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Cazuza sigue latiendo

28 julio 2010




* Escribe desde Brasil: Leonardo Parente
twitter.com/LeonardoParente


20 años sin Cazuza


En julio de 1990, más precisamente el día siete, Brasil todavía estaba consternado con la derrota que sufriera con Argentina en la Copa del Mundo en Italia, un gol de Claudio Caniggia le quitaría el sueño de una copa más. Como si no bastase ese dolor, tuvimos que soportar la muerte de nuestro poeta moderno, puto, falopero, delincuente, así como se definía Agenor de Araujo Miranda Neto, más conocido como Cazuza, o Cazú para los más íntimos.
Mi padre me dio la noticia de su muerte y sólo así tuve la certeza de que era cierta, porque desde que Cazuza asumiera públicamente que era VIH positivo, varios rumores daban por muerto al cantante, pero enseguida se desmentía la información. La década del 80 en Brasil estuvo marcada por el crecimiento descontrolado de casos de SIDA. Muchos artistas se infectaron y murieron, al igual que su primo, el actor y modelo Lauro Corona, que en aquella época estaba en la cúspide de su carrera, trabajando en una novela del canal de televisión más poderoso de Brasil, Rede Globo.




Cazuza nació el 4 de abril de 1958, en Río de Janeiro y se crió en Ipanema. La música siempre fue la razón de su vida, su casa era constantemente visitada por los cantantes más importantes. Eran amigos de sus padres, Lucinha, modista refinada y João Araújo, productor musical y entonces presidente de la discográfica Som Livre.
Cansado de frecuentar comisarías para sacar a Cazuza, que de vez en cuando caía por posesión de drogas, o tener que ir a burcarlo al hospital por ebriedad o sobredosis, su padre le consiguió un trabajo en Som Livre, como productor artístico y asesor de prensa, lo que no lo salvó de caer otras veces en cana.


Aunque respiraba música y estuvo rodeado de músicos durante toda su infancia y adolescencia, fue en un curso de teatro que descubrió su mayor tesoro, cuando presentó la obra Paracaídas del corazón y tuvo que cantar en el final de la presentación, tuvo la certeza de que quería vivir de la música.


El poeta de su generación


Antes de embarcarse en su carrera solista, Cazuza vivió la experiencia que lo consagraría como el poeta de su generación, una escuela para su música, el grupo de rock Barão Vermelho (Barón Rojo). Sabiendo que la banda -formada por Roberto Frejat, guitarrista, y actualmente cantante de la banda; , bajista, Maurício Barros, teclados y Guto Goffi, baterista-necesitaba un vocalista, el cantante Leo Jaime mando a Cazuza para hacer unas pruebas. Su voz desgarrada y “carioca”, sus espectaculares composiciones llamaron la atención de la banda, que inmediatamente aprobó su entrada.


Barão Vermelho


Parecía muy fácil para un joven talentoso, con su padre presidente de uno de los mayores sellos discográficos de Brasil, asegurarse el éxito, pero el propio João Araújo, presidente de Som Livre y padre de Cazuza se negó a lanzar a Barão Vermelho, en primer lugar porque era Cazú era su hijo, muy honesto y ético, Araujo pensó que eso sería un favor incompatible con su conducta, y segundo que él, de hecho, no creía en Cazuza como músico.
Sin embargo, esto no opacaría el brillo de Cazuza, porque al escuchar un demo de Barão Vermelho, el periodista y productor musical Ezequiel Neves, quien murió este mes a los 74 años con cáncer cerebral, en la misma fecha en que se cumplieron 20 años de la muerte de Cazuza, convenció a su padre de lanzar su primer disco. Ezequiel, también homosexual, a partir de ahí se convertiría en un amigo íntimo, un socio en la música, las drogas y el sexo.

Cazuza con Ezequiel, conocido como Zeca Jagger

Tanto el primer disco, como el segundo lanzado en 1983, no alcanzaron el gusto popular ni en las radio, lo que provocó la protesta de los artistas, liderados por Caetano Veloso, confeso admirador y algo más de Cazú. Muchas estrellas del MPB cantaron sus letras, como Gal Costa, el propio Caetano y Ney Matogrosso, uno de los grandes amores de su vida.





En 1984 Barão Vermelho comenzó su camino hacia el estrellato con el álbum Maior Abandonado, vendiendo más de 100.000 copias, un gran salto en comparación con el primero Barão Vermelho, que no vendió más de 7.000 copias, y Barão Vermelho II, que vendió 15.000 discos.
En el '85 la virilidad y la actitud musical de Cazuza y Barão Vermelho, demostrada durante el festival Rock In Rio 1, ya escondia grandes nubes negras, una de ellas, el virus que lo mató y por otro lado las constantes peleas con los integrantes de la banda. La frecuencia de los ensayos, entrevistas y el profesionalismo que el momento exigía, hizo evidentes las diferencias de ideología musical entre él y, principalmente, el guitarrista Frejat, esta queriendo hacer un sonido más pesado y rockero y Cazuza jugando con la poesía, y un MPB visceral, gritado e irónico.

La presentación de Barão Vermelho en Rock in Río 1 marcó prácticamente la despedida de Cazuza como cantante de Barão, un show considerado por muchos como lo mejor del festival, que tuvo atracciones como Queen, Iron Maiden, George Benson, Rod Stewart, AC/DC, Ozzy y Yes, para los que abrió el show.
La música de Cazuza se fusionaba con la poesía, con la literatura, amaba a la escritora y poeta brasilera Clarice Lispector y al estadounidense beat Jack Kerouac, a quien menciona en una de sus canciones y transcribió uno de sus poemas en la contraportada de un disco.




Vivir, asumir, sobrevivir


Además de poeta, maricón y falopero, Cazú también respondía al estereotipo del "sidoso", tras la confirmación de su enfermedad a mediados de 1985. Después de su primera internación, los medios de comunicación comenzaron a explorar la imagen del poeta frágil en busca de un motivo para vivir. En el inicio de la enfermedad, poco después del descubrimiento, Cazuza sufrió mucho y le costó aceptar su nueva condición, pero sorprendió al mundo al reaccionar, asumir la enfermedad, y tratar de mostrar de todas formas que es posible vivir y hacer algo importante aún estando enfermo.
El mismo año que descubrió su enfermedad lanzó su primer disco solista, Exagerado, en colaboración con sus amigos de Barão Vermelho, Frejat, que nunca dejó de ser su amigo, incluso con las peleas que terminaron con su salida de la banda y Ezequiel Neves, su amigo y "descubridor".


En 1987, con el agravamiento de su cuadro clínico, muy delgado y sin fuerzas, su familia lo trasladó a una clínica especializada en Boston, Estados Unidos. Allí comenzó a tomar el famoso y reciente cóctel de AZT, que lo mantuvieron bien hasta 1989, espacio en el que se afirmaba cada vez más en la escena de la música brasilera. Casi un año antes de su muerte, realizó una mega gira por todo el país, cuyo registro se convirtió en el disco Cazuza en vivo - El tiempo no para, vendiendo más de medio millón de copias.






Poco después del lanzamiento de esa placa, asumió públicamente por primera vez que era VIH positivo, dando vuelta las tapas de todas las revistas y periódicos del país. Hasta entonces ningún artista había tenido la valentía de exponer el hecho públicamente, debido a la falta de información y la ignorancia del público sobre el tema.



En 1989, sentado en una silla de ruedas, el poeta estaba más inspirado que nunca y sabiendo que tenía poco tiempo, pasó a componer compulsivamente y a grabar su último disco, Burguesía, que tuvo poca aceptación comercial, y fue recibido discretamente por la crítica. A finales de ese mismo año, su salud se agravó y su familia lo trasladó de nuevo a Boston, que no resolvió mucho, su vida ya estaba llegando al final. Sin esperanza, todos regresaron a Río de Janeiro en marzo de 1990. El 7 de julio, a los 32 años, Cazuza se fue.






Miles de personas asistieron al funeral y su ataúd cubierto de flores fue llevado por sus antiguos compañeros de Barão. Incluso después de muerto, Cazuza aún late: dejó más de 70 canciones inéditas, más de 20 temas para compañeros y muchas cosas escritas.
El año de su muerte, sus padres, junto con algunos de los médicos que lo cuidaron, decidieron cumplir el deseo de Cazú y fundaron la ONG Sociedade Viva a Cazuza, un centro donde los niños VIH positivos reciben cuidados especiales, medicamentos y educación, entre otras ideas. Lucinha, su madre, es su mayor entusiasta. La organización sobrevive con las donaciones y los derechos de autor del cantante que, según dice ella, son cada vez más escasos, las cuentas de la ONG viven en rojo y corren serio riesgo de que las cierren. Sin embargo, Lucinha dice que esto no se refleja en la calidad del tratamiento de los niños de la ONG.
En 2004 los cineastas Sandra Weneck y Walter Carvalho unieron esfuerzos para producir una película biográfica llamada Cazuza – El tiempo no para, basada en el libro Cazuza, sólo las madres son felices escrito por su madre Lucinha Araujo. La película fue un éxito y ganó varios premios nacionales e internacionales.

Cazu fue el tipo que abrió los ojos de la sociedad brasileña de algo que sonaba hasta ese momento como una leyenda, el SIDA. Sufrió los prejuicios que todavía sufre, porque era rico, por ser gay, porque consumía drogas, por haber sido él mismo siempre, independientemente de lo que la sociedad dictaba como patrón.
Nunca quiso ser un héroe, porque él mismo nunca los tuvo, porque como decía una de sus canciones, "mis héroes han muerto de sobredosis".


Traducción y adaptación: Ariel Martínez


* Leonardo Parente
(directo y sin translate, desde su myspace):
Jornalista e escritor barato de aventura gonzo. Mochileiro que escuta: dub, rock, HC e outros bixos. Cinemaníaco! Ativista canábico. Abuso no consumo de café e adoro comida gelada, pizza. Amo minha mulher. Mantenho algumas coisas que não posso dar conta como
o Twitter (www.twitter.com/LeonardoParente),
um Fotolog sobre H.S. Thompson (www.fotolog.com/huntersthompson)
e outro sobre Ralph Steadman (www.fotolog.com/ralphsteadman)
e ainda uma pessol (www.fotolog.com/olhosnervosos).

Grunge

23 marzo 2010


Michael Lavine se llama asi mismo "fotógrafo de rock & roll". Nació en California en 1963 y desarrolló -según sus propias palabras- un "salvaje, frontal y muy fuerte estilo que parecía encajar perfectamente en la escena musical alternativa".
Bandas como Nirvana, Sonic Youth, Soundgarden, Pavement y Dinosaur Jr. -entre las cuales tenía grandes amigos- confiaron a Lavine las tapas de sus discos. Su primer libro se llamó Noise from the Underground y en noviembre de 2009 publicó Grunge, sacando a la luz una exquisita colección de imágenes de músicos y personas comunes que representan la escena punk hacia el final de los años 80 y principio de los '90, y la explosión del grunge en Seattle.

Sonic Youth, 1988
El libro se complementa con un texto escrito por Thurston Moore de Sonic Youth con el que aporta su mirada sobre los jóvenes de Seattle, las bandas seminales que definieron al grunge, la explotación comercial del movimiento cultural surgido de aquella región, y la reacción de los músicos. También habla de la muerte de su amigo y colaborador Kurt Cobain.


Sobre las fotos de Cobain y Courtny Love que aparecen en el libro, Lavine comenta: "Escogí deliberadamente fotos de Kurt mirando positivo, porque no siempre estaba triste, a pesar de lo que la gente supone. Tenía un gran sentido del humor y se rió mucho. Creo que esta fue la única sesión de fotos conjunta que ellos hicieron, me encantan estas fotos, son tan íntimas. Diría que estaban enamorados."


Actualmente Michael Lavine trabaja para medios como Vogue, Esquire y Town and Country entre otros.

El blog de Lavine: My Aim is True

Escupitajos, cerveza y alfileres

22 marzo 2010

Por Maximiliano Tomas

El libro Por favor, mátame, de Legs McNeil y Gillian McCain, no sólo logró convertirse en algo así como la “biblia” del punk. También impuso un método: el de recoger testimonios en primera persona e ir ensamblándolos, por tema o cronológicamente, para que la historia vaya armándose por sí misma en la mente del lector. El método tenía varias ventajas (rescatar la memoria de los protagonistas antes de que murieran, ofrecer una impronta de verosimilitud a sus palabras, y el vértigo irrefrenable de un sistema narrativo oral manejado a la perfección) y, además, McNeil y McCain habían logrado algo casi imposible: que por esas páginas desfilaran todos, o casi todos (Andy Warhol, Lou Reed, Iggy Pop, Jim Morrison, Nico, Richard Hell y los futuros integrantes de Los Ramones, Los Clash y demás bandas punk).

Rotten. No irish, no blacks, no dogs, la autobiografía de John Lydon (aka Johnny Rotten), el cantante de los Sex Pistols y más tarde líder de PIL, abreva de la misma fuente metodológica que Por favor, mátame: largas entrevistas editadas para ofrecer la imagen de un todo. Pero se diferencia, a su vez, en el enfoque y en su finalidad: si McNeil y McCain se centraban en la escena neoyorquina, es decir, en el surgimiento y desarrollo del protopunk, el punk y el postpunk en clubes de Manhattan como el CBGB’S, el Max’s Kansas City y sus alrededores, Rotten… tiene su epicentro en Londres, Inglaterra: la ciudad desde la que el punk se proyectó al mundo y exportó una actitud de desafío y repudio a las instituciones y una estética (alfileres de gancho, ropas en jirones o de plástico y vinil, esvásticas, símbolos anárquicos, crestas de todos los colores, borceguíes), todo en apenas dos años que conmovieron al mundo.

La música rock nunca volvería a ser la misma luego de que Rotten, Steve Jones, Paul Cook y Sid Vicious editaran en 1977 el primer y único disco de la banda, Never Mind the Bollocks, con canciones irónicas y revulsivas como “Anarchy in the UK”, “God Save the Queen” o “Pretty Vacant”, que conservan, aún hoy, toda su carga de desafío y negatividad.

Se ha escrito mucho sobre los Sex Pistols, pero la mayoría ha sido sensacionalismo o periodismo pseudopsicológico. El resto ha sido puro rencor. Este libro es lo más cerca que puede haber de la verdad, ya que recuerda los acontecimientos desde dentro (…). No tengo tiempo para mentir ni para fantasear y tampoco quiero desperdiciar el vuestro. Y si no lo disfrutas, que te pudras”. Esa es la declaración de principios de Rotten en el acápite del libro. Como siempre con él, se trata de una invitación al sincericidio y lo inesperado: tómalo o déjalo. ¿Cómo dejarlo?

El primer capítulo empieza por el final de la historia: el 15 de enero de 1978, último recital de los Sex Pistols, en San Francisco, Estados Unidos. Y cerrará en el mismo lugar, 370 páginas después. En el medio, nos enteramos de que Rotten estudió en colegios católicos ingleses hasta que lo echaron por su corte de pelo, y que tuvo una vida familiar humilde pero llena de comprensión y afecto por parte de sus padres y hermanos. Más tarde lo echarían de su casa, por teñirse el pelo de verde, pero incluso hasta ese gesto es agradecido por el Rotten adulto del libro, ya que piensa que su padre lo estaba invitando a tomar su propia vida en sus manos.

Después vendrá la escena de una Londres empobrecida y sucia a mediados de los 70, y cómo eso funcionó como caldo de cultivo para toda una generación de jóvenes aburridos que buscaban una manera de sobrevivir y pasar el tiempo. El contacto con Malcolm McLaren y Vivienne Westwood, la primera audición para la banda (que estaba buscando cantante), las peleas internas, el alejamiento del primer bajista, Glen Matlock, y la inclusión en su lugar, por parte de Rotten, de su amigo Sid Vicious. Todo atravesado por la aversión de Rotten hacia las ideas preconcebidas, la homogeneidad, por lo que no sea la más pura individualidad: “Lo que me enfurecía de los Pistols era la progresiva homogeneización del uniforme punk (…) Pero la idea no era seguir una dirección sino marcarla (…) Siempre he odiado el concepto de uniforme. Si te interesa algún tipo de movimiento tienes que rechazar esas cosas, porque de lo contrario te estancas y se convierte en algo estéril”.

Rotten se reconoce aquí como un miembro de la clase obrera inglesa; un antiintelectual con inquietudes musicales (“Nunca había sentido interés por ser músico. Sigo sin sentirlo y me alegro por ello. Me considero un estructuralista del ruido”) y algunas lecturas; un tipo con una postura clara en contra de las drogas duras (“No tenía más que fijarme en los yonquis. Los miras y piensas: ¿dónde está la diversión, el placer, el sentido?”); un constructivista (“No creo que hubiera nada nihilista en los Pistols. Lo nuestro no era un camino de autodestrucción. Más bien al contrario. Era constructivo porque ofrecíamos una alternativa, no era anarquía porque sí”); un militante del caos (“Mi filosofía era el caos, sin lugar a dudas, la ausencia de normas”).

No es sólo la voz de Rotten la que aparece aquí, sino la de sus amigos, familiares, integrantes de la escena londinense y la de los Pistols que siguen vivos. Este libro, entonces, junto a Por favor, mátame y al documental The filth and the fury (2000) de Julien Temple, como las piezas fundamentales para componer un relato, el de la música punk, que a más de treinta años de su germen se muestra como mucho más interesante y compleja de lo que suele creerse.

De tomashotel

Frank Zappa: un rockero del Renacimiento

27 noviembre 2008


Escribe: Fernando Chiappussi

A fines de los ‘60, en los albores del rock rioplatense, el término zapar era usado en la jerga de los músicos como sinónimo de improvisación grupal. Esta insólita traducción-homenaje del inglés jam venía, ni más ni menos, del nombre de un músico norteamericano entonces conocido por sus extensos y brillantes solos de guitarra. Pero esa era sólo una faceta de Frank Zappa, probablemente el rockero más prolífico de su generación.
Desde 1966 y hasta su muerte el 4 de diciembre de 1993, a los 52 años de edad, Zappa editó unos 60 álbumes con registros de rock, jazz, fusión, música orquestal y avant-garde, en su casi totalidad integrados por composiciones propias. En realidad, la mayor parte del tiempo Zappa tocaba todos esos estilos a la vez, y a menudo en una misma canción. Esto, sumado a la cantidad de discos que grabó -muchos de ellos dobles o triples en su versión vinilo- le dio un aura de músico excéntrico e imprevisible.
Además de grabar y de dar miles de conciertos con diversas formaciones, a lo largo de su vida Zappa produjo y dirigió varias películas; armó una cadena propia de distribución de su música; defendió a compositores e intérpretes de la censura; y se burló sin piedad de todo lo que tuvo delante, en sus discos, en cientos de entrevistas y también en un libro autobiográfico. Fiel a su estilo, lo hizo sin perder el humor ni la audacia, así su blanco fueran los hippies, el modo de vida norteamericano, una empresa poderosa o el propio gobierno de los Estados Unidos.
El legado de Zappa es desmesurado y sólo el paso del tiempo ayuda a evaluarlo en toda su dimensión. Su voluntad iconoclasta y su gusto por la parodia han ocultado, por ejemplo, al compositor “serio” cuyas obras de vanguardia fueron interpretadas por prestigiosas orquestas y grupos de cámara.
Esta intención de abarcarlo todo terminó dándole un aura renacentista difícil de encontrar en otros intérpretes de música popular. Quizás aquí resida el error: antes que rockero, Zappa fue un intelectual y quiso ser recordado como tal. Su página oficial en Internet lo describe como “compositor norteamericano”, título que también reclamara para sí su ídolo Edgar Varese.


CIENTÍFICO LOCO. Cuando su madre le preguntó qué regalo quería para su decimoquinto cumpleaños, Frank Vincent Zappa contestó: “una llamada telefónica de larga distancia”.
Corría 1955, Elvis todavía no había grabado “Heartbreak Hotel” y la familia Zappa vivía en Lancaster, un poblado desértico cercano a Los Angeles, California, cuyos habitantes trabajaban en instalaciones militares.
El adolescente Frank era “raro” y poco popular en el colegio, escuchaba discos de rhythm & blues y quería tocar la batería. Leyendo una revista descubrió que existía un disco grabado únicamente con instrumentos de percusión, y que sonaba, según decían, como “la peor música del mundo”. Se trataba del LP Obras completas de Edgar Varese, Volumen I, que Frank consiguió después de hurgar en una buena cantidad de disquerías. Varese (1883-1965) era un compositor de vanguardia relacionado con la llamada segunda escuela de Viena (Webern, Schönberg), conocida por sus exploraciones tímbricas y su alejamiento de las armonías tradicionales. El disco que había comprado Zappa incluía “Ionización”, una composición para 13 percusionistas que manejaban 37 instrumentos, y que se convirtió en su disco de cabecera.
Con el aporte de 5 dólares de su madre, el quinceañero llamó a la casa de Varese en Nueva York, cuyo número había encontrado en la guía telefónica. Esa primera vez habló con su mujer; varios llamados después -y ahorro mediante-, el emocionado adolescente pudo conversar con el compositor. “Tenía pinta de científico loco, como decían de mí en el secundario” recordó años después.
Con la música de Varese llegaron Stockhausen, Stravinski y otros compositores contemporáneos. Antes de fundar su primera banda de rock, el joven Zappa ya estaba familiarizado con el dodecafonismo, la electrónica y la música concreta.

MADRES DEL INVENTO. A poco de terminar la secundaria, Zappa tocaba la batería en una banda local de rhythm & blues que mezclaba músicos negros y blancos; tenía un primitivo estudio de grabación donde practicaba sus primeros collages sonoros; y escribía algunas piezas de cámara, mayormente influidas por Varese. De esa época se conservan algunas grabaciones con instrumentos no convencionales -en 1963 Zappa apareció en un show televisivo “tocando” una bicicleta- y el recuerdo de pequeños conciertos que mezclaban música, efectos y proyección de imágenes.
El músico popular y el culto se reconciliaron cuando Zappa encontró una banda que parecía a su medida: The Soul Giants, un grupo de covers de r&b originario de Pomona, otro suburbio angelino. A poco de ingresar como guitarrista, convenció a los otros miembros de dejar los covers y pasó a ser el principal compositor del grupo, ahora llamado The Mothers. En ese momento se gestaba una nueva escena musical en la Costa Oeste, basada en la recuperación del blues a la manera de las exitosas bandas británicas (el llamado blues blanco) y la electrificación del folk de Bob Dylan, todo esto teñido con una actitud de creciente rebelión contra lo establecido. La movida, que tenía su epicentro en San Francisco y sus protagonistas en bandas como los Grateful Dead, Jefferson Airplane y Big Brother and the Holding Company, sería imitada a su vez por los jóvenes ingleses y desembocaría en el estallido del flower power y el movimiento hippie.
Los Mothers, que tocaban en Los Angeles, fueron asociados al fenómeno y utilizaron ese cartel para conseguir trabajo, si bien Zappa veía con distancia lo que ocurría en San Francisco. Bastante más feos que otros ídolos hippies, se dejaban sin embargo el pelo largo, vestían estrafalariamente y tendían a vivir en pequeñas comunidades, alejados de todo lo que representara el “sistema”. En Los Angeles, los principales clubes nocturnos olieron el cambio y comenzaron a contratar a las nuevas bandas; así los Mothers llegaron a tocar para la farándula en el Whisky a Go Go. Allí Frank conocería a Gail, su esposa de por vida.
El sello MGM había inaugurado una división rockera y necesitaba con urgencia fichar a un grupo de blues blanco; así fue como los Mothers terminaron grabando su primer álbum, Freak out!, previo pago de un adelanto de diez dólares porque los músicos -virtuales homeless- estaban hambrientos. La compañía tenía miedo de que el nombre de la banda fuera asociado al insulto motherfucker, así que se rebautizaron The Mothers of Invention. Freak out! fue editado en febrero de 1966 y fue el primer álbum doble de la historia del rock (tres meses antes del Blonde on Blonde dylaniano); también se adelantó en eliminar los silencios entre canciones, y en incorporar una orquesta en la grabación (Paul McCartney admitiría luego la influencia de Zappa y Brian Wilson en la grabación del álbum Sgt. Pepper’s, editado un año más tarde). En Freak out! había rock and roll, parodias de los ingenuos grupos a capella de la década anterior, breves sketches de diálogo y efectos sonoros, y una suerte de homenaje a “Ionización” intitulado “Return of the son of monster magnet”, que duraba 12 minutos. El bizarro cóctel estaba destinado a llamar la atención, y pronto los Mothers se posicionaron como uno de los referentes de la movida, si bien en California eran vistos más bien como un grupo cómico a la manera de los Fugs, con quienes compartieron cartel en una extensa temporada de actuaciones en el Garrick Theater neoyorquino. Allí los músicos tocaban los temas conocidos y otros nuevos que surgían con la velocidad de un géiser; Zappa agregó sketches semiimprovisados que ayudaron a cimentar la fama de la banda en la Costa Este.
El costado teatral del show fue estimulado por un incidente legendario: una noche, Zappa invitó a dos marines al escenario y les entregó unos muñecos de tamaño natural. “Aquí tienen unos pequeños vietnamitas” les dijo. ‘Hagan con ellos lo que hacen allá en Vietnam”. Mientras la banda tocaba con furia, los soldados se dedicaron a destrozar los muñecos y tirar los pedazos al público, dividido entre aplausos y silbidos. Desde entonces, un alambre cruzaba la sala para que los técnicos hicieran llegar al escenario toda clase de objetos durante los shows: uno de los más memorables fue una jirafa que, convenientemente estimulada, eyaculaba leche sobre las primeras filas. El humor de los Mothers combinaba parodia y sarcasmo con un saludable uso del absurdo y cierto costado infantil y payasesco, apreciable tanto en la música en sí -repleta de ruidos “tontos”- como en su presentación en vivo, y también en las tapas de los álbumes. Además las canciones de los Mothers contaban historias sexuales sin tapujos, superando en audacia a cualquier otra banda de la época. Como el movimiento dadá sesenta años antes, Zappa utilizó el humor para desmitificar la vanidad artística propia y ajena, descargándose sin piedad sobre las pretenciosas bandas de San Francisco en el tercer disco de los Mothers, We’re only in it for the money (“sólo lo hacemos por el dinero”). La tapa del disco parodiaba la de Sgt. Pepper’s y las letras se burlaban del nuevo rock psicodélico: “pasé por la peluquería, bailé en el Fillmore, estoy completamente colocado, soy hippie y estoy volado, me hice gitano, me quedaré una semana, pescaré ladillas y tomaré el autobús de regreso a casa” cantaban los Mothers en “Who needs the Peace Corps?”. Dos meses después, Zappa homenajeó a los grupos a capella de su adolescencia en Cruisin’ with Ruben and The Jets (1968).
EXPLORACIONES. En 1969 Zappa desarmó la banda original, y si bien algunos álbumes posteriores llevan la etiqueta Mothers, desde entonces sería en la práctica un solista rodeado de una pléyade -siempre cambiante- de músicos jóvenes y virtuosos. Zappa ya era un animal de los escenarios y había perfeccionado su sistema básico de trabajo: tocar en vivo los temas nuevos, grabar todas sus giras y utilizar parte de ese material como base de sus discos de estudio, perfeccionándolo con sobregrabaciones. De esta manera podía editar entre dos y tres álbumes al año, entre temas nuevos y registros de concierto.
La piedra basal de este viraje, que incluyó mayor música instrumental y espacio para la improvisación, fue el disco Hot rats, editado a fines del ‘69. Allí y con un grupo pequeño, Zappa comenzó a aproximarse al jazz y en particular al free (llegaría a escribir un tema en homenaje al saxofonista Eric Dolphy), además de acusar la influencia de los vuelos guitarreros de su amigo Jimi Hendrix.
Zappa era un guitarrista como ningún otro. Sus solos no son, como los de tantos músicos de la época, un camino al éxtasis alcanzado en las notas más altas del instrumento; las notas fluyen en distintas direcciones tanto en altura como en velocidad, a veces contra el ritmo o simplemente ignorándolo, y logrando la misma tensión en las notas bajas que en las más agudas. Zappa pone nervio en su interpretación, y esto es percibido por el oyente más allá de su particular sentido melódico, que a menudo descarta las armonías tradicionales. En sus últimos años Zappa llegó a editar discos compuestos únicamente de solos capturados en vivo, como el triple Shut up ‘n play yer guitar (1981).

SOLO A LAS PIÑAS. En 1967, durante su estancia neoyorquina, Zappa había grabado su primer disco solista, llamado Lumpy gravy y en el que participan tanto los Mothers como otros músicos, conducidos a la manera de una bizarra orquesta sinfónica. Una serie de melodías instrumentales -algunas pasadas a velocidad más alta de lo normal- son intercaladas con el diálogo de un grupo de personas que, según parece, están encerradas dentro de un gran piano, cuyo pedal de sustain ha sido presionado para captar las armonías que las voces despiertan en la caja del instrumento.
El álbum fue tomado como un exceso más del rock lisérgico y pasó desapercibido; en realidad, era el primero de una serie de trabajos de música contemporánea, más cercanos a John Cage o Stockhausen que a las parodias de los Mothers.

Un segundo capítulo de esta saga fue la película 200 Motels (1971), basada en la vida de un grupo de rock en gira permanente. Para la bizarra banda sonora, se agregó a los Mothers la Royal Philarmonic Orchestra londinense (un año antes, el material había sido representado con la Filarmónica de Los Angeles, dirigida por Zubin Mehta). Aquí también había complejos pasajes instrumentales, diálogos y humor.
Estas experiencias convencieron a Zappa de que los músicos de rock, después de todo, mostraban más entusiasmo ante sus partituras que los integrantes de orquestas de renombre, ganados por la burocracia y el prejuicio contra todo lo proveniente del campo popular. En la década siguiente reforzaría a los Mothers con jóvenes de formación académica, para intentar reproducir algunas de estas piezas en un contexto jazz-rockero: el resultado puede oírse en discos como The Grand Wazoo, Studio Tan y Orchestral Favorites.
En enero de 1983 hubo un nuevo intento con la London Symphonic Orchestra, dirigida por Kent Nagano, y un año más tarde el prestigioso compositor y director Pierre Boulez le encargó a Zappa una pieza original para un concierto dedicado a su obra, a cargo de su Ensamble Intercontemporáneo (los registros de estos conciertos fueron publicados en disco).
Zappa sostenía estos emprendimientos con la edición simultánea de álbumes de rock, que después de Joe’s Garage (1979) pusieron el acento en lo satírico por sobre lo experimental. Ahora el blanco era el gobierno norteamericano de Reagan y sus patrocinadores, entre ellos los predicadores evangelistas que compran espacios en televisión.
En 1984 se conocieron los que serían sus últimos discos de rock grabados en estudio: Them or us, con la participación en guitarra de su hijo Dweezil, y un triple conceptual llamado Thing Fish, donde la ciencia ficción era el vehículo para las teorías paranoicas de Zappa: en este caso, la posibilidad de que el virus del SIDA hubiera sido fabricado por el gobierno reaganiano (Zappa gustaba de las novelas de ciencia ficción de Cordwainer Smith, un ex agente de la CIA).
Pero su principal éxito en esos años fue una campaña contra el Centro de Investigación Musical para Padres (PMRC, su sigla en inglés), una institución fundada por esposas de legisladores y funcionarios para imponer el etiquetado de los discos de rock considerados “peligrosos” para los niños. Zappa defendió los derechos de los músicos en los medios y protagonizó una memorable ponencia en el Senado norteamericano.
Finalmente, en 1988 armó una nueva gira mundial -la primera en cuatro años- para expresar su descontento por los candidatos que se presentarían para relevar a Reagan. El tour debió ser cancelado al regreso de Europa por problemas entre los músicos, y Zappa absorbió las pérdidas. Desde entonces, no volvió a tocar la guitarra en vivo y sus discos de rock se basarían en material grabado previamente. Hasta desaparecieron los callos de sus dedos.
Zappa ya estaba abocado por completo a la música orquestal. Había descubierto una alternativa a las bandas de cualquier tipo: el Synclavier.

LA ORQUESTA IMPOSIBLE. Desarrollado en los años ‘70 por una empresa de electrónica llamada New England Digital (NED), el Sistema Synclavier comenzó como un sintetizador digital de sonidos, que permitía grabar secuencias con sonido profesional y alta calidad de reproducción. Había sido pensado para músicos, pero el desarrollo de su sistema operativo -que incluyó en los ‘80 la adición de un monitor- interesó también a la industria cinematográfica, que lo usó para trabajos de posproducción. Permitía imprimir la notación musical programada y grabarla en un disco rígido propio con calidad digital. A mediados de los ‘80 lo utilizaban músicos como Laurie Anderson, Stevie Wonder y el Pat Metheny Group.
Zappa comenzó a emplearlo hacia 1984, primero con la paleta de sonidos incorporada por el fabricante (así suena en Francesco Zappa y algunos temas de Thing Fish), y luego aprovechando las infinitas posibilidades del sampleo. Zappa se dedicó no sólo a grabar escalas cromáticas completas de instrumentos tradicionales, que podrían dispararse formando melodías a la manera de un grupo u orquesta, sino también a registrar todo tipo de sonidos naturales y mecánicos de la vida cotidiana, que serían incorporados como instrumentos no tradicionales. Algunos de ellos fueron utilizados tal cual, otros deformados mediante las posibilidades digitales, y una inmensa mayoría reposa aún en los bancos de memoria sin ser estrenados.
Una de las primeras piezas de Synclavier con samples fue “Porn wars”, la sátira al PMRC incluida en el disco Frank Zappa meets the Mothers of Prevention (1985) y que hace uso de las voces de senadores y funcionarios. A partir de entonces, el músico se dedicó por entero al Synclavier, empeñado en la creación de una orquesta capaz de reproducir la música que tenía en su cabeza. La meta: crear piezas a partir de la programación de secuencias imposibles de ejecutar por un ser humano, particularmente en lo que hace a patrones rítmicos, unísonos y el llamado morphing (capacidad de convertir un sonido en otro durante su emisión).
Los logros en este campo son sólo parciales, ya que la programación del Synclavier tomaba un tiempo considerable y pronto el instrumento fue superado por las posibilidades del nuevo software para PC que emulaba sus posibilidades (el programa ProTools, por ejemplo), así como por los sintetizadores MIDI, también compatibles con las mucho más baratas computadoras personales. NED cerró sus puertas en 1992 y hoy el Synclavier es una pieza de museo.
Sobre el fin de su vida, no obstante, Zappa pudo concretar algunos trabajos de ambición considerable. Además de su orquesta electrónica contó con la ayuda del Ensemble Modern, un grupo de cámara europeo que lo incluyó en un ciclo de conciertos dedicado a compositores contemporáneos (los otros homenajeados fueron Cage, Stockhausen y el ruso Alexander Knaifel). Tuvo lugar en Frankfurt en noviembre de 1992 y el propio Zappa fue el conductor del programa, que incluyó versiones de temas conocidos y algunas piezas compuestas para la ocasión. Un particular sistema de sonido envolvente y hexafónico (seis canales dispuestos alrededor del público) fue diseñado para la ocasión. Fue su última aparición pública.
Zappa estaba jugando con la idea de una candidatura presidencial -su campaña tendría como eje los talk shows televisivos- cuando le diagnosticaron cáncer de próstata. El tiempo que le quedaba lo dedicó por entero a la composición, así como a poner sus papeles en orden. Desde 1985 todos sus discos se produjeron y distribuyeron de manera independiente, incluyendo su viejo catálogo, cuyos masters había comprado a las casas discográficas originales. Ahora, su esposa e hijos se encargan de ordenar un inmenso archivo de grabaciones para una serie de ediciones póstumas.
El Ensemble Modern también participó del último proyecto completado por Zappa: una obra conceptual titulada Civilization Phase III y que es básicamente una remake corregida y ampliada de Lumpy Gravy, utilizando algunas de las voces originales y otras nuevas, así como música interpretada en el Synclavier y por el Ensemble. Para los (pocos) fans de esta vertiente zappiana, es su trabajo más acabado; a los demás, el cúmulo de disonancias les sonará como la banda sonora de una película de suspenso desconocida.
El músico murió rodeado de su familia el 4 de diciembre de 1993. Su obra lo sobrevive, por su valor intrínseco y por la influencia que Zappa tuvo desde los ‘60 en la cultura norteamericana y también más allá. Una huella no discernible a primera vista, pero presente en una gran variedad de expresiones: desde la psicodelia brasileña de Os Mutantes hasta el jazz neurótico de John Zorn, de la continuidad conceptual de Parliament/Funkadelic al anarquismo despiadado de los Dead Kennedys, de los experimentos del Tom Waits de los últimos años a la actitud desmitificadora del italiano Luca Prodan y su banda argentina, Sumo. Hasta el humor inteligente de Michael Moore tiene, probablemente, alguna deuda con Zappa. Que expresiones tan divergentes de la música y el pensamiento tengan algo en común habla de la desmesura de su producción, difícil de digerir en su totalidad, y en parte aún pendiente de legitimación.
Claro que Zappa siempre se burló de lo “artístico”, sintiéndose más cómodo con la idea norteamericana de entertainment. Una anécdota del final de su vida lo pinta de cuerpo entero. Cuando fue invitado a participar de un álbum tributo a John Cage, Zappa eligió hacer una versión de “4’33””, la famosa pieza para piano en donde lo único que suena es el ambiente de la sala de concierto. La cinta enviada por Zappa y reproducida en A chance operation: The John Cage Tribute (1993) consiste en cuatro minutos y 33 segundos de silencio absoluto.



Este perfil fue publicado en El País Cultural, Montevideo, Uruguay, el 6 de febrero de 2004

Fernando Chiappussi es periodista y en los años '90 escribió sobre cultura y espectáculos en La Nación, Página/12, las revistas Film, El Musiquero y Lea, entre otros medios. Actualmente es colaborador del suplemento cultural del diario El País de Montevideo, Uruguay. Desde 2005 trabaja como programador del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI).

* * *

Del Editor: Conozco a Fernando desde hace más de 15 años, en una época en la que valía más una buena foto de Axl que una grabación inédita de Zepellin. Así estaban las cosas. La redacción de cierta revista ¿joven? nos malpagaba por escribir acerca de la figura de turno, y si se vendían más posters mejor. Así que voy a derrochar elogios sobre su trabajo y a decir que de alguna manera es como una pequeña revancha ver publicado este tremendo perfil de Frank Zappa.
La calidad periodística de sus textos es impecable, ya sea hablando de rock, de cine o de literatura, por lo que tenerlo como invitado nos pone orgullosos.
Desde el piso 93 de Klamahama le agradecemos por acceder generosamente a republicar sus notas y le damos la bienvenido al barco.

/ Ariel Martínez

El brujo rockero de Bahía

24 noviembre 2008

En contra de la corriente, Raul Seixas quiso rockear cuando todo Brasil adoraba el tropicalismo. Fue rechazado artística y socialmente, traicionado por su mejor amigo, Paulo Coelho, golpeado por la policía y tildado erroneamente de satanista. Terminó sus días enfermo, después de que el alcohol hiciera su trabajo. Más de sesenta discos y el fervor de sus fans lo mantienen vivo.

Escribe: Leonardo Parente

Cierta vez Raul Seixas estaba en Estados Unidos, alojado en un hotel en Nueva York. Después de enviar algunas cartas a John Lennon sobre una tal “Sociedad Alternativa”, el Beatle lo recibió en su departamento muy educadamente y Raul terminó parando durante tres días con John, hospedado en su departamento, en una época en que estaba separado de Yoko Ono.
Según Raul, fue una maratón de días de intercambio, entre porros y whikies las ideas iban surgiendo: “Hablamos sobre personalidades importantes, como por ejemplo Jesucristo”, dice Raul. En medio de la charla, John le pregunta a Raúl cuál era la cara musical de Brasil, qué tenía Brasil. Raul nervioso y sin reirse dice: “Café Filho”, ex-presidente de Brasil, y ellos rieron mucho.
Algún tiempo después volvieron a encontrarse en Nueva York, esa vez en un hotel donde John ya estaba com Yoko Ono. Sabiendo de la presencia de Raúl en una habitación algunos pisos abajo, John le pidió a su productor que fuese hasta su habitación y le convidara un trago. Raúl muy naturalmente repondió: “Yo ya te visité, vení ahora vos a mi diván”. John y Yoko muy humildemente tomaron el ascensor y fueron a visitar a Raúl, y así conversaron durante toda la noche. Juro que daría cualquier cosa por saber lo que hablaron.
En una época en Brasil en que la que dominaba la música popular brasilera y las marchitas de carnaval, Raul tuvo su primer contacto con el rock cuando su familia se mudó a una casa cercana al consulado americano. Raulzito, como le decían, hizo amistad con los hijos de los funcionarios del consulado que eran norteamericanos, y ellos entonces le presentaron a Elvis Presley, Chuck Berry, entre otros que estaban en pleno éxito en tierras americanas. Encantado el escuchaba los discos exaustivamente al punto de arruinar los surcos del vinilo.
Después de eso, Raul Seixas se convirtió en un bicho raro en el barrio, andava de jopo, pantalones acampanados, brillantina y su guitarra. El rock ya había tomado sus venas y él no conseguía pensar en más nada. Las madres del barrio no querían que sus hijos se juntaran con Raul Seixas, quien a los ojos de todos había hecho un pacto con el diablo. Entre los niños que tenían prohibido andar con Raul Seixas, uno de ellos era mi padre, que en aquella época era vecino de Raul, aunque eso parecía imposible. A mediados de la década del 60, Raulzito fundó “The Phanters” junto con su hermano más chico y otros individuos seducidos por el rock. La cuestión era que mi abuelo, más conocido como “Bigote”, tenía un Ford Rural Williams modelo 66 que había adaptado como auto publicitario, donde difundía espectáculos, hacía campañas políticas, entre otras actividades, y Raulzito, en aquella época sin recursos financieros, fue hasta la casa de mi abuelo a pedir que él difundiera los shows de The Phanters gratuitamente en su propaladora. Según mi padre, a mi abuelo no le gustaba la idea de trabajar gratis para una “banda de faloperos”, como decían todos de Raúl y su grupo. Pero Raul era carismático y venía con todos aquellos discos de vinilo, pidiendo al viejo: “Señor Bigote, le juro que ésta es la última vez!” . Y para liberarse hacía una excepción, y esa última vez nunca llegaba, con cada nuevo show Raul golpeaba las manos en la casa de mi padre.
A pesar de ser adorado en Brasil, Raul no tenía proyección en otros países, aún habiendo publicado algunas canciones en español y en inglés. Entre discos oficiales de su carrera, colecciones y discos póstumos, Raul Seixas tiene casi 60 obras, además de decenas de canciones y proyectos nunca editados.
En la década del 70, junto con el escritor Paulo Coelho, su mejor amigo hasta ese momento, antes de traiciones y discusioness, intentaron fundar una secta basada en el ocultismo de Aleister Crowley, la llamada “Sociedad Alternativa”, secta loca que ni ellos mismos sabían definir de que se trataba, donde leyes de satanismo, prácticas tántricas orientales y esoterismo se mixturaban en un caldero que dejaba a todos confundidos. La “Sociedad Alternativa” tenía un manifiesto con siete ítems que daban forma a la idea:

1 – El espacio es libre. Todos tienen derecho de ocupar su espacio.
2 – El tiempo es libre. Todos tienen que vivir su tiempo. Todos tienen derecho a vivir
en su tiempo, y cumplir sus promesas y esperanzas.
3 – La cosecha es libre.Todos tienen derecho a recoger y alimentarse del trigo de la creación.
4 - La semilla es libre. Todos tienen derecho a sembrar sus ideas sin ningún tipo de coerción de inteligencia o estupideces.
5 – No existe más la clase de los artistas. Todos somos capaces de plantar y de cosechar. Todos vamos a demostrarle al mundo nuestra capacidad de creación.
6 – “Todos nosotros” somos escritores, amas de casa, jefes y empleados, clandestinos y caretas, sabios y locos.
7 – El gran milagro no será más ser capaz de caminar sobre el agua. El gran milagro será el hecho de que todo el día, desde la mañana hasta la noche, podremos caminar sobre la Tierra.
Por esa y otras razones, Raul Seixas, así como Tom Zé y otros quedaron afuera del grupo de los queridos de la música brasilera como Caetano Veloso, Elis Regina y Gilberto Gil. Caetano en especial pensaba que la música de Raul Seixas estaba afuera de los contextos de la música nacional, ya que utilizaba guitarras americanas y así como un día le dieron la espalda a Tom Ze, lo mismo hicieron con Raul, quien en respuesta no demostraba ningún tipo de sentimiento por Caetano a no ser hostilidad.
Aún con el boicots de algunos artistas, grabadoras y programas de televisión, Raulzito dejó su marca en el corazón de los rockeros brasileros. Es muy raro que alguna banda o cantante no cite a Raul Seixas como influencia directa en su vida, porque entre un show y otro, dónde normalmente él estaba borracho ¿cuándo no?, sus palabras e ideologías anarquistas invadían las mentes y corazones ajenos.

El primer sueldo de mi vida fue utilizado para comprar quince discos juntos, esos discos que formaron y aún forman mi cabeza, más que cualquier otro sonido, porque Raul es la contemporaneidad misma.
Una mañana de lunes, el 21 de agosto de 1989, una empleada doméstica de Raul, Dalva Borges llegó a su departamento en el centro de San Pablo y lo encontró muerto en su cama, víctima de un paro cardíaco, fruto de una pancreatitis consecuencia de su alcoholismo.
La muerte de Raul jamás frenó su éxito. Religiosamente, todos los años, en las fechas de su nacimiento y su muerte, se hacen manifestaciones en todo el país, en especial en la ciudad de Salvador, su tierra natal, donde fue enterrado en el cementerio Jardín da Saudade. Los fans se juntan, beben vino y cantan durante todo el día las canciones del inmortal.
A pesar de la gran importancia del músico, no se había hecho en el país ningún trabajo cinematográfico relevante. En 2004 el joven productor Dênis Feijão tuvo la feliz idea de llevar a cabo el proyecto, buscó apoyo y negoció por casi dos años con los herederos los derechos para rodar un documental sobre la vida del cantante.
En 2007, cuando yo trabajaba en la oficina de prensa de una gran empresa de gas brasilera, recibí este proyecto en mano. Era un pedido de patrocinio. Quedé muy emocionado y triste al mismo tiempo, pues a pesar de conocer la importancia que aquello representaba, tenía plena certeza que el Director no lo apoyaría, por no estar encuadrado en el contexto que la compañía acreditaba como “proyecto cultural”.
Felizmente el proyecto es muy bueno y se está realizando con un presupuesto de más de un millón de dólares. El estreno de “Raul – El inicio, el fin y el medio” está previsto para agosto de 2009. Y además, la productora planifica una obra de ficción sobre la vida del cantante que aún no tiene fecha prevista de lanzamiento.

Leonardo Parente es periodista, tiene 29 años y vive en Bahia, Brasil. Trabaja como asesor de prensa para la Municipalidad de Salvador (Bahia) y Gobierno del Estado de Bahia. Pueden conocer su pasión por el periodista gonzo Hunter S. Thompson en éste fotolog.


[Para los lectores de habla portuguesa, a continuación publicamos el texto original del artículo de Leonardo ]

O bruxo roqueiro baiano

*Leonardo Parente

Certa vez Raul Seixas estava nos Estados Unidos, hospedado num hotel em Nova York. Depois de mandar algumas cartas para John Lennon sobre uma tal “Sociedade Alternativa”, o Beatle o recebeu no seu apartamento muito educadamente e Raul acabou permanecendo por três dias com John, hospedado em seu apartamento, num momento em que estava separado de Yoko Ono.
Segundo Raul, foram dias de maratona de troca de idéias, entre um baseado e um wisky as idéias iam surgindo: “Falamos sobre personalidades importantes, como por exemplo Jesus Cisto”, disse Raul. Em meio à conversa, John pergunta a Raul qual era a cara musical do Brasil, o que tinha no Brasil, Raul nervoso e sem graça disse: “Café Filho”, ex-presidente do Brasil, e eles riram muito.
Algum tempo depois voltaram a se encontrar novamente em Nova York, dessa vez, em um hotel onde John já estava com Yoko Ono. Sabendo da presença de Raul em um quarto, alguns andares abaixo, John pediu para que o seu produtor fosse até o apartamento dele e o convidasse para um um drink no seu quarto. Raul muito naturalmente respondeu: “Eu já te visitei, venha agora você ao meu divã”. John e Yoko muito humildemente tomaram o elevador e foram visitar Raul, e assim conversaram durante toda a noite. Juro que daria qualquer coisa pra saber o que eles falaram.
Numa época no Brasil em que o que dominava era a musica popular brasileira e as marchinhas de carnaval, Raul teve o sue primeiro contato com o rock, quando sua família se mudou para uma casa que era próxima do consulado americano. Raulzito, como era chamado, fez amizade com os filhos dos funcionários do consulado que eram norte-americanos, e eles então lhe apresentaram Elvis Presley, Chuck Berry, entre outros que estava estourado em terras americanas. Encantando ele escutava os discos exaustivamente a ponto de estragar o sulco do vinil.
Depois disso Raul Seixas virou “bicho” no bairro, só andava de topete, calça boca de sino, brilhantina e com o seu violão. O rock já tinha tomado as suas veias e ele não conseguia mais pensar em nada. As mães do bairro não queriam que seus filhos andassem junto com Raul Seixas que aos olhos de todos tinha pacto com o demônio.
Dentre os garotos proibidos a andar com Raul Seixas, um deles era o meu pai, que na época era visinho de Raul, mas isso parecia impossível. Em meados da década de 60, Raulzito fundou o “The Phanters” juntamente com seu irmão mais novo e outros indivíduos seduzidos pelo rock. A questão era que, o meu avô, mas conhecido como “bigode” possuía um Ford Rural Willians, ano 66 que adaptara para um carro de som, onde divulgava shows, fazia campanhas políticas, entre outras atividades, e Raulzito, naquela época sem recursos financeiros, ia até a casa de meu avô pedir para que ele divulgasse os shows do The Phanthers gratuitamente no seu carro de som.
Segundo meu pai, o meu avô não gostava da idéia de trabalhar gratuitamente para um “bando de maconheiros”, como assim achavam todos em relação a Raul e sua trupe. Mas, Raul era carismático, e vinha com todos aqueles discos de vinil, pedindo ao velho: “Senhor Bigode, juro que essa é a última vez!” e pra se ver livre, ele abria exceção, e essa última vez nunca chegava, a cada novo show, Raul batia mais uma vez na casa do meu pai.
Apesar de ser cultuado no Brasil, Raul não tinha projeção em outros países, mesmo tendo lançado algumas musicas em espanhol e inglês. Dentre discos de carreira, coletâneas e álbuns póstumos, Raul seixas conta com quase 60 a obras, fora dezenas de musicas e projetos nunca lançados.
Na década de 70, juntamente com o escritor Paulo Coelho, seu melhor amigo até então, antes das sacanagens e discussões, tentaram fundar uma seita baseada no ocultismo de Aleister Crowley, a chamada “Sociedade Alternativa”, seita louca que nem eles mesmos sabiam definir do que se tratava, onde leis do satanismo, praticas orientais tântricas, esoterismo se misturavam num caldeirão que deixavam todos confusos. A Sociedade Alternativa tinha um manifesto, onde sete itens formavam a idéia:
1 - O espaço é livre. Todos têm direito de ocupar seu espaço.
2 - O tempo é livre. Todos têm que viver em seu tempo, e fazer jus as promessas, esperanças e armadilhas.
3 - A colheita é livre. Todos têm direito de colher e se alimentar do trigo da criação.
4 - A semente é livre. Todos têm o direito de semear suas idéias sem qualquer coerção da INTELIGENCIA ou da BURRCE.
5 - Não existe mais a classe dos artistas. Todos nós somos capazes de plantar e de colher. Todos nós vamos mostrar ao mundo e ao Mundo a nossa capacidade de criação.
6 - "Todos nós" somos escritores, donas-de-casa, patrões e empregados, clandestinos e careta, sábios e loucos.
7 - E o grande milagre não será mais ser capaz de andar nas nuvens ou caminhar sobre as águas. O grande milagre será o fato de que todo dia, de manhã até a noite, seremos capazes de caminhar sobre a Terra.
No período da ditadura militar no Brasil, Raul Seixas foi chamado aos quartéis generais para explicar o que exatamente era a tal Sociedade Alternativa e deixou os militares em parafuso com a sua explicação.
Por essas e outras Raul Seixas, assim como Tom Zé e outros ficaram fora do grupo dos queridinhos da musica Brasileira como: Caetano Veloso, Elis Regina, Gilberto Gil, etc. Caetano em especial achava que a musica de Raul Seixas estava fora dos contextos da musica nacional, pois utilizava as guitarras americanas e assim como um dia virou as costas para Tom Zé, assim o fez com Raul que por sinal não demonstrava nenhum tipo de sentimento por Caetano a não ser a hostilidade.
Mesmo com boicotes de alguns artistas, gravadoras e programas de televisão, Raulzito deixou a sua marca no coração dos rockeiros brasileiros, é muito raro alguma banda, algum cantor de rock não citar Raul Seixas como influência direta na sua vida, pois entre um show e outro, onde normalmente ele estava bêbado, e porque não? Suas palavras e ideologias anarquistas invadiam as mentes e corações alheios.
O primeiro salário da minha vida foi utilizado para comprar quinze álbuns de uma só vez, álbuns esses que fizeram e ainda fazem minha cabeça, mais do que qualquer outro som, pois Raul é a própria conteporaiedade.
Numa manha de segunda feira, no dia 21 de agosto de 1989, a empregada domestica de Raul, Dalva Borges chega ao seu apartamento no centro de São Paulo e o encontra morto em sua cama, vitima de uma parada cardíaca, fruto de uma pancreatite decorrente do seu alcoolismo.
A morte de Raul jamais brecou o seu sucesso, pois religiosamente, todos os anos, nas datas de seu nascimento e sua morte, manifestações em todo o país são feitas, em especial na cidade de Salvador, sua terra natal, onde foi enterrado no Cemitério Jardim da Saudade. Os fãs se juntam, tomam vinho e cantam durante todo o dia as musicas do imortal.
Apesar da grande importância do musico, nenhum trabalho cinematográfico relevante havia sido feito no país. Em 2004 o jovem produtor Dênis Feijão teve a feliz idéia de realizar o projeto, buscou apoio e negociou por cerca de dois anos com os herdeiros o direito de rodar um documentário sobre a vida do cantor.
Em 2007, quando eu trabalhava na assessoria de imprensa de uma grande empresa de Gás Natural brasileira, recebi este projeto em mãos, era um pedido de patrocínio, fiquei muito emocionado e triste ao mesmo tempo, pois apesar de saber a importância do que aquilo representava, tinha plena certeza que a diretoria não apoiaria, por não estar enquadrado no contexto do que a companhia acreditava como “projeto cultural”.
Felizmente o projeto é muito bom e está sendo realizado com um orçamento de mais de um milhão de dólares, “Raul – O início, o Fim e o Meio” está previsto para ser lançado em agosto de 2009, uma obra de ficção sobre a vida do cantor também está nos projetos da produtora que ainda não tem previsão para o lançamento.

Quiero que me digan cómo parar

21 noviembre 2008


Muérdele la cola
Sácale los dientes
Como una alimaña viene y se va
Eran dos muchachas de 1920
Lejos de los ruidos, lejos del mar
Cuánto sale un taxi desde aquí a Constitución
Como si lo que hubiéramos amado

Esto es una guerra, ya me han declarado
Donde el enemigo puedo ser yo
Todos los fantasmas, todos los países
Todas las creencias, todo el dolor
Vuela en su caballo despidiendo mucho gas
Como si lo que hubiéramos amado

Dónde está mi casa
Debo dos materias
Si te das la vuelta eres estatua de sal
Ya que no hay regreso, ya que no hay salida
Quiero que me digan cómo parar
Vuelves a tu casa y si no hay whisky
Un buen geniol
Como si lo que hubiéramos amado

Muérdele la cola
Sácale los dientes
Como una alimaña viene y se va
Eran dos muchachas de 1920
Lejos de los ruidos, lejos del mar


"De 1920", Fito Páez, 1987
/ Ciudad de pobres corazones
La ilustración es de
Grandeombre

Esta letra (y la canción toda) de Fito me produce una sensación de desamparo muy grande. Y al mismo tiempo me inunda un ardiente deseo de provocación. La muerte da vueltas, tu vida normal ya no es tan normal y te preguntás como mierda zafar de todo, pero igual vas a pelear, vas a seguir hacia adelante, mostrando los dientes frente a toda esa bola oscura que pretende ahogarte. ¿A vos que te produce?
/ Ariel


Discos elementales / Transformer

27 octubre 2008

Discos elementales [006]
Escribe Claudio, Vagabundo resplandeciente

"TRANSFORMER"
Lou Reed, 1972


Descubrí a la Velvet Underground después de haber escuchado en reiteradas ocasiones algunos singles de Lou Reed; cuestión que, analizada en retrospectiva, hoy en día me resulta, cuando menos, extraña. A la sazón, no llegaron a mis entusiastas oídos adolescentes precisamente las tortuosas composiciones que el neoyorquino extrajo desde el fondo mismo de la tristeza en esa olvidada obra maestra llamada Berlin, pues esas canciones le escapaban casi deliberadamente a la comercialidad. Por el contrario, merced a dos temas de su disco más exitoso fue que desembarqué en el fascinante universo de quien considero, sin permitirme vacilación alguna, y más allá de sus irregularidades, uno de los compositores claves que ha dado el rock en su pródiga historia. David Bowie, Iggy Pop,Lou ReedEn 1972, David Bowie no sólo se limitó a concebir The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, sino que, como lo hizo también con Iggy Pop, reorientó la carrera de su admirado Reed –caído en desgracia luego de abandonar su grupo emblemático–, produciéndole precisamente Transformer, álbum que enderezó el curso de una trayectoria que parecía condenada al fracaso comercial sempiterno. Para ello, Bowie consideró conveniente la introducción de una serie de cambios estilísticos acentuados (el glam rock transitaba entonces su época de oro), y como era de esperar, los hechos posteriores le dieron la razón. Sin embargo, Lou incluyó en el grueso de las composiciones su acostumbrada temática relativa a los personajes más extraños y marginales de las sórdidas esquinas de una ciudad que no siempre brilla, manteniendo de ese modo parte de su sello distintivo. Si bien la ampulosa teatralidad ínsita en la estética glam no congeniaba en lo más mínimo con su perfil, Lou Reed lograba puntos de contacto con esta vertiente del rock, gracias a cierta ambigüedad sexual presente en algunas de sus letras. Asimismo, cabe destacar la colaboración de Mick Ronson, hombre de confianza de Bowie y genial guitarrista de The Spiders from Mars, quien pese a los problemas de comunicación que tuvo durante las grabaciones con el oriundo de New York, logró establecer con él un diálogo soberbio en el plano estrictamente musical. La canción inicial, “Vicious”, es una pequeña joya que, en algún punto, retrotrae a la crudeza propia de la Velvet Undergroud, especialmente debido a los punteos distorsionados que Ronson introduce con reiteración, al tiempo que Lou canta sobre una pareja de sadomasoquistas:
Vicious, you hit me with a flower.
You do it every hour.
Oh baby, you’re so vicious.
Vicious, you want me to hit you with a stick.
But all I’ve got is a guitar pick.
Siempre he pensado que “Perfect Day” es una de las mejores baladas de la historia, equiparable con ciertas canciones de Lennon o McCartney. No adquirió verdadera popularidad sino hasta entrada la década del noventa, sobre todo al ser versionada por Duran Duran, y al aparecer en la banda sonora de la célebre película de Danny Boyle interpretada por Ewan McGregor. La letra ha sido objeto de mil y una interpretaciones, quizá a causa de su costado críptico: debajo de la faz romántica y el día perfecto, se esconde un dejo melancólico, gris y dramático. Los toques de piano, los arreglos de cuerda y la conmovedora interpretación vocal hacen el resto.
En el pegadizo rocker “Hangin’ Round” se destacan los estridentes acordes y la buena vibración que la canción transmite en general. “Walk on the Wild Side”, constituyó uno de los mayores éxitos comerciales de toda la carrera de Lou Reed. La pieza, de ritmo repetitivo y llena de coros, es un retrato del séquito de extravagantes personajes del underground neoyorquino que acompañaban a Andy Warhol en La Factoría. El sorpresivo, inesperado solo de saxo, sobre el final, fue una idea de Bowie. De “Make Up” me gustan particularmente el acompañamiento de tuba (a cargo de Herbie Flowers) y la performance vocal relajada y cool.
Así llegamos hasta “Satellite of Love”, tema que había sido grabado originariamente por la Velvet Undergound en un período de sesiones, aunque a la postre no fue incluido en ningún disco oficial. Es otra balada perfecta, dotada de una melodía exquisita, en la que se puede distinguir por momentos la voz de David Bowie, y que concluye con un crescendo vocal orgásmico (muchos han comparado ese final con el de “Drive-In Saturday”, del propio Bowie).
New York Telephone Conversation” es un simpático y breve añadido, cuya melodía recuerda a un jingle publicitario, mientras que “I’m So Free” representa, con esos curiosos coros, el costado acabadamente glam del álbum. Para la despedida queda “Goodnight Ladies”, en la que una gran combinación instrumental, con tuba y saxo incluidos, remite sin escalas a los viejos cabarets alemanes. La reunión de grandes músicos bajo el aura protectora de un Bowie que atravesaba un período de inconmensurable lucidez, no sólo redundó en la reinvención de un outsider que se animaba a cantar sobre asuntos poco decorosos, sino que, al mismo tiempo, posibilitó la confección de un brillante y ecléctico repertorio sonoro. Imagen de la contratapa del discoEs una lástima que esta adaptada versión glam de Lou no se haya extendido más allá de éste trabajo. Con todo, no deben quedar dudas respecto a que pocos discos contribuyeron tanto a fomentar el rótulo de poeta maldito e icono sombrío del rock que el transcurrir del tiempo se ha encargado de conferirle.

Esta reseña es original del blog
Vagabundeo resplandeciente