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Temporadas en el país de las maravillas / 4

22 noviembre 2008


Estando en la costa en aquellos momentos, me era imposible ignorar el movimiento a mi alrededor. Mucha gente quiso volver a casa para cuidar el dinero que le quedaba. Habiéndose convertido cada billete en algo así como un tesoro, era para todos un paso lógico.
Podía notarse en sus caras quiénes habían quedado en bancarrota y quiénes disfrutaban de sus vacaciones por no haber dejado dinero en el banco. La costa era una especie de abanico donde en cada pliegue se podía hallar una realidad distinta. Se cerraba y se abría, nos alejaba y unía cada vez.
Me quedé sola en el departamento mientras Marie y sus “viajantes de paso” tomaban sol en la playa. Había pasado todo el día anterior en el mar y no había una sola parte de mi cuerpo que no sintiera en llamas.
Me recosté y comencé a recordar muchas cosas, situaciones y ocasiones en las que me había sentido un poco de ese modo, como parte del abanico. Recordé a mi amiga Alex y nuestra terrible insatisfacción en los tiempos de escuela. Ambas vimos de cerca a una parte de la juventud que se creía subversiva, cuando en realidad cumplían el papel de una pava que es llevada al fuego para servir té o café. Estaban constantemente hirviendo y creyendo que sus ideas eran propias. Algunos conocían la palabra “convicción”, mientras que el resto no sabía su léxico y disfrutaba de la popularidad banal que conlleva una rebeldía irreal.
El sacerdote del establecimiento hacía orgías con menores de edad y abusaba del alcohol. Las autoridades comunicaron que había viajado a Nueva York cuando en realidad estaba preso. El grupo de engreídos hablaba de justicia y compromiso, pero apenas pasaron dos semanas, los vi riéndose y diciendo que el cura era “un capo”. Supuse que las contradicciones surgían porque no entendían nada y sólo obedecían a órdenes intelectuales, que a decir verdad, tampoco eran nada.
También había de “los otros”, los que mantienen la boca cerrada durante los cinco años de escuela y parecen tener un orgasmo si alguna autoridad halaga su desempeño. Decían que una persona rebelde es estúpida, alguien de quien hay que cuidarse porque odia a todo el mundo sin fundamento. Esos perros falderos creían sólo lo que les ofrecían creer y les era más sencillo decir esas cosas.
Claro que nosotras falsificábamos firmas y mandábamos a todos al carajo, pero nadie nos pidió hacerlo y durante toda mi vida tuve que aprender las cosas por mi cuenta. Uno piensa durante años qué está bien y qué está mal, hasta que un buen día se mete todo en el culo porque no hay más que eso. No hay satisfacción de ninguna de las partes y sólo queda ser fiel a uno mismo, hacer lo que venga en gana sin joder a nadie pero sin dejarse joder. Sin pensar, simplemente, qué es lo bueno y qué es lo malo en esta vida.
Finalmente Irene estuvo satisfecha y Marie salió airosa de la situación. La pareja estaba feliz y la venta confirmada. Regresarían a la capital para reunirse con Irene, mientras Marie y yo sentíamos un gran alivio y aún teníamos tiempo de sobra para meternos en problemas.
Un mediodía despertamos cuando el sol nos abofeteó la cara. Habíamos olvidado bajar las persianas después de jugar a las cartas toda la noche. Mónica y Paula dormían como bebés en el suelo del living, y tuve que ir hasta el baño en puntas de pie para no pisarles la cabeza.
Marie les dejó una nota y nos fuimos a comer a un bar barato y viejo, lleno de personajes extraños. Parecía uno de esos lugares que pueden hallarse al costado de la ruta, cerca de los moteles. Seguramente no figuraba en ningún folleto turístico, pero la comida no estaba nada mal.
Una pareja con dos nenes iba y venía del teléfono público. La mujer se tomaba la cabeza con preocupación y dos jóvenes se reían de ella desde una mesa, haciéndose gestos y tardando en comer para observar.
La familia claramente no era del lugar. Se les notaba cierto temor y al mismo tiempo bronca por haber ido a parar allí. En cambio, los jóvenes lugareños se veían distendidos, sin prisa, y llevaban remeras sucias y gorras como las de baseball.
Marie terminó su cerveza y fue hacia el baño, mientras yo me levantaba con esfuerzo para acercarme a la familia y entender qué les pasaba. Apenas sonreí, la mujer me pidió cambio para hacer otra llamada. Su esposo alzó a uno de los nenes y se acercó.


- Te lo agradezco, de verdad. Hace como una hora que estamos acá tratando de hablar.
- No hay problema, ¿pasó algo malo? –pregunté, a pesar de que era algo obvio y el tipo tomó aire como si fuera a relatarme la Odisea de Homero.
- Quedamos en medio del quilombo. Mi suegra se descompensó esperando en la puerta del banco, ¿viste? Todavía está mal y ahora tenemos que cambiar los pasajes y volver, pero tendríamos que hacer magia para llegar con el efectivo.

Marie volvió del baño y quiso irse, pero antes me acerqué a los jóvenes lugareños con la excusa de preguntarles la hora.

- Un lío con esos, ¿no? –comencé.
- Sí, ¿qué te parece? Mirá, nosotros quisimos tirarles unas monedas, pero creyeron que íbamos a pedirles algo y casi nos mandan a la mierda. ¡Que se jodan! Todos tenemos problemas.

Tal vez los pliegues del abanico se estaban abriendo en la misma dirección.
Llamé a casa y encontré a mi padre, que estaba usando mi computadora y disfrutando de sus vacaciones. Marie también llamó a la capital. La escuché pedir que “todo esté en paz y preparado” al regresar, y luego me invitó a una fiesta con gente que yo aún no conocía, a modo de celebrar cualquier cosa. Marie adoraba arreglar las jodas con antelación y hacía fiestas simplemente porque sí.
Después de hacer nuestras llamadas caminamos por la playa, puteando y peleando irritadas por el calor. Fuimos hasta el muelle y vimos a una chica masturbando a su novio entre unas rocas. Las olas rompían a nuestros pies y retrocedían dejándonos su espuma. Regresamos al atardecer con las “viajantes de paso”, nos cansamos de andar y nos acostamos en la arena tibia con un perro vagabundo que se quedó junto a nosotras. El horizonte parecía estar pintado a mano, y tras observarlo un largo rato, nos preguntamos si acaso Dios le daría pinceladas al cielo para dejarlo de esa forma.
No puede apreciarse de ese modo entre los altos edificios de la capital, donde tampoco hay tiempo suficiente para pensar en ello. En la playa se respiraba nuestra propia existencia; nos hacía reír y pensar sobre cuestiones extrañas y luego nos ofrecía un alivio que, al menos para mí, era algo así como una voz interna que me dejaba entender que no era necesario hacerme tantas preguntas. Sólo tenía que relajarme y disfrutar cada vez que me sintiera así.

Los días pasaban rápidamente. Estaba comenzando a tener ganas de conseguir un empleo y quedarme. Tal vez alquilar un departamento barato cerca de la playa o a treinta cuadras, no importaba, pero realmente me planteé vivir en esa ciudad. Adoraba el mar y la playa. Me gustaba el constante aroma a sal que llenaba las calles y las casas de piedra. Había empezado a soñar, pero tuve que detenerme y recordar lo impulsiva que solía ser. Tampoco tenía el dinero para hacerlo.
Así que en cambio me quedé con mis compañeras un par de días sin salir, para ahorrar, jugando a las cartas y consumiendo comida chatarra. En la tele no pasaba nada interesante, salvo por alguna película vieja, y ya quedaban pocas cervezas en la heladera. Sobre la mesada de la cocina había un colgante del que pendía una “K” dorada que Marie había rescatado del mar.
Muertas de aburrimiento, nos dirigimos a un restaurante chino de tenedor libre que estaba cerca del centro. Era un lugar poco agradable pero para nada caro. Los manteles no estaban del todo limpios. La tele estaba encendida y constantemente venían hasta nosotras los aullidos de los nenes que correteaban entre las mesas, desobedeciendo a sus padres. Una china observaba todo desde el mostrador y ofrecía helado a los nenes sin moverse de su lugar, señalando la pequeña heladera que tenía a su izquierda.
Había que hacer fila para tomar la comida de las bandejas y no teníamos muchas ganas de esperar. Tampoco teníamos hambre, así que fuimos directamente al postre y tomamos una porción de torta de chocolate cada una. Le puse crema encima y volví a la mesa.”.


[Continúa...]

Florencia Marino es periodista.
Su fotolog: reporterarg

Acerca de "Temporadas en el país de las maravillas"

Quiero que me digan cómo parar

21 noviembre 2008


Muérdele la cola
Sácale los dientes
Como una alimaña viene y se va
Eran dos muchachas de 1920
Lejos de los ruidos, lejos del mar
Cuánto sale un taxi desde aquí a Constitución
Como si lo que hubiéramos amado

Esto es una guerra, ya me han declarado
Donde el enemigo puedo ser yo
Todos los fantasmas, todos los países
Todas las creencias, todo el dolor
Vuela en su caballo despidiendo mucho gas
Como si lo que hubiéramos amado

Dónde está mi casa
Debo dos materias
Si te das la vuelta eres estatua de sal
Ya que no hay regreso, ya que no hay salida
Quiero que me digan cómo parar
Vuelves a tu casa y si no hay whisky
Un buen geniol
Como si lo que hubiéramos amado

Muérdele la cola
Sácale los dientes
Como una alimaña viene y se va
Eran dos muchachas de 1920
Lejos de los ruidos, lejos del mar


"De 1920", Fito Páez, 1987
/ Ciudad de pobres corazones
La ilustración es de
Grandeombre

Esta letra (y la canción toda) de Fito me produce una sensación de desamparo muy grande. Y al mismo tiempo me inunda un ardiente deseo de provocación. La muerte da vueltas, tu vida normal ya no es tan normal y te preguntás como mierda zafar de todo, pero igual vas a pelear, vas a seguir hacia adelante, mostrando los dientes frente a toda esa bola oscura que pretende ahogarte. ¿A vos que te produce?
/ Ariel


Imaginar Kyoto

20 noviembre 2008



Escribe: Carlos Ardohain

Puedo imaginar que alguna vez iré a Kyoto, como imaginé que estaba en Valparaíso cuando de verdad estaba, y esto no es un consuelo, es apenas un juego con el tiempo, un conjuro, como quien hace un pliegue en un papel y junta palabras lejanas que no deberían convivir en la misma frase. Y si lo imagino es porque se me antoja en el ocio de la tarde tan húmeda, porque el olor me lo dicta, este olor a piel sucia, a papel mojado. Puedo imaginar que la luz que flota en el aire cuando el cielo está tan azul es en verdad una trampa asesina, un engaño para melancólicos que pretenden entibiar su tristeza con sucedáneos baratos de la felicidad. Puedo imaginar que los dibujitos negros sobre el blanco del papel que se van formando al escribir son deposiciones de insectos invisibles que pueden cobrar vida en cualquier momento para alterar el sentido de lo dicho o de lo que quiso ser dicho y que el nuevo sentido nacido de esa torsión se volverá salvajemente contra el escribiente que profanó el blanco inmaculado del papel, lo atacará en los ojos y formará una capa negra donde la luz no pueda ni entrar ni salir dejando una noche eterna tapiando su mirada. Puedo imaginar castigos atroces destinados a quienes cuentan secretos que nunca deberían ser revelados, aunque ellos al contarlos no supieran que eran secretos ni que no deberían contarlos ni que serían castigados por ello, y es parte de la naturaleza del silencio que más tarde o más temprano debe ser quebrantado o interrumpido, y que esa interrupción deberá ser pagada. Puedo imaginar que atravieso días enteros necesitando lo que en realidad tengo o teniendo lo que en realidad no necesito y luego me canso y me duermo y sueño con lo que quiero tener o con quien prefiero estar y después despierto y salto a la materia y la razón y la conciencia y vuelvo a necesitar lo que quiero y a querer lo que necesito aunque crea que es un juego o un espejismo o una estación pasajera en la vía. Puedo imaginar que suena el teléfono cuando no suena aunque quiero que suene y que quien lo hace sonar es quien yo deseo que llame aunque no esté llamando y que lo que tiene para decir es lo que yo quiero oír aunque no me lo vaya a decir nunca y que contesto a esas palabras con el discurso que tengo aprendido de tanto sentirlo de tanto esperar para decirlo aunque lo haga en la imaginación. Puedo imaginar que cambio de forma y la pierdo para encontrar otra y en la etapa amorfa supongo que no tengo cuerpo para volver a encarnarlo como la primera vez y revivir la sensación repentina de sumergirse en la materia en la carne en la contundencia de ser un animal sagrado y mucho más y viajar en la nave de los sueños y las sensaciones. Puedo imaginar que encuentro las palabras que nunca tuve las pocas esenciales palabras que abran el camino al entendimiento verdadero de lo que siempre estuve buscando saber conocer descubrir encontrar decir expresar entender abarcar, esas palabras que al momento de acceder a ellas con la mente inmediatamente se me olvidan pero ese relámpago de luz en que ellas aparecieron se conservará en mí como una imagen grabada para siempre en mi ser. Y aunque sea imaginación, la frontera entre ella y la realidad estará borrada y será lo mismo porque un conocimiento es un conocimiento en cualquier plano en que uno acceda a él, y al ser la imaginación un atributo de nuestra mente y de nuestro ser, es ser también, que ser parte es ser todo y lo único que no hay que ser es juez. Puedo imaginar que si ya no hay molinos habrá por lo menos viento y siempre que el viento sople habrá ruedas en movimiento habrá potencia en el aire, velocidad y aromas que vienen de lejos y lugares remotos adonde irán nuestros olores y un vehículo donde podrá viajar nuestro canto o nuestra palabra o nuestro aliento y como el espacio es curvo y curva la superficie del planeta que el viento recorre un día todo eso volverá enriquecido cambiado metamorfoseado para traer otros a nosotros y a nosotros en otros. Puedo imaginar jardines de piedra que simulan agua y ritmos de la tierra como si fueran orillas, que de algún modo parecen la huella que dejaban los dedos arrastrados sobre la arena de la playa de la infancia, imaginar sombras tenues que aplacan la luz, brillos dorados sutilísimos en los bordes de las formas de los objetos que reposan en silencio en las habitaciones, imaginar ritmos respiratorios que recuperen y evoquen el vaivén de las olas del mar, incorporarlos y permitir que el aire entre y salga con esa frecuencia eterna que nos vincula con el origen. Y si imagino dibujo con la mente y veo lo que dibujo y creo un mundo donde estar donde estoy y no hay tiempo ni espacio ni límite y la noche que entra por la ventana tiene una luna en forma de C colgada del cielo que no sé bien porqué es tan mágico. Puedo imaginar causas y motivos y razones para todos los errores para todos los fracasos para todas las dudas los miedos las fluctuaciones pero eso no importa no modifica que la verdad está en algún lado y si está en algún lado es en el corazón y si se traiciona el corazón se va contra uno mismo y se tendrá dolor y desasosiego y tristeza y soledad y quizás a veces uno elige eso como camino tortuoso o castigo autoimpuesto o quién sabe qué. Puedo imaginar muchas cosas para hacer cuando ya no se sabe qué hacer con el tiempo, con uno ni con la vida, imaginar caminos paralelos, adyacentes al sendero marcado por el infortunio o la fatalidad, curvas inesperadas y sorprendentes que al primero que desconcierten sea a uno mismo y esta sorpresa nos permita actuar sin tener en cuenta el acartonamiento de la costumbre o la mordaza de la prudencia y nos posibilite recuperar una espontaneidad que refresque nuestra relación con la realidad de todos los días. Vana banalidad.

Carlos Ardohain nació en Mar del Plata, estudió Artes Plásticas en la UN de La Plata, a mediados de los ’70 formó parte del grupo actoral Tal, hizo talleres de poesía con Elizabeth Azcona Cranwell y Arturo Carrera y publicó las plaquetas El ojo secreto (1998), La Hoja Bífida (1999) y Ojo x Ojo (2000). En 2004 obtuvo un premio accésit en el Concurso Poesía en Tierra organizado por el C.C. de España en Buenos Aires. En noviembre de 2005 realizó la curaduría de la muestra fotográfica de Robert Doisneau “Renault por Doisneau” en el Museo Renault (BA). Actualmente trabaja como diseñador gráfico y redactor. Su blog: tancarloscomoyo

El Escorpión Criollo # 2

18 noviembre 2008


Coordina: Pol Neiman
[Su blog]


Corte, by Alejo Salem



Preciso un corte.

El tajo debe abrirse lineal,
sin desgarrar la piel
que está reseca.

Lo preciso minucioso, equilibrado:
desde ahí -sé donde empieza-
hasta apenas más allá de lo que veo.

Preciso una abertura fusiforme:
una sangría que alivie este retardo
sin los amagues de las veces pasadas.

Lo preciso prolijo y certero:
necesito que un día cicatrice.

Ω


Dice Alejo: "Soy poeta mediocre y vago (con la mecánica del huevo y la gallina). Cultor de una efímera vocación de servicio; acreedor de pordioseros y escritor de puertas de baño. Más propenso a la vagancia vana que al ocio creativo. Trato de escribir poesía y creo que alguna vez me salió. Así y todo pude editar el libro autofinanciado "Llueve y no estamos (poesía por defecto)", y tengo casi listo el segundo. Fuí alumno literario de un ilustre desconocido que se llamaba Julio Alfonso, a quien extraño y no dejo de admirar.
No sé.
En serio, no sé.
"
Su blog: Voluntades con pies redondos



Érase un hombre a una pija pegado, by Luisa Kaufman



érase un hombre a una pija pegado
érase algo no visto ni en la tele
érase un equis equis ¡equis! ele
a la enésima verga elevado
no entraba de costado en la catrera
érase un homo erectus infinito
érase una pirámide de Egipto
las doce Tribus de pinchilas era
como el pico que está en el Himalaya
padre del universo era este pene
la columna que todo lo sostiene
una garcha totémica en la playa
donde su sombra magna fue mi oasis
fortuna que no tuvo ni la Onassis

Nació en La Plata, hace 30 años. Se inició precozmente en la literatura, en solitario. Actualmente es alumnita de Ramón Paz, con quien mantiene fluidos intercambios (epistolares).
Los Pornosonetos Femeninos de Luisa se alojaban (el último post es de diciembre del 2007) en: mujerquebusca.blogspot.com

123, by JQN VLNZL




no hago luz con sol no soy
el niño de la línea en el patio

las veces que vuelvo ah
blandengue de frontera

vencido de mí a las piedras trastabillo

ejército como agua oscuro
no hago luz en relación de 10 a 1

en esta octava parada en calzoncillos
no doy ni gris manzana




JQN VLNZL escribe de a números en deanumeros

by Anartista



a las escondidas aprendí a jugar un día que ya era grande. de chica me dolía la vereda en las rodillas y la tristeza de saberme ajena a la alegría rebozante de los mocos fieles en la torta sin soplar.


. . .


llevo años creciendo hacia arriba. me podaron más de la cuenta. tengo un nudo desatado. ni una sola rodilla. cinco raíces desprendidas de la tierra. por las noches le lloro al río que me alimenta. estoy hecha de peces que vuelan. creo en los círculos y en mis propias venas.

hoy llegará mañana.

mientras tanto, respiro entre la niebla.



Anartista escribe en: anartista.blogspot.com

Escribir poesía es horrible, by Luc



Si abro la ventana y grito un verso
¿se me saldrán los vidrios rotos en la memoria?
¿masticaré el aire infecto de este blues carnívoro
que se asoma al abismo, cae

l
e
n
t
o

y
desgrana notas solitarias,
cicatrices que condensan fermentos de venenos?

Si abro los ojos y veo un espejo
¿será necesario el soplo perentorio de la huida?
¿se abrirán los resquicios arbitrarios de las horas
que destemplan filamentos

d
e

silencio?

No quiero que el olvido se me vuelva nítido.
No quiero enmudecerme nombre
No quiero el desvanecimiento.

Luc delira en laresacada y escribe -también- en whitetrash1

Nuevamente las imágenes que acompañan a los escorpiones son fragmentos de tapas de discos realizadas por el diseñador gráfico Vaughan Oliver para el sello discográfico 4AD. Junto al fotógrafo Nigel Grierson, Oliver definió la identidad visual de bandas como Cocteau Twins, Dead Can Dance, This Mortal Coil, Pixies y Throwing Muses, entre muchas otras. Un gusto que nos damos.

Pueden disfrutar las portadas, un afiche y una publicidad completas y en gran tamaño en
nuestra galería de Flickr.

El arte de dibujar la pasión

17 noviembre 2008


Se llama Von y su estudio Hellovon. Es londinense, ilustrador y diseñador. Un tipo apasionado, sin ninguna duda.

Temporadas en el país de las maravillas / 3

15 noviembre 2008



Reíamos muertas de frío, con nuestros bolsos al hombro y sentadas a la orilla del mar. Si había algo que los jóvenes adoraban, era pasar la noche en la playa con la ciudad a las espaldas. Tuve tiempo y espacio por primera vez para pensar.
La clase media estaba desapareciendo, quedando así la alta y los recolectores de basura. Quienes se consideraban de clase media, tenían que lidiar con las irresponsabilidades de los ricos y las necesidades de los pobres. Las aves rapaces forasteras nos habían arrancado tanta carne que apenas podían codiciar el polvo. Era “pan y circo” para todos.
A veces me sentía como en una película de ciencia ficción, esas en las que los astronautas esperan ser rescatados o las que muestran algún proceso delicado de resucitación y ese tipo de boludeces.
Todo era Clonazepám, pastillas para adelgazar, pastillas para trabajar doble turno, yogures para cagar y jabones antisépticos más potentes que los antisépticos concentrados para pasártelos por el culo sin tener que preocuparte por usar un jabón normal.
Comenzaba una especie de miedo fóbico bajo la etiqueta de “nueva calidad de vida”. La gente mejor posicionada consumía cada producto artificial a la venta como si no pudieran vivir sin ellos, como si respirar fuera una acción que ponía la vida en riesgo. Salir por la mañana con apenas un café y tostadas en el estómago les significaba una situación angustiante. Nadie pensaba que todo eso no era más que porquería o que debería conseguirse en las farmacias en lugar de en los supermercados. Ni hablar de los bocaditos de chocolate sin chocolate pero que saben a chocolate y además queman grasas, parte del marketing de la salud.

Esa primera noche en la playa vimos desfilar las víctimas de la decadencia. Un adolescente de unos dieciséis años se acercó a conocernos y nos pidió fuego para encender su cigarrillo, mientras nos miraba de reojo con poca confianza. Llevaba su remera raída y unas zapatillas sucias. Se quedó fumando con nosotras y nos contó que su padre era abogado pero había manejado un taxi durante años, hasta que le hicieron mierda el auto y salió a pedir dinero con él. El chico arrebataba carteras a los turistas y se notaba el temblor nervioso de su mano cuando fumaba.
Cuando por fin llegamos al departamento, encontramos cajas de pizza y un colchón sucio y rotoso. Nos quedamos esperando. Nos encontrábamos en tal estado que ni siquiera pensamos poder estar corriendo algún riesgo. Cuando se abrió la puerta, Marie tomó un tenedor y se ocultó detrás lista para atacar. Supe que la cabeza de la pobre no daba para más, había sido una jornada muy larga.
Los dos tipos que entraron eran obreros que habían estado trabajando en el departamento, tipos de lo más despreocupados. “La estúpida de Irene confía demasiado en todo el mundo”, decía Marie mientras los hombres se miraban desconcertados.
Habían pasado allí tres días, y cuando los posibles compradores llegaron, hicieron que dieran media vuelta y se fueran a un hotel esperando noticias nuestras. Mi amiga armó tal escándalo que se involucró el encargado del edificio y los obreros, pálidos del susto, juntaron sus cosas y nos dejaron las llaves. Ya no serían “gente de confianza”.
Después de descansar un poco, limpiamos el departamento y mandamos a cambiar la cerradura. Llenamos la heladera de cervezas, melones, tomates y salchichas. Compramos cartones de cigarrillos, sangría y un mazo de cartas. También conseguimos una coctelera de plástico para preparar tragos. Aún no pensábamos en la comida, sino en qué bebida iría mejor con los melones. Incluso teníamos sorbetes y paragüitas. Durante varios días comimos salchichas hasta que temimos que nos salieran por las orejas.

Necesitábamos dar con los posibles compradores, pero no estaban en el hotel donde debían estar y ya me veía las cosas negras. Me hallaba constantemente en un estado casi onírico. Pronto la noche cubrió la ciudad de nuevo y desde la ventana veíamos a los turistas ir y venir por la avenida. También podíamos ver la estación de policía ubicada junto a nuestro edificio, razón para sentirnos algo paranoicas después de fumar marihuana junto a la ventana. Al menos ahora tenía sentido encontrar polis en la puerta principal.

Marie había invitado a dos amigas a quedarse un tiempo con nosotras cuando recorrieran la costa. Llegaron una mañana a las cinco, justo cuando estábamos por quedarnos dormidas. Mi amiga decía que eran de “los últimos hippies” porque viajaban con mochila al hombro, casi haciendo malabares para sobrevivir y no tener que regresar a casa. Disfrutaban de las playas o las montañas en el verano y de la nieve durante el invierno. Conocían Bariloche, Salta, San Juan, toda la costa atlántica y Mendoza.
Para mí eran más bien como piratas. Estafaban y robaban si tenían que hacerlo sin importar de quién se tratara. Sus padres colaboraban con dinero, ambas tenían siempre dónde regresar y con quién, así que no pude dejar de verlas todo el tiempo como una farsa. Marie me guiñó un ojo y las presentó como “viajantes de paso”. Tal vez sólo la divertía tener más gente en el departamento, alguien de quién reírse o simplemente más cómplices. No me había dicho que vendrían, pero casi siempre estaba muy borracha como para discutir.
Mónica no dejaba de rascarse la cabeza. Cada vez que lo hacía dejaba ver cuánto pelo le faltaba. Tenía unos mechones azules y otros violetas, “una obra de arte” que se había hecho en Santa Teresita. La pobre se estaba quedando pelada de tanto toqueteo. Paula se reía de la desgracia de su amiga, pero lo cierto es que tenía el cabello largo y roñoso. Si hubiesen competido por un premio al peor aspecto, ninguna de ellas lo habría merecido más que la otra.
Las primeras dos horas con ellas me las pasé mirando sus ropas. No lograba prestar mucha atención teniendo en frente sus jeans rotosos. Paula llevaba pulseras casi de la muñeca al hombro en ambos brazos, y hacía chocar unas con otras cada vez que se movía. Era un sonido insoportable.
Observaron el departamento y opinaron que era “buenísimo”. Realmente se veía bien. Estaba pintado de un ocre claro y en la entrada había un silloncito naranja oscuro. Teníamos una sola habitación, pero era grande y fresca, y en la cocina había un ventanal enorme que daba a la calle y hasta podía verse el mar. El baño era pequeño y había que cruzar todo el living para llegar. Ahí colocamos varias mantas y dos almohadas para las “viajantes de paso”, y a un costado teníamos una mesa redonda con cinco sillas y una tele cerca de la puerta del cuarto.
Comimos algo y fuimos al centro para vender las artesanías que Mónica y Paula hacían. No eran más que pulseras y aros que vendían a buen precio, pero nada del otro mundo.
La rambla era una feria y nos sentamos cerca de otros artesanos para conversar un rato hasta que nos dejaran quedar con ellos. Las chicas no tenían permiso para vender en las calles y pensamos que sería una buena idea.
Las mujeres llevaban vestidos largos de colores claros y algunas usaban bandanas. Todos allí eran hippies durante el día.
Nunca me gustó pasar horas bajo el sol, asándome como carne. Estaba incómoda, me irritaba y me salían manchas. Por eso Marie se esforzaba en dejar claro que las cuatro podíamos pasarla bien. Quería que entrara en confianza con ellas y que no me quejara por tener que convivir con sus visitas.
Arreglamos que a cambio de quedarse iban a compartir gastos, comprar bebidas y convidarnos marihuana. Unos días más tarde, la plata empezó a esfumarse terriblemente y no podíamos explicarlo. No lográbamos controlarnos y nos dejábamos llevar entre nosotras.
Fuimos a un boliche en la playa y Paula comenzó a bailar sobre las mesas, sacándose la ropa y provocando a los turistas. Nunca había visto una persona descontrolarse de ese modo por tomar un Daikiri.
Esa noche perdimos la cuenta de lo que estábamos gastando. Después de varios tragos suele suceder, y más aun siendo cuatro personas como nosotras. Nos separamos y cada una invitó bebidas a alguien, pero no íbamos a conquistar a nadie si no lográbamos mantenernos en pie. Tanto humo, música y alcohol, hicieron incluso que Marie perdiera dinero y volviera al departamento con un humor de perros. Pasó media hora buscándolo hasta que tuvo que resignarse.

Todo mejoró cuando Irene llamó. Los posibles compradores hablaron con ella y dijeron que pasarían por el departamento unos días más tarde. Irene no estaba enojada con Marie por ocultarle el incidente con los obreros, pero de todos modos impuso su autoridad con una pregunta firme.

- ¿Qué pensás hacer cuando los compradores se vayan?
- Todavía tenemos plata suficiente para un mes –respondió Marie, claro que sin pensar mucho.
- ¿Un mes? Bueno, no vuelvan antes –concluyó Irene y Marie cerró los ojos por unos segundos, sabiendo que su tía era inflexible y pronto estaríamos en problemas.

Tal vez Irene aprendía esas cosas en la iglesia, cuando hablaba con otras señoras mayores y solteras que como ella se proponían participar efusivamente de la crianza de sus sobrinos. La charla telefónica con Marie tenía varios significados.
Debíamos quedarnos porque mi amiga había desafiado a Irene. Su orgullo nos metió en un lío económico y, además, haber ocultado lo sucedido al llegar hizo que su tía nos pusiera a prueba, siempre como una especie de guerra por la dignidad de Marie. Si quería seguir trabajando para Irene, debía demostrarle que era capaz de mantener su palabra, de ser responsable con el dinero, de no necesitar regresar o pedirle ayuda. Claro que el punto más importante era el éxito del negocio.
Mientras esperábamos a los posibles compradores, el departamento se convirtió en una fiesta continua. Marie no iba a dejar de rozar los límites, especialmente cuando el dinero ajeno le quemaba los bolsillos e Irene estaba tan lejos. Nos era mucha tentación.

Vivíamos rodeadas de humo y botellas, siempre con la radio encendida. A veces dejábamos sonando de fondo Led Zeppelin, Los Rolling Stones o Los Beatles. Teníamos frutas pudriéndose en la cocina, cajas de pizza y paquetes de papas fritas. Dejamos anfetaminas y marihuana en el botiquín del baño como si se tratara de primeros auxilios. Mónica a menudo se creía una estrella y pedía cosas sin moverse del sillón, mientras Paula se enfurecía por tener que trabajar sola en las artesanías. Perdimos cuatro kilos cada una y podríamos haber perdido más, pero muchas veces bebíamos alcohol en lugar de las comidas y luego nos alimentábamos con golosinas y salchichas.

La noche anterior a que los posibles compradores llegaran, Paula volvió de la playa completamente drogada y acompañada. El tipo que vino con ella tenía unos treinta años y dijo estar bajo libertad condicional apenas tomó asiento, a modo de presentación. Antes de dejarnos reaccionar, entró otro tipo en la misma situación que decía ser “amigo de la vida”, porque conversaba con cualquier infeliz que le pasara cerca y se metía en casas ajenas.
Cuando le preguntaron si se encontraba bien, ella no tuvo mejor idea que invitarlos a tomar algo al departamento de Irene. La habían encontrado vagando a oscuras y buscando caracoles.
Marie y yo apenas teníamos 19 años, así que optamos por abrir una cerveza y reírnos de Paula. Pero cuando Marie logró entender la situación se puso histérica, fue hasta la cocina y le dio un puñetazo a la heladera. Recién entonces pudo pensar que aquello no era buena idea.

- Creímos que iba a desmayarse. ¿Qué se hace entonces? Le quise dar una mano –se apuró a explicar uno de ellos - ¿Quién será?, pensé, pero me gusta ser un caballero y no pude dejarla sola en medio de la playa y siendo tan tarde.
- Sí, es verdad… -agregó Paula, sonrojándose estúpidamente.
- Espero que no les joda. Somos buena gente. Quisimos acompañarla a casa nada más. ¿Qué puede pasarle si la dejan caminar sola por ahí? Podría pasar cualquier cosa.

El tipo definitivamente interactuaba haciéndose preguntas y respondiéndolas solo. En cuanto a Paula, pude ver en la cara de Marie cómo la ira se apoderaba de ella y llegué a sentir pena por su amiga. Le esperaba una larga noche.
Marie echó fuera a los visitantes y se encerró con Paula en la cocina para tener privacidad. A la mañana siguiente, Paula compró y preparó café para todas como para hacer las paces. Nadie dijo nada.
Los posibles compradores llegaron un rato más tarde. Era una pareja de recién casados envuelta por un aura de ilusión que casi groseramente se hacía respirar por todo el departamento. Querían tener una propiedad en la costa donde pasar sus vacaciones. Eran profesionales, jóvenes, anhelaban lo predecible y lo que no está prohibido. Les fascinó la idea de tener a tantos polis como vecinos y no dejaban de sonreír.
Mientras Marie negociaba con ellos, sus amigas y yo nos deshicimos del “cementerio de botellas”. Así llamábamos a las botellas vacías que íbamos acumulando en la cocina.
Nos quedamos afuera esperando que se marcharan. Cuando todo terminó, Marie tomó su billetera y nos avisó: “hay que festejar. Vamos a comprar licor”
.

[Continúa...]


Florencia Marino es periodista.
Su fotolog: reporterarg

Acerca de "Temporadas en el país de las maravillas"

Nicole Blackman, poesía bañada en sangre

12 noviembre 2008

Escribe: Fernando Velazco

Entrevistar a la escritora Nicole Blackman no fue del todo fácil. Fueron varias semanas de espera hasta que una de las representantes del gótico en la actualidad, se tomara su tiempo para responder las preguntas. Y una vez que ellas fueron contestadas, Nicole no aceptó como respuesta mis halagos de “dulce” y “amable” y me dio un porqué que realmente me dejó atónito: “¡Ja! ¡Que gracioso que usaste los términos “amable” y “dulce”! Mis tres primeros libros, que fueron autopublicados, que luego serían parte de “Blood Sugar”, se llamaban “Pretty”, “Nice” y “Sweet” (“Linda”, “Amable” y “Dulce”), y tenían cubiertas de colores rosa, azul y amarillo, respectivamente. Elegí esas tres palabras como títulos porque eran mis tres detestados “cumplidos” para una mujer. ¿Qué es AMABLE de todas formas? ¿Qué significa DULCE? Y LINDA seguramente te dicen cuando no tenés carácter o personalidad. No te preocupes, ¡no estoy ofendida en absoluto! Pero esas tres palabras, los poco benignos “cumplidos”, parecen siempre como una forma pasiva-agresiva de mantener a las mujeres calladas y controladas.
Con un notable temperamento fuerte, y una belleza sin límites, Nicole se ha ganado su lugar como artista de culto a base de presentaciones shockeantes y poesía experimental. Muchas de esas performances la incluían bañada en sangre, situación que fue inmortalizada en la imagen de tapa de “Blood Sugar”, su libro más famoso, editado en 1997.
Además de ser escritora, Nicole también ha hecho carrera en la música, al grabar y escribir todas las letras del disco “Dead Incide” de “The Golden Palominos”. Otras de sus colaboraciones incluyen a Recoil, la banda de Alan Wilder de Depeche Mode y los controversiales KMFDM.
En los últimos años, la artista participó en el festival Fuerce de Birmingham, Inglaterra. Su estilo de arte literario, que incluye poesías e historias relatadas, es similar al de John Cooper Clarke y Wanda Coleman y se lo conoce como “spoken word”.
-KH: ¿Quién es Nicole Blackman?
-NB: Una lechuza nocturna que está enamorada de su gato. Una escuchadora oculta que ha hecho pis en lugares públicos alrededor del mundo. Una devota bebedora de Coca-Cola. Que aborrece los quehaceres domésticos. Una melliza diabólica de Gabrielle Penabaz, su colaboradora favorita. Una desvergonzada y descarada sin miedo de la confrontación y del discurso público. Una perturbadora que incita escándalos en Francia. Una pasajera permanente que conoce todas las palabras de las canciones en la radio y se las canta al conductor. Una fanática del (vino) bordeaux rojo que cierra sus ojos cuando lo besa. Una generosa compañera de celda que pone todo en su trabajo. Una escritora y performer que no hace ninguna apología, pero tiene el sentido común de cambiar los nombres.
-¿Qué es el arte para vos?
-Una manera de darle sentido a las cosas. Todos dicen “escribí lo que sabés”, pero yo no pienso que soy tan interesante, así que en vez de eso escribo acerca de lo que NO conozco, y utilizo el proceso creativo como una manera de comprender las cosas que me entretienen, me preocupan, me confunden o me intrigan.
Creo que es muy raro que muchos oyentes/lectores supongan que mi trabajo se basa en mi misma, porque ¡yo nunca sobreviviría en muchas de las situaciones en las cuales ubico a mis personajes o protagonistas! Por ejemplo, fascinada por las circunstancias de la anorexia, intenté encontrar un terreno neutral donde la voz de una mujer joven pudiera explicar tranquilamente porque ella hizo su elección de destruirse (“Holly”). Mientras yo no afirme que ella tuviera la decisión correcta, no puedo decir que esté totalmente equivocada, porque ella verdaderamente cree que dejando el mundo físico detrás, se transformará en un ángel. ¿Quién puede decir que ella esté equivocada? ¿Es una alucinación? No lo se. Ellos quemaron a Juana de Arco en la hoguera, y luego la hicieron una santa…

-¿Es cierto que tu próximo libro se llamará "Pain Killer"? ¿Por qué?
-Probablemente, aunque no se si va a ser PAINKILLER o PAIN KILLER. Es sólo una frase que se metió en mi cabeza hace años y me gusta el doble sentido del titulo, con más de un significado. “Pain Killer” como una medicación, o alguien que mata el dolor, o tal vez es aún alguien que mata CON dolor. Prefiero dejar algo de espacio para que los lectores interpreten o personalicen el trabajo como ellos desean.
El titulo "Blood Sugar" tiene más de una interpretación también y la tensión entre algo violento y algo dulce era atractiva. Por supuesto, los diabéticos tienen una comprensión del termino muy diferente, pero me atraen las palabras o las frases inventadas de palabras que significan algo por si solas, pero tienen un sentido bastante diferente cuando se combinan…algo así como que el total es mayor que la suma de las partes, etc.
Por supuesto, la mayoría de libros de poesía tienen los títulos más enclenques y las tapas son MALÍSIMAS, por lo tanto cuando planeé el diseño de “Blood Sugar”, supe que tenía que ser bastante diferente que el resto. Quería una tapa que haga frente, anunciando que este no era un libro ordinario de poemas, y fuera identificable en una habitación. Me alegró escuchar de partes de varios fanáticos que ellos vieron a alguien llevando una copia de “Blood Sugar” a su recinto universitario y salieron a saludarlos y a decirles que a ellos les encantó también. Otra fanática dijo que ella lo estaba leyendo en un autobús de ciudad lleno y el tipo que estaba a su lado ¡cambió los asientos cuando vio la tapa! Así que es un registro tribal y un arma de defensa personal. No podría estar mas satisfecha.
Nicole junto a Lydia Lunch

En Myspace podés escuchar sus grabaciones de spoken-word.

Fernando Velazco se considera a si mismo un "periodista post-punk independiente". Mientras cursó la carrera de Periodismo en el Instituto Grafotecnico puso en marcha su propio fanzine "Chelsea Zine" dedicado a la música rock en general, especialmente de 1974 a 1985. Colabora en la revista La Otra.


To Julian (who is not Julian, but that is enough)

(...) When he is wrapped around another woman's skinny bones,
she quietly breaks into his darkroom next door
and stands beneath his wall of black and red women
and takes out her x-acto blade.

When she hears him cry out
she cuts out their eyes
one by one.

Para Julian (quien no es Julian, pero es suficiente)

(...) Cuando él se enrolla alrededor de otra mujer huesuda,
ella se quiebra en silencio en su cuarto oscuro al lado
y está por debajo de su pared de mujer de negro y rojo
y toma su cuchilla X-Acto .

Cuando se le oye gritar
ella recorta sus ojos
uno por uno.

(fragmento de Blood Sugar)

Amantes subterráneos

10 noviembre 2008


Quienes consideren a la década del 80 una etapa digna de recordar, especialmente en el aspecto musical, este domingo pueden participar de la presentación de un libro que podría llevarlos como un túnel oscuro a revivir la historia del rock hecho en Argentina.

La obra de Flavio Katzev (director del web-zine La Grossa) se llama "Amantes subterráneos - El rock under de los '80" (Ediciones Elemento) y describe el contexto social y musical del underground en la Argentina de aquella década con notas y entrevistas a más de 50 músicos protagonistas del auge creativo de esa época de explosión del pop y el rock.
Muchos de esos artistas hoy son reconocidos músicos del rock nacional, y en Amantes subterráneos relatan sus comienzos y experiencias iniciáticas.

El libro recopila bandas, formaciones, discografía, demos, sus orígenes, la historia de sus integrantes, pubs donde actuaban, anécdotas y detalles que conforman la historia, nuestra historia, sobre el rock argentino.
Para sonorizar apropiadamente el evento, se presentarán en vivo las bandas Sector Diván, Chernobyl y Uno x Uno.

Agendá: Domingo 16 de noviembre, a las 15:30, en la Biblioteca Nacional, Agüero 2502, Ciudad Autónoma de Buenos Aires / Auditorio "Jorge Luis Borges" (1er piso)
Más data:
http://amantessubterraneos.blogspot.com/