablamos mucho y por fin descubrimos que se trataba de un viejo chileno, gay, profesor de matemáticas y muy amigo, que salió de Chile en la época de Pinochet...eso fue loco, salimos del pub " borrachos" asi como el nombre del pub!

-Finalmente, ¿cuándo estará disponible el libro para comprarlo?
-Ese es un gran problema... quiero una editorial que tenga ganas de publicarlo. En verdad algunas ya demostraron interés, pero tienen algunas exigencias malas, como sacar todas las referencias a drogas... y para un libro gonzo, eso no es posible... Creo que muy pronto tendremos el libro.

-Excelente! Muchas gracias por tu tiempo. Y estaremos atentos a la publicación.


Ariel Martínez es periodista. Escribió artículos sobre cultura rock para los diarios Página 12 y La Mañana del Sur (Neuquén) y para las revistas Rock & Pop, Vos (en todas) y All The Music (entre otras). Produjo y condujo espacios en las radios FM Rock & Pop y La Tribu y editó la revista El Borde. Desde marzo de 2008 es editor del blog Klamahama.

Ojos, tutiplenes y subterráneos


Escribe: Ariel Martínez

Este año tuve la brillante idea de abrir un blog (también un flog, un flickr, un mail de google y otras porquerías que ofrecían). Y no me arrepiento (creo…). Pero todo empezó a "malograrse" (Punk! dixit) persiguiendo no sé que objetivos que me propuse.
En definitiva: en el medio conocí gente del palo que escribe cosas alucinantes y está más pirucha que yo y decide editar libros con sus escrituras.
Y así llegamos al punto en cuestión.
En las últimas semanas llegaron a mis manos tres libros tres, uno más bueno que el otro, todos diferentes, todos leídos arriba del bondi.

El de Luc, la resacada, fue el primero. Tardé en conseguir los tutiplenes porque me colgué, pero la espera valió la pena, porque me lo entregó en mano un amigo de Luc, Dani, a quien incluí en mi lista de ídolos (no tanto por la gauchada, sino por lo que me contó sobre sus vivencias en la guerra palestino-israelí en un bar irlandés de Neuquén a la una de la tarde).

A "Consideraciones acerca de tutiplenes y otros frutos del mar" sencillamente no hay con que darle: es lo más parecido a un frasco grande de garompas, sólo que son adictivas y si te pasás de rosca entrás en un mundo paralelo donde absolutamente todo es relativo y delirante y vos te reís tanto que los azules amenazan con bajarte del colectivo por miedo al contagio.
Si ya pasaron por el blog de Luc saben de que se trata (en éste viejo post ya amplificamos algo), y si no saben de que hablo, no tienen demasiadas excusas: escupan ya ese Klamahama sin gusto que están mascando y prueben inmediatamente el bubalú resacado: sabrán porqué los tutiplenes son necesarios para seguir en la calle sin ceder al impulso suicida. Grageas sinsentido, absurdas, fosforescentes, poéticamente geniales, redactadas con perfección, con historias comparables al vuelo de una mariposa empepada.

Mi sugerencia: tómense un tutiplén cada mañana antes de lavarse los dientes y mantengan esa sonrisa boba el resto del día.

Mi párrafo elegido:

Visfluminetas acotorradas por un link
Casi nunca entiendo. Algunas veces menos que otras. El asunto, indefectiblemente, es ponerle voluntad a que no suceda nada. Fijo que sale.

El segundo libro me llegó directamente por correo argento, enviado más que generosamente por su autor, Flavio Katzev, quien sacó de su bolsillo los 36 mangos que costó el envío: loco, te zarpaste...gracias a granel!!
Su broli me llamó la atención por el tour de force que significa rastrear y recopilar datos de la época y entrevistar a los integrantes de una muy completa lista de bandas de rock argentinas de los años 80 (creo que la mayoría disueltas).
"Amantes subterráneos -El rock under de los '80" es un libro para aquellos que creen que recordar no es añorar, simplemente porque quienes vivieron el suceso lo llevan adentro, siempre, aunque cambien las modas y desparezcan las referencias físicas. No se añora lo que forma parte de tu vida.
Capítulo a capítulo, Flavio repasa metódicamente y con mucho orgullo en su condición "subterránea", el camino recorrido por bandas y músicos que por aquellos años realizaban sus primeras grabaciones y vivían la vuelta a la democracia como una fiesta llena de sorpresas.
¿Nombres? Desde Uno x Uno, Analía y Los Accesorios y Los Pillos a Fricción y Don Cornelio y La Zona. Testimonios de artistas que revelan datos desconocidos (por lo menos para mí), info y anécdotas que Flavio atesora tras su paso por publicaciones como Señales Rock y La Grossa
y un amor implícito por una generación de artistas que se hicieron de abajo, que cargaron sus propios equipos, que se entregaron a full por sus canciones, incluso aquellos que nunca las llegaron a ver editadas en un disco o cassette (un cosito que existía en la prehistoria y que muchos todavía guardamos quien sabe porque). Y si no me creen pregúntenle a Flavio.

Mi sugerencia: no es un libro para aquellos que se creen más listos porque van a las fiestas "ochenteras" a escuchar Duran Duran o cosas por el estilo, y sí para quienes creen que ir a un recital de una banda de rock -aunque el escenario esté armado arriba de cajones de cerveza- es necesario como respirar.

Mi párrafo elegido:

Raúl de El Prosexo: "(...) Para mí, la de cantante de rock fue una aventura épica. El rock era una herramienta para conseguir un fin determinado. Sentía que estaba haciendo lo que los héroes debían hacer en ese momento: desarticular mis propias estructuras fascistas, para acompañar la fractura del sistema autoritario que se producía al mismo tiempo en la trama social del país (no es que piense que yo era un héroe entre personas comunes, sino que creo que hay un héroe dentro de cada uno, y las condiciones en los '80 estaban dadas para que mucha gente lo dejase aflorar)."

Y va el último. Este libro llegó a mis manos porque su autor, Luigi Celentano, se tomó el trabajo de escribirme un mail para ofrecérmelo y llevárselo en mano a nuestro corresponsal aleatorio en Buenos Aires (y dejarle una copia a él!!! gracias loco!) para que me lo haga llegar. Y esa actitud para mí vale más que cualquier acción de prensa de una rubia insulsa que se dedica a mandarte correos sobre una docena de artistas chotos que ni te interesan.
"Los ojos en el camino" es "una obra conceptual que gira en torno a historias relacionadas con los ojos, con el camino, o ambas a la vez", tal como él define, y que nace a raíz de una experiencia que ha dejado marcado al autor. Escrito en un período de tres meses, es una obra conceptual que reúne historias relacionadas con la mística de los ojos, las miradas y las insinuaciones que éstos connotan, con la libertad y la incertidumbre del camino, donde todo puede ocurrir. Detrás de "Los ojos..." van a encontrar "violencia, sexo y muerte indiscriminada; apocalipsis radioactivo mutante, una ruta a un pueblo de mala muerte, criaturas caníbales, y manifiestos existenciales desdeñosos, críticos", según aclara Luigi.
Tano (como Luca Prodan), Luigi se proclama escritor independiente y partidario de la autogestión. Fascinado con las películas de terror que le ponían delante desde los 3 años!, influenciado por la música (“sin música me es imposible escribir”) e impulsado a la escritura cuando descubrió a Stephen King, llegó a 2005 con una recopilación de historias y poesías oscuras (trabajo que le llevó diez años) bajo el título de Mitternacht. Historias de terror y poesías oscuras “extremadamente visuales, con un lenguaje propio, metafórico, crudo, y de prosa oscura”.
Mi sugerencia: para leer mientras viajás hacia la costa, arriba de un colectivo con gente desconocida que te observa y no sabés porqué.
Mi párrafo elegido:
“Cuando vio al niño, se le heló la sangre. Tendría como unos ocho años, pero parecía de ochenta y nueve y el cementerio. Su rostro estaba arrugado, y sus ojos... ¡Por Dios! ¡Sus ojos! Los búhos de aquellas noches a la intemperie del cielo nocturno, bajo las estrellas... los búhos tenían esos ojos. Ojos como lentejuelas gigantes, plateadas. Sus pupilas dilatadas abarcando toda la esclerótica y haciendo del ojo una gran masa gris uniforme. Pero brillaban... como los búhos, sus ojos brillaban.”
En Capital Federal busquen el libro en:
*Librería Rayo Rojo, Galería Bond St. (subs.).
*La Lupita, Galería Bond St. (subs.).
*Mondo Macabro, Corrientes 1248, Galería Taurus.
*Librería de las Madres de Plaza de Mayo: Hipólito Irigoyen 1584.
*Garageland! ~ Feria nómade.
O escribiendo a:
drishtar@yahoo.com.ar
Paguen lo que vale: $12 (ni más ni menos- no se dejen engañar)
Y para cerrar, voy a dedicarle estas líneas al primer libro de un amigo, una de las personas que más apoyó Klamahama desde que lo invité a participar y a quien le traduje con entusiasmo cada una de sus notas publicadas en el blog: Leonardo Parente.
Leo, que vive en Salvador, Brasil y es un admirador ferviente de la obra de Dr. Hunter Thompson, el periodista americano que le cambió la cara a las crónicas políticas en la década del 60, realizó a principios de 2008 un viaje intenso por varios países sudamericanos y la narración de sus vivencias conforman "De rolê pela América do Sul - Diario de borde de um mochileiro baiano". Por el momento Leo está en busca de una editorial que publique el libro bajo un trato justo. Esperamos leerlo en castellano algún día.

Ariel Martínez es periodista. Escribió artículos sobre cultura rock para los diarios Página 12 y La Mañana del Sur (Neuquén) y para las revistas Rock & Pop, Vos (en todas) y All The Music (entre otras). Produjo y condujo espacios en las radios FM Rock & Pop y La Tribu y editó la revista El Borde. Desde marzo de 2008 es editor del blog Klamahama.

El libro de la almohada

18 diciembre 2008


Escribe: Fernando Chiappussi

Hace un milenio, mientras la civilización occidental se debatía en una extensa cruzada contra las tribus musulmanas (como se ve, una vieja costumbre), miles de kilómetros al este, Japón vivía un momento de estabilidad y prosperidad, acompañado de un gran esplendor cultural: el llamado período Heian, suerte de “siglo de Pericles” nipón que, en rigor, duró casi cuatro centurias (794 a 1185). Considerado el período clásico y fundacional de la literatura japonesa, es el momento en que el Imperio comienza a depender menos de la vecina cultura china y a crear su lengua y escritura propias. El arte tiene mucho que ver con esto: es común que los nobles lean y memoricen la poesía de sus antecesores, los concursos de poemas están a la orden del día y hasta los amantes furtivos están obligados, por rigurosa etiqueta, a enviar unos versos a la mujer cuyo lecho acaban de abandonar.
En medio de tal prosperidad surge -un poco como lo harían las lenguas romances a partir del latín vulgar- la escritura fonética japonesa, que simplifica los clásicos ideogramas de la china, dotándolos de personalidad propia. Como las mujeres tenían prohibido estudiar en profundidad el lenguaje chino -destinado, como el latín en Occidente, a la gran literatura y los documentos oficiales-, escribían en este japonés primitivo, que pronto manejaron con soltura: de ahí que fueran responsables de las grandes obras literarias del período. Eran mujeres de la corte, habituadas a estudiar a los poetas para entretener a las varias consortes del emperador, a quienes servían como damas de compañía. Las más famosas son Murasaki Shikibu, autora del Romance de Genji, y Sei Shônagon, conocida por El libro de la almohada, del que ahora llega la primera versión completa en español. Es el mismo que adaptó Peter Greenaway muy libremente (por no decir que agarró para cualquier lado) en su película Escrito en el cuerpo (The Pillow Book, 1997).
ANIMALES BORGEANOS. Rivales entre sí -aunque sirvieron a emperatrices diferentes-, Murasaki y Shônagon representan dos estilos distintos en la naciente literatura japonesa: el Romance de Genji es una extensa y elaborada narración, con gran desarrollo de personajes y un tono reflexivo, casi melancólico, que hoy llamaríamos existencial. Por el contrario, El libro de la almohada es una colección de fragmentos escritos “al correr de la pluma” (en rigor, del pincel con que se dibujaban los ideogramas) a la manera de un diario, donde la autora describe su conducta y la de sus contemporáneos con tono juguetón y contemplativo. De hecho, estos fragmentos traen tanta información sobre la vida cotidiana de Palacio que hoy constituyen una de las principales fuentes para los historiadores del período.
Pero no hace falta ser un interesado en la cultura japonesa para disfrutar del Libro de la almohada. Su atractivo va más allá: de hecho, a menudo sorprende por su actualidad. El tono intimista de su prosa, presente aun cuando detalla el protocolo de alguna ceremonia oficial, consigue acercarnos a la historia pequeña, personal de los que allí estuvieron. Esta prosa en primera persona deja en el lector una sensación ambivalente: el esperable exotismo de la escena deja paso a una curiosa familiaridad, avivando el interés. La edición castellana se compone de 185 fragmentos, en su mayoría breves y dispuestos sin orden aparente. No hay referencias cronológicas concretas más allá de las estaciones del año. Algunos de los textos son descripciones de algo que llama la atención de la autora, desde el rocío en los pétalos de una flor hasta la armonía de colores en los vestidos superpuestos de un noble: la descripción minuciosa del objeto y lo que su visión provoca insisten en un éxtasis de la contemplación, que uno diría "zen" si no fuera que este movimiento es dos siglos posterior.
Una segunda categoría corresponde a las listas de cosas o situaciones, ordenados desde los criterios más disímiles, como la famosa clasificación de los animales de Borges: cosas desagradables, "hierbas y arbustos", "cosas que emocionan" y así. Otra vez, lo elemental de la reflexión a menudo desarma al lector, que no sabe si maravillarse o compadecerse de la actitud simple y sin cuestionamientos de la escritora.
Pero sin duda los fragmentos más perturbadores son los francamente narrativos, en donde se cuentan anécdotas de la vida en palacio. Además de ilustrar sobre la vida cotidiana del Japón de entonces, ponen de manifiesto el carácter juguetón y desafiante de la propia Shônagon, no sólo ante sus compañeras sino también -y sobre todo- ante los hombres, aun los poderosos, que encuentra a su paso. La emperatriz Sadako, a quien Shônagon sirve, suele propiciar estos intercambios a veces verbales, otras epistolares, que ponen a prueba el ingenio de su sirviente, lo que sugiere que la tenía entre sus favoritas.
Shônagon tiene una mente brillante y lo sabe. El libro abunda en la réplica aguda, incluso mordaz, y el humor con que desnuda las pequeñeces y preocupaciones de todos los personajes de la corte sólo se detiene ante la familia imperial, hacia la que muestra una admiración incondicional. El pueblo, en cambio, es visto sólo ocasionalmente y a la distancia: "cuando me imagino como una de esas mujeres que viven en su hogar sirviendo fielmente a sus maridos -mujeres que no tienen la menor perspectiva interesante en la vida pero que creen ser perfectamente felices- siento un poco de desprecio”, dice en las primeras páginas del libro. Leyendo éste y otros comentarios, no sorprende que Murasaki la haya descripto como "terriblemente engreída" en su diario.

AMOR A LA CARTA. Más allá del tono contemplativo y despreocupado con que se describen las costumbres de palacio, hay un subtema escondido en buena parte de los fragmentos: el de la vida amorosa de la propia Shônagon, caracterizada por la perpetua seducción y el amor furtivo.
En el libro se describen y comentan las costumbres y etiqueta de los amantes ("un buen amante se conducirá con elegancia tanto en la oscuridad como en cualquier otro momento...”), pero Shônagon se cuida de contar historias personales. Sin embargo, muchas alusiones permiten suponerla una seductora consumada, que aprovecha su cultura literaria para hacerse atractiva e interesante. A diferencia de las mujeres del pueblo, las de la corte podían recibir hombres en sus aposentos e incluso pasar la noche con ellos sin ser socialmente reprendidas (aunque algunos hombres las tratan de frívolas). De hecho, la autora llega a recomendar un poco de "mundo" a sus congéneres antes de casarse: "podrían vivir por un tiempo en nuestro ámbito, y hasta asumiendo el papel de asistentes, de modo que pudieran conocer las delicias que nuestro mundo tiene para ofrecer”.
Intentar descubrir entrelíneas en la vida amorosa de Shônagon se convierte en un juego fascinante, porque el texto da a entender que la autora esconde mucho más que lo que dice. En uno de los fragmentos, Shônagon se mofa repetidamente del guardabosque Narimasa, a cuya casa se ha mudado la Emperatriz con su séquito. Después de soportar sus bromas durante el día, el dueño de casa aprovecha una cerradura rota para abrir la puerta del cuarto donde duermen las damas de compañía, ansioso por hablar con ella. "¿Se me permite entrar?”, repite en el umbral, ante la risa de las jóvenes. Shônagon, que califica de "lasciva" la conducta de Narimasa, le niega el ingreso. Después escribe: "¡Qué absurdo! Una vez que había abierto la puerta, lo lógico habría sido que avanzara de una vez, sin volvernos a pedir autorización. Pues ¿qué mujer le habría dicho ‘por favor, pasa’?
Unos días más tarde, cuando Narimasa desea comunicarle algo, Shônagon acude ante su presencia. "Me preguntaba si Narimasa haría alguna referencia a su visita de la otra noche y sentí que mi corazón latía con violencia”, admite, "pero no dijo nada... ”. Un diálogo posterior con la Emperatriz, pleno de eufemismos, da a entender que todos están enterados del cortejo. Pero el episodio termina allí. En otras ocasiones, Shônagon apunta al pasar la belleza de algún servidor de la corte, para luego conversar con él: pero si el diálogo dio lugar a un contacto más íntimo, sólo podemos imaginarlo. A menudo la narración se interrumpe en el momento en que esto empieza a ser evidente. Otro consejero de palacio, el Capitán Tadanobu, aparece varias veces a lo largo del libro, alternativamente peleándose y amigándose con Shônagon. Los diálogos e intercambios de mensajes con Tadanobu son verdaderos duelos verbales, a menudo con la presentación de poemas incompletos a manera de acertijos (el destinatario debe completarlos). Todo indica que se trata de un juego de seducción prolongado en el tiempo, pero otra vez Shônagon está lejos de admitir interés de su parte, aunque apunte al pasar que Tadanobu "se veía magnífico siempre que venía a verme”. Es decir, se dirige al lector con las mismas indirectas que destina a los hombres. Tal vez era engreída, después de todo.
Es en estos momentos cuando más contemporáneas suenan las palabras de Shônagon. No sólo reflejan una astucia indisimulable por su parte, sino también cuán poco han cambiado algunas cosas en un milenio. Por otro lado, la combinación de estos ocultamientos con una prosa transparente conforma una estrategia narrativa absolutamente moderna. Decir una cosa y significar otra: decir sin decir, tal es el juego que la autora domina naturalmente, nueve siglos antes de que Chéjov y Katherine Mansfield fundaran con los mismos elementos el cuento psicológico, cuya vigencia se mantiene hasta nuestros días.
En este punto, cabe preguntarse si no incidirá en la lectura el trabajo del traductor. Amalia Sato, una argentina descendiente de japoneses, se basó en una versión inglesa y otra en japonés moderno. En una entrevista del diario Clarín aclaró, como para cubrirse: "toda traducción es inevitablemente una lectura de época, y ésta será uno de los posibles reflejos de la obra de Sei [...] Sin embargo -agrega-, el carácter desestructurado y abierto de su estilo -que refleja muy bien ese consejo que se daba a las damas de la Corte: caminar con elegancia, pero reservándose cada tanto un movimiento de arrastre de las sedas- le daba a la lectura y su traslado una frescura que se disfrutaba. Y una se sumergía en un presente sin distancias.”



EL LIBRO DE LAS PREGUNTAS. Si la discreción de Shônagon es impenetrable, intentar averiguar algo más sobre ella equivale a andar a tientas: tal el misterio del Libro de la almohada. La lectura despierta diversas preguntas: ¿los fragmentos fueron escritos a medida que iban ocurriendo los sucesos y luego reunidos, o rememorados más adelante? ¿Sabía Shônagon que iban a ser leídos? Si es así, ¿por qué humilla en más de una ocasión a sus compañeras y conocidos, que iban a ser sus primeros lectores? Si no iba a divulgarlos, ¿es entonces sincera su admiración incondicional por la familia imperial, la única que se salva de sus constantes burlas y pullas? ¿Se condice esto con la obvia inteligencia y hasta cinismo de su carácter?
"Aunque mis anotaciones son triviales y sin importancia, podían parecer malintencionadas e incluso peligrosas a otros, por eso he tenido cuidado en no divulgarlas", dice Shônagon en el fragmento que cierra el libro. A mitad del volumen había sido más ambigua al acotar, respecto de uno de los elementos de sus listas: "sé que es un asunto muy vulgar y que todos se disgustarán porque lo menciono. Pero lo hago igual, de hecho me siento con la libertad de incluir todo [...] Después de todo, estos objetos existen en nuestro mundo y todos los conocen. Admito que no figurarían en una lista que otros puedan ver Pero nunca pensé que estas notas serían leídas por nadie salvo yo misma, y por eso incluí todo lo que se me ocurrió, por extraño o desagradable que fuera.”
Como los cuadernos originales se han perdido -el texto actual se obtuvo de la comparación entre varias copias posteriores- no se sabe en qué momento de su vida escribió Shônagon el texto, ni qué correcciones pudo hacerle antes o después de hacerlo público. Fuera de lo que dice de sí misma en el libro -que es poco- casi no hay datos sobre la autora. Su apellido verdadero es Kiyohara ("Sei" viene de la lectura china del primer ideograma del apellido), mientras que el término "Shônagon" sólo designa su cargo en la corte: "ayudante de menor rango". Sato apunta en el prólogo: "se dice que nació en 966 y que era hija de Motosuke, estudioso y poeta de cierta reputación". Durante la década de 990 sirvió a la emperatriz Sadako, diez años menor que ella, y a su muerte (de parto, en 1001) habría servido, según diferentes versiones, a la hija de Sadako, Shûshi, o bien a la prima de ésta, Akiko (a quien también sirvió Murasaki, la autora del Romance de Genji). Pero aquí ya se entra en el terreno de la conjetura. Casi todas las versiones coinciden en que murió anciana y pobre.
La curiosa ordenación de los fragmentos resalta el poco interés de Shônagon por hacer historia en el sentido lato del término. Un texto puede comenzar: "cuando guardábamos luto por el Canciller...”, pero la narración siempre se desarrolla antes o después de los hechos importantes, que nunca son narrados directamente (probablemente porque la historia oficial del Imperio era tarea de los literatos hombres, que escribían en chino). Tampoco se habla de la muerte de Sadako, aunque da la impresión de que el libro fue terminado con posterioridad.
El famoso texto final, "Anochece", es el que arroja más pistas en este sentido. Allí se explica el origen del libro: Sadako recibió una pila de cuadernos y al no encontrarles utilidad ("el Emperador ya está redactando los Anales de Historia”) se los dio a Shônagon ("comencé a llenarlos con el relato de rarezas y toda clase de asuntos”). Algunas frases ("me gustaría dejar terminadas mis notas por completo...”) sugieren que este texto es un agregado posterior, concebido como cierre.
Pero la traductora nos advierte: se sospecha que este fragmento no fue escrito por Shônagon. En el último párrafo se utiliza el adjetivo tawabureni para significar "entretenimiento", mientras que en otras 466 ocasiones la autora había preferido otro término, okashi. El tono reflexivo y melancólico del fragmento también se diferencia del resto. En todo caso, la lucidez y frescura de esta cortesana milenaria sirve para sustraer al lector de los problemas de la actualidad, marcando una línea divisoria entre lo que es pasajero y lo que se repite a lo largo de siglos y civilizaciones. A cambio, propone la aventura de descifrar el pasado remoto al compás de una voz increíblemente cercana. Tal el encanto del Libro de la almohada.


Las fotografías pertenecen a la película de Peter Greenaway "Escrito en el cuerpo" (The Pillow Book, 1997). No son las más indicadas para el texto de Fernando, pero todo entra primero por los ojos, y si las fotos te dieron ganas de leer la nota, el objetivo se cumple.

Publicado en El País Cultural, Montevideo, el 23-11-01.

Fernando Chiappussi es periodista y en los años '90 escribió sobre temas de cultura y espectáculos en La Nación, Página/12, las revistas Film, El Musiquero y Lea, entre otros medios. Actualmente es colaborador del suplemento cultural del diario El País de Montevideo, Uruguay. Desde 2005 trabaja como programador del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI).

Liberatore, el Miguel Angel punk

17 diciembre 2008


Tanino Liberatore, dibujante, historietista

Comenzó sin un cobre, en un departamento de la Vía Napoleone 3, en Roma, donde convivía con cinco amigos y sus novias y sus animales y un único inodoro en un baño con la puerta rota.
Venía de los Abruzzos, Tanino Liberatore. Venía de la montaña.
En los crudos inviernos romanos con la escarcha colándose por entre los vidrios rotos, Liberatore, el montañés, dibujaba hasta el amanecer, despierto a fuerza de fumar Gauloises, de pie sobre un mar de revistas porno que constituían su propiedad más preciada. Eran tiempos de malaria. Liberatore paría historietas eróticas a tanto el kilo, o ilustraba tapas de discos que pasaban de la batea al olvido.
Paradójicamente sería la asociación con otro reventado, con otro marginal, el guionista Stefano Tamburini, lo que iba a abrirle las puertas de la notoriedad.
Juntos dieron a luz maravillas como Saturno contra la Tierra, EMPE, Teamote y Folly Bololy, esta última la historieta elegida por CAIN, con placer sumo, para su Nº 1.
Su obra maestra, sin embargo, son las narraciones largas con un personaje común: Ranxerox.
Ranxerox, el androide con nombre de fotocopia.
Ranxerox, el robot punk enamorado de una heroinómana de 12 años, Lubna.
Ranxerox, el papá de Terminator. No cabe duda de que el personaje de Arnold Schwarzenegger en esa película de James Cameron ha sido inspirado, en más de un sentido, por la figura de Liberatore y Tamburini.
Ranxerox y Lubna viven en algún punto del futuro cercano. Originarios de Roma, el azar va a llevarlos a Nueva York, una ciudad-monstruo en la que calzan como anillo al dedo.
LubnaEl no puede sentir nada, más allá de su atracción por Lubna. Es malo, casi sin quererlo. Capaz de pulverizar la mano de una niñita que pretendía venderle flores, o de asesinar a cinco tipos para divertirse durante un viaje en tren.
Ella tampoco siente nada. Para Lubna, lo que la une a Ranxerox es un vínculo semejante al que su mamá tiene con el lavarropas automático.
Ese universo terminal, violento, amoral, tiene en Liberatore a un retratista impagable.
Por su modo de dibujar las masas musculares, que le ha valido el adjetivo miguelangelesco.
Por sus geometrías forzadas hasta el límite.
Por el ritmo rockero de encuadre y montaje.
Las aventuras de Ranxerox y Lubna, los Romeo y Julieta del siglo, XXI datan del período 1980/81 de la vida de Liberatore. Pese a ello, siguen siendo desconocidas en la Argentina.
Hasta ahora. Hasta ahora que CAIN edita la historia original en forma de libro.
En la segunda quincena de diciembre, a todo color.
Ranxerox no sólo es una de las historietas fundamentales de la década del 80, sino, también, la introducción ideal al mundo de Liberatore.
Un artista de su tiempo. Un Miguel Angel de la era post-video, como dijo de él Vincenzo Sparagna. Vaya Foly Bololy como aperitivo...

Tamburini, Frank Zappa & Liberatore

En la foto: Tamburini, el inmenso Frank Zappa –el arte de tapa de su LP The Man from Utopia pertenece a Liberatore- y el hombre de los dibujitos: julio de 1982, Roma, por la tarde, calor….

Este texto dedicado a Liberatore, Ranxerox y Folly Bololy fue publicado en diciembre de 1987 en la revista CAIN. Hoy Ranxerox es mucho más conocido que en aquellos días. Podés ubicarlo en muchísimas páginas dedicadas al cómic.


Folly Bololy

Página 1Página 2Página 3Página 4Página 5Página 6 Página 7

Temporadas en el país de las maravillas/11, último capítulo


Tenía que trabajar y para eso debía concentrarme. Contaba con unos cinco proyectos, eventos a cubrir y notas que estaban volviéndome loca. Iba de un lado a otro. Dejaba mensajes en los contestadores automáticos y casillas de correo electrónico a todo el mundo. Todos eran unos holgazanes que me dejaban esperando una respuesta y luego tenía que entregar los escritos tarde.
Desde el principio tuve una fama dudosa. Claro que mi comportamiento a la hora de trabajar era correcto, pero a veces creía que la seriedad no iba conmigo.
Asistí a unas clases de la Organización Nuevo Periodismo Argentino para perfeccionarme. Mi primer día en la redacción fue normal, pero el segundo llegué con un esguince en mi mano derecha y como cuarenta minutos tarde. Había tenido que cubrir un recital de una banda Punk la noche anterior y quedé en medio del pogo. Me empujaban y me enviaban de un lado a otro del salón hasta que alguien me dio un puñetazo y caí al suelo. Mientras caía, devolví el golpe y un minuto más tarde perdí una zapatilla intentando salir de ahí.
Algo pasaba cada maldita vez que tenía que ir a la redacción y el jefe de sección solía esperarme para entretenerse con mis historias. Incluso cuando intentaba pasar inadvertida, siempre el destino parecía ponerme en situaciones delirantes. Luego querían que escribiera crónicas de todo lo que me sucedía. Era divertido para todos que esas cosas me ocurrieran incluso cuando no las buscaba.

Justo cuando regresaba a casa de una nota, Sarah me envió un mensaje de texto que decía “Bianca está enferma”. Así era cómo llamábamos a la cocaína. Una bobada más que se nos ocurrió un día a modo de tener nuestras propias claves para hablar de esas cosas.

- ¡El hijo de puta me arruinó! –comenzó a gritar apenas escuchó mi voz- ¡Bianca está mal! Con esta humedad se hizo veneno puro. Está pegada, sucia, el corte es malo… El forro no contesta y no creo que lo haga.
- Algo vamos a poder hacer, dejame verla más tarde –intenté calmarla.
- ¡No! ¡Es un puto bollo de papel!

No podíamos hacer mucho y Sarah terminó mezclándola con gaseosa y tomándola de un sorbo. Después cambiamos de dealer.
Solía ser la oruga y la pequeña niña inquieta del cuento. Ambas cosas al mismo tiempo. A miles de años luz de distancia pero llamándome con voz clara, Sarah me pedía que no la dejara sola en medio de tanta estupidez.
Así fue cómo decidimos salir otra vez, sólo para colmar mis neuronas un poco más hasta enfocarme de lleno en mis tareas.

Le dije que estaba planeando desaparecer durante un tiempo. Necesitaba descansar de todo aquello para dar un rumbo a mi vida.
La idea de quedarse sin un cómplice le afectó notablemente, pero yo me encontraba agotada y aburrida de hacer las mismas cosas. Le dije que quería pasar un tiempo conmigo misma, sola, pero que primero iríamos donde ella quisiera ir.
Quiso asistir a una fiesta en un karaoke del centro y acepté acompañarla. Ya tenía un pie fuera de toda aquella seguidilla de locura en la que estábamos; quedaba un último trecho.
A las ocho de la mañana de un viernes, Lucas vino a verme con los ojos totalmente desencajados. Se había pasado la noche destrozando todo a su alcance. Había enloquecido en su departamento y no logró detenerse hasta que su hermano llegó. Un vecino lo llamó después de escuchar tanto alboroto.
Vino a decirme que iba a dejar la ciudad por un tiempo. Deseé poder hacer lo mismo, pero me era imposible en ese momento. En cambio, recordé que más tarde vería a Sarah y pasé el resto del día paseando por el parque. Íbamos a quedar solas en Buenos Aires y tuve que replantearme muchas cosas.
Ya no creía tener amigos. Lucas se iría y Alex estaba ocupada en sus asuntos. Todos los demás se alejaron de una forma u otra. Incluso la directora había dejado de llamar durante meses y luego lo hizo para dejarme saber que viajaría fuera del país. Se fue a Bolivia a intentar filmar una cultura diferente y visitar amigos que ya estaban allí.

Sarah me pidió llevar mi grabadora al karaoke para grabar su “actuación”. Nos dimos varios pases de cocaína y luego bebimos unos cuantos tragos, mientras esperábamos que fuera su turno de subir al escenario y sacarse las ganas de sentirse una estrella por una noche.
Pedimos tequila, ron y cerveza. Volvió a la mesa y no podíamos concentrarnos en nada. Queríamos hablar y no conseguíamos armar una frase. Olvidé detener la grabadora y todo quedó allí, registrado.

Sarah: - Hagamos un video.
Yo: - Esto sólo graba audio, estúpida.
Sarah: - Che… Quiero mirar mi vaso, pero miro y veo una vela.
Yo: - Eso es porque estás mirando la vela de la mesa.
Sarah: - Ah, gracias. Ya ni me acuerdo de cómo se fuma. ¿Cómo era?
Yo: - No tengo idea. No lo enciendas al revés, te vas a quemar. Mire… Contésteme…
Sarah: - ¡Vamos Led Zeppelin!
Yo: - Y Los Who.
Sarah: - Y “Los Quienes” (Risas descontroladas)
Yo: - Ya van a empezar de nuevo…
Camarera: - ¿Van a querer algo más?
Sarah: - ¿A vos qué te parece?
Camarera: - ¿No?
Sarah: - Bueno, mandate dos hamburguesas…
Yo: - Con todo...
Sarah: - Sí, con todo... Por ahí después te pido bebida.
Camarera: - Dos hamburguesas completas, entonces.
Yo: - No escuchás muy bien, ¿no?
Sarah: - ¡Qué cara de mierda la mina esa!
(5 segundos de silencio)
Camarera: - Vamos a tratarnos con respeto, ¿sí? Todavía estoy acá.

Mientras Sarah cantaba “I Will Survive” en el escenario, sentí una paranoia indescriptible, como si todos estuvieran pendientes de nosotras. Mantuve mi mirada sobre ella y la vi moverse rápido, agitar sus brazos y reír. Su cara se deformaba a medida que la canción avanzaba y supe que realmente estaba haciendo el ridículo porque los demás volteaban de sus mesas para verme.
Había aprendido que en esos momentos nunca sabría qué era real y qué no, y por eso debía simplemente permanecer inmóvil en mi lugar. Pero aun sin tener en cuenta que su cara cambiaba de forma, todo lo demás estaba sucediendo y entonces tuve miedo de que algo saliera mal. Podían echarnos o llamar a la policía. Todo podía irse a la mierda en cualquier momento.

Salimos de ahí y nos quedamos de pie en una esquina, esperando que dejara de llover. Luego nos quisieron echar del boliche que frecuentábamos porque una imbécil nos delató cuando nos metimos al baño para “visitar a Bianca”. Podía decírselo veinte veces por minuto, pero Sarah simplemente no podía evitar hacer tanto ruido cuando aspiraba. Por suerte, El DJ nos reconoció y logramos quedarnos.
Estando drogado uno nota fácilmente quien también lo está. La ocasión se convierte en un ritual, una situación de varios dominados por una fuerza inevitable que nos une a pesar de vernos por primera vez. Especialmente cuando se toma ácido.
No pensaba hacerlo pero lo hice; metí ácido debajo de mi lengua y esperé a que hiciera lo suyo. Dos días después, un grupo de chicos que conocimos en el boliche quiso vernos de nuevo, esta vez en casa de uno de ellos.
Pasamos la noche entera aspirando y bebiendo. Yo aún tenía que darle un rumbo a mi vida, pero pensé que de todos modos iba a “flaquear” de vez en cuando y además estaba consiguiendo mucha inspiración. Al menos a veces aún la conseguía.

Esos chicos eran adoradores de Marilyn Manson. Creo que jamás tomé tanto de todo como esa noche, pero ninguno logró sorprenderme. Algunos confesaron ser satanistas y otros simplemente delincuentes menores. Todo eso lo había visto antes. Todos nos sentíamos para el culo.
Volví a casa aturdida y de mal humor. Pasé horas mirando el techo sin poder pensar. Sarah estaba cansándome y quería hacer algo nuevo, así que llamé a Lucas porque aún estaba en la ciudad. Tenía que despedirse de mí y de otros amigos, y arregló que todos fuéramos al pool de siempre.
Casi todos eran menores de edad. Quedamos tan borrachos que no podíamos volver a casa. Fuimos a tirarnos al sillón de uno de ellos. Los demás se tiraron en la cama y otros simplemente se quedaron sentados en el suelo. Lucas mezcló una media pastilla de Rivotril y un cuarto de Clozapina en mi bebida sin decir nada. Tuvo que confesar cuando quise ponerme de pie y no lo lograba. Mis piernas parecían pesar una tonelada cada una y apenas podía caminar.
Aun así no dejé el alcohol y fumé marihuana. Terminé vomitando y maldiciendo a todos esos “pendejos”. Pero luego presté atención.

- No son nenes bobos –le dije a Lucas al oído.
- ¿Viste? Piensan –se burló de mi observación y agregó- No todos están en alguna tribu rara o compran todo lo que les venden.

No había tenido oportunidad de conocer ese tipo de adolescentes y estaba intrigada. Charlamos toda la noche y descubrí que no todo está perdido. Tal vez nos quieran hacer creer lo contrario, pero pensé que muchos saben cómo son las cosas y sentí un alivio. El tiempo iba y venía mientras me preocupaba por captarlo. Tal vez eso era todo.
Pensé en Sarah y en que pronto estaría trabajando a tiempo completo y no la vería. Nos despedimos una tarde lluviosa, después de algunas cervezas y fichas de pool. Le dije que tenía cosas que hacer y debía irme, pero que podía escribirme cuando se sintiera sola. Ambas cambiamos de una manera u otra.
Primero dudó y dijo que no sabría qué hacer sin mí. Le sonreí, dije que debía cuidarse y que así era mejor.
Recordé a las personas que ya no estaban conmigo; todos esos tigres enjaulados con los que pude compartir mis ocurrencias tanto tiempo. Esos animales salvajes con los que siempre voy a identificarme.
Ya pasadas las siete de la mañana tuve sueño y me acomodé en el sillón junto a Lucas. “Nos vamos a ver pronto”, me dijo, y fui quedándome dormida mientras sentía que me movía hacia alguna parte.
En algún punto de mi sueño volvió Alicia, poco antes de que el sol golpeara mis párpados. Sería el fin de una larga temporada, pensé, o a caso el comienzo de algo más.

Alicia no podía explicarse bien, del todo, cómo fue que empezaron a correr. Pero por más que corrieran no conseguían adelantar nada. “¿No será que todo se mueve con nosotras?”, se preguntó muy intrigada la pobre Alicia. “Aquí, como ves” –dijo la reina-, “se ha de correr a toda marcha simplemente para seguir en el mismo sitio. Y si quieres llegar a otra parte, por lo menos has de correr el doble de rápido”.

Fin.

Florencia Marino es periodista.
Su fotolog: reporterarg

Acerca de "Temporadas en el país de las maravillas"

*******
Con éste capítulo se cierra otra de las ideas que se pergeñaron en la cocina de Klamahama para mostrar otras mentes, otros lugares desde donde decir lo que nos pasa. La experiencia de publicar los textos de Dana fue magnífica por dos razones.
Una, porque su propuesta apareció cuando el blog estaba en plena ebullición, buscando definir un perfil, y por razones de las que todavía me arrepiento, casi la dejamos afuera. Pero acertadamente confié en ella y en su talento para escribir, y las pruebas están a la vista. Eso me permitió, en lo personal, calzarme el saco y evaluarme como editor, no sólo en cuestiones técnicas de la redacción, sino también analizando, intercambiando. Todos buscamos mejorar las ideas para alcanzar las metas que cada uno se propuso al entrar en el juego de trabajar gratis para un blog colectivo. (Esto vale también para los demás colaboradores de Klamahama).

Y dos, porque ella pudo poner a prueba su capacidad para sacar adelante una crónica o un relato y que se convirtieran en semillas de potenciales guiones. Y eso está en camino de suceder, gracias al apoyo de nuestro amigo Gustavo de Tele Retro (otro tipo excepcional que orbitó cerca).

Espero que alguien haya disfrutado de éstos capítulos, espero que sigan leyendo a Dana en su nuevo y sencillo pero valiente intento por seguir dando pelea y ojalá un día la veamos recibiendo un premio al mejor guión de una peli o publicando sus artículos en esa revista que ves en el kiosco todos los meses.
Gracias Dana por pasar por KH y dejarnos algo de tu talento.
Yo empiezo a tomarme unas vacaciones largas y profundas.
Todavía tengo un par de post pendientes, así que por unos días seguiré molestando.

Ariel Martínez
/ Editor

Luis, Andrés y Carlitos, by Luengo

16 diciembre 2008

Pensar en estos rockers es pensar en sus canciones y sus discos, y cómo nos pegaron, porque pegan de diferentes maneras. Los discos y canciones que me pegaron duro son las que retrato acá y para dar algo más quiero contar algunas cosas.
Hace menos de un año, por primera vez, vi a un tipo tocar Cantata de puentes amarillos en un fogón de esos en el medio de la montaña en El Bolsón.


Para rematar contó que el Flaco había compuesto un tema en el Río Azul, ahí en El Bolsón, y lo tocó (Ganges de Peluson of Milk). Podría haber tocado Seguir viviendo sin tu amor y todos contentos, pero eligió sorprendernos.


La reacción de la gente fue rara, algunos conocían la canciones, otros no, pero las disfrutamos igual y otro se fueron a la mierda. Tal vez sean esos que lo incitan a cagar en el mar, esos que se confunden la letra cuando cantan Paloma, porque nunca escucharon Honestidad Brutal desde el primer tema al último. Paloma se tiene que escuchar en ese contexto, con esa voz quebrada y con esa distorsión de viola eléctrica de la grabación original. Lo mismo pasa con El Salmón, un disco para escuchar de punta a punta, ordenado o no, pero desde el primer track hasta el 103. Entrás en un viaje de ida porque descubrís las grabaciones inéditas post-salmón, te metes en todo un universo de canciones y descubrís, por ejemplo, que Los chicos (tal vez el mejor tema de la Lengua Popular) es un tema de esa época.


A Charly los descubrí por un primo guitarrista que es fan. Por él me compré Demasiado Ego, con esa estética SNM que voló el bonete.

A propósito, hace poco descubrí a Lisandro Aristimuño, en la radio pasaban un cover que hacía de Spinetta para un disco tributo, me gusto, leí que era rionegrino, me copó más, me bajé sus discos.

Se lo pasé a mi primo (el músico fan de Charly) que me contó algo muy loco.
- Che, creo que ese Lisandro estudiaba conmigo, cuando yo iba a tercer año de guitarra al INSA, hace bocha.
- Naa, posta??
- Si, posta… es más me había hecho medio amigo.
- Que casualidad loco!
-
Sí, me acuerdo que fui un par de veces a la casa, me mostró unas grabaciones en cuatro canales, solo con voces y me prestó Piano Bar.
- Jaja... que cuelgue man.
- Jaja, si, me acuerdo que después no me animaba a devolverle el cd porque pensaba que se lo había rayado en el último tema, Total interferencia… hasta que me di cuenta que el ruido era la interferencia.


Cristian Luengo pinta y dibuja desde los 7 años y está por recibirse de diseñador gráfico en Córdoba, pero nació en General Roca, Río Negro. Es un artista amateur, aunque todos los días dibuja alguna línea. Posee influencias del expresionismo, el surrealismo, el arte pop, el color, lo gráfico e irónico del comic, el graffiti, el rock, el consumo y la cultura. Tiene blog y también web.

Temporadas en el país de las maravillas/10


Unos cuantos trips después, volví a meterme ácido debajo de la lengua y decidí escribir la experiencia tal como ocurriera. No importaba si era considerado material periodístico o un relato delirante; era divertido de contar y de leer. Era mi homenaje a Albert hoffman, quien había fallecido recientemente. También era un recreo a tantos recitales que cubrir y bandas que entrevistar. Un ángulo del oficio de reportera muy excitante.

En Compañía del Miedo: Festejo Aniversario Tras 65 Años de LSD, Homenaje a Albert Hoffman
Aún puedo ver la plancha “Hoffy” aniversario… Al principio pensás que nada va a suceder y puteás porque querías que ALGO sucediera. Cualquier cosa estaría bien, sabés. Tu acompañante dice que “tal vez otra media hora o un poco menos” para que haga efecto, y esta vez se mete una dosis más pequeña debajo de la lengua “por si no llegara a pasar nada”. Comenzás entonces a sentirte extraño…
Tus sentidos se intensifican. De repente, notas unas cuantas calaveras detrás de un árbol y tu amiga dice que es sólo un conejo muerto. Pensás que no podes estar seguro de nada y te alejás, pero mirás atrás y te das cuenta de que apenas era una gran roca blanca.
Te reís, parás, reís otra vez. Reís porque te ves riendo, pero en medio segundo olvidaste de qué te reías en primer lugar. Entonces oís pasos acercándose hacia vos y tratás de actuar sobrio. Eso sólo te hace querer desaparecer.
Estás inmóvil. Te estás muriendo de miedo. Te metés coca y perseguís a un pobre gato que está ahí, en el parque. Cosas tontas te salen de la boca como “nunca habría guerras con esto” o “el pasto es muy retro”. Te preguntás seriamente por qué todo es asunto bélico durante estos trips.
Te ves parte de una película sobre Woodstock, algo así como una versión hippy de La Familia Ingalls. Miras el parque con cierto cariño hasta que recordás haber odiado siempre esa serie de tele.
Luego, para cortar el silencio de la noche, creés necesario agregar otra frase y expresas el supremo cagazo que aquellos pasos te habían provocado: “me siento como una ardilla en peligro, es instintivo”. Casi lo escupís con pereza, queriendo tener algo nuevo que decir en mente.
Los grillos se atraen con su canto y una brisa cálida acaricia tus mejillas. Te dejás caer de espaldas para observar las estrellas, como si aquel alivio de la naturaleza te estuviera arropando. Incomparable.
Jamás te habías sentido tan pleno y único antes, pero la brisa se fue y creíste ver un platillo volador rozar Venus. Tu amiga ríe hasta advertirte que está a punto de orinarse y le das un buen puñetazo al hombro.
Justo cruzando el parque hay un bar, nada especial, sólo cinco o seis mesas pequeñas en una habitación no mucho más grande que tu departamento. Tu departamento… ¡Qué maravilloso sería teletransportarte hasta ahí! Nada parece ser imposible, pero sólo por si acaso, decidís que un café va a ser lo mejor. Seguir bebiendo cerveza no sería muy bueno.
Te causa gracia imaginarte como un estúpido en la calle, de pie, esperando cerrar los ojos y estar en casa al abrirlos. No podrías tolerar las miradas ajenas, así que iniciás conversación con un anciano que bebe su cerveza a dos mesas de distancia. Te incomodó que no te quitara la vista de encima y es por eso que querés mostrarte amable…
Tiene la corbata manchada y los pantalones le quedan cortos, sin planchar. Le pedís a tu amiga que lo haga callar y media hora más tarde estás en la cama. Ahora tu frente pesa sobre tus ojos. Ya son las seis de la mañana. Pasó mucho tiempo y llegas a pensar que podría no acabar nunca.
Un minuto más y te alcanza lo peor: relámpagos de azul eléctrico cruzan tu cabeza como un río enfurecido y vos estás en el medio. Tu amiga te había dicho que lo dejaras fluir, que no intentaras bloquearlo o podría hacerte daño. Siempre te fue difícil. Lo sabés, estás seguro de que esto es el punto máximo de tu viaje fantástico y tenés que atravesar ese último trecho.
Tu cara se ve como un tomate y sudás como un cerdo. Pesadillas, miedo, más relámpagos y te aferrás a tu cama porque necesitás mantener los ojos abiertos hasta caer dormido. Ves el infierno cada vez que cerrás los ojos, pero por primera vez realmente podés ver con los ojos cerrados. Entonces pensás que todo está en tu mente aunque no estás del todo seguro. En esos momentos de tormenta, tu única certeza es la incertidumbre.
Diez horas y tus ojos aún se ven como dos enormes bolas negras, pero a pesar de estar completamente irritado, lo peor sigue siendo ese maldito martillo que golpea en tu cabeza cada vez que vas a dormirte. Te impone imágenes aterradoras y no podes hacer más que esconderte bajo las sábanas y contener la respiración, todavía aferrándote a tu cama y a punto de volverte loco.
Doce horas completas.
Tus ojos están en su lugar y tu cuarto también. Ahora nada se mueve. Te das una ducha, comes algo y llamas a tu amiga, quien seguramente se habrá arrojado a su sillón sin dejar pasar la luz del día. Tu escena no es muy distinta, de todos modos.
- El hijo de puta vivió 102 años con esto, che –dice tu cómplice mientras mastica algo.
- Lo felicito, ¿qué querés que diga?
- Nada. Solamente que “Albertito” era un genio.
- Evidentemente… Llamáme el sábado –concluís, pero oís a tu amiga respirar inquieta.
- ¿”Rolling” el sábado? –dice.
Logran reírse de todo lo sucedido e incluso de lo exhaustivo que el viaje ha sido. Te cuenta que el taxista que la llevó a casa era un italiano que sutilmente quiso robarle, que silbó y bailó en su asiento durante todo el recorrido. “Le faltaba la puta pandereta”, decía.
No sabés si creerlo o no. No sabés si tu amiga aún lo cree. Ves Roma, Europa, un plato de pastas mientras escuchás la anécdota. Vas a colgar el teléfono y antes de despedirse ella dice: “no quise alarmarte antes, pero el tipo del bar nunca existió. Hablaste a la nada”.

Alex al fin había conseguido un empleo. Trabajaba como camarera cinco días a la semana en un bar y los sábados toda la noche en un salón de fiestas. Estaba feliz de no tener que trabajar todos los días y sacaba unos mil cien pesos al mes.
Lucas tomaba nueve pastillas diferentes. Su psiquiatra no parecía dar en el blanco y lo medicaba como para hacer algo, pero no tenía idea de qué le estaba pasando. Ni siquiera él lograba explicarlo. Había estado escuchando voces durante un tiempo, voces que lo incitaban a mandar todo al carajo y vivir borracho. Sin embargo, siempre había sido un buen chico, no hacía nada demasiado estúpido. En algunas ocasiones perdía el control y terminaba abrazado al inodoro, vomitando y maldiciendo hasta que alguien lo llevaba a casa. No parecía querer vivir de otra forma y era todo lo que podíamos hacer. Todos nosotros. Teníamos días buenos y días terribles, pero al menos siempre volvíamos a ver amanecer.

Lucas y yo solíamos conversar durante horas. También Alex participaba de las charlas, pero nosotros discutíamos sobre religión, política, sexo y ese tipo de temas que suelen surgir entre copas.
Decíamos que nada nos había sido revelado al nacer salvo el mundo, que la muerte es la única cosa segura y como todo hecho inevitable nos da cierta paz.
Opinábamos que durante el Apocalipsis los salvados serán los muertos, y eso nos daba una idea de lo triste que la vida podía ser. También decíamos que el hombre es el alienígena que cambió la Tierra y olvidó sus raíces. Planteábamos un tema tras otro y quedábamos confundidos.
Las acciones y palabras llevaron al hombre a la muerte sentenciada por otros hombres durante un gran período. Ahora teníamos la sensación de derrota, la condena de haber usado todo el poder. Los restos de oscuridad nos hallaban rendidos a lo que hacíamos y decíamos. Tal vez nunca tendríamos suficiente.
“Pienso y luego existo” pasó a ser “existo, más allá de lo que piense”, y más tarde fue algo así como “cada vez es más difícil pensar y no estoy seguro de mi maldita existencia”. Creí que a todos les importaba una mierda. Me equivoqué. La tele es sólo la tele, después de todo. Esa confusión existencial y muchas veces existencialista, era el resultado de la eterna guerra entre poderes. Un lavaje de cerebro que por fortuna no había logrado aún quebrar todas nuestras defensas.
Pero aún quería ese algo. Entendía que cada repetición de la historia es más sofocante y tormentosa como ocurre con cada verano, año tras año y década tras década. Entendía también que debíamos esperar varios años para comprender qué había ocurrido, pero no tenía ganas de hacerlo. Simplemente abrimos la boca para comernos el mundo. Al menos el que nos rodeaba.
Con los años sabría lo perdido en ese mientras tanto, y aun así sentía que sentiría necesitar algo más. Esa era nuestra palabra clave: “algo” o “algo más”. Durante todo el período de locura que había experimentado, jamás logré encontrar nada que satisficiera mi mente al cien por ciento. Sí encontré opciones, pero fui yo quien buscó tenerlas. Me sirvió saberlo y sentirme fuerte. De todos modos, no hubiese ocurrido nunca sin toda esa locura a mi alrededor. A veces simplemente hay que salir a reír y sufrir para despertar al hecho de que sí hay opciones que tomar de las orejas y hacer propias, sin importar nuestras posibilidades y siempre intentando no desistir en el camino.


[Continúa...]

Florencia Marino es periodista.
Su fotolog: reporterarg

Acerca de "Temporadas en el país de las maravillas"