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El amigo americano

14 mayo 2008

Up,up and up yours. Ilustración de Ralph Steadman

Salvaje, desbordado, brillante e intoxicado de todos los modos posibles, Hunter Thompson fue uno de esos hombres que registran su época para la Historia: experimentó con drogas y se sumergió en el corazón de la banalidad americana (Miedo y asco en Las Vegas); registró los vaivenes políticos en la era del rock (cubrió las marchas contra Vietnam y la campaña de Nixon del ‘72 para la Rolling Stone); exploró con sorna la tradición (The Kentucky Derby) y echó luz sobre la violencia en medio del pacifismo (infiltrándose en una banda de motoqueros pesados en 1967). Todo, con una voz y un estilo que metieron el periodismo en la historia de la literatura. Tom Wolfe, el otro pope del Nuevo Periodismo, despide a Hunter Thompson, el hombre que la semana pasada perforó de un balazo una de las mentes más brillantes de su generación: la suya.
Por Tom Wolfe

Hunter S. Thompson era uno de esos pocos escritores que resultan ser lo que parecen. Stephen King, por ejemplo: sus cejas a lo Locos Addams en las fotos de solapa combinadas con los horrores delirantes de sus historias siempre me hicieron pensar en Drácula. Cuando finalmente lo conocí, King estaba en Miami tocando, junto a Amy Tan, en una banda de jook-house llamada Los Remainders. Era un verdadero rayo de sol, pura risa, la imagen misma de la diversión inocente, un Conde Drácula que en la vida real era Peter Pan. Por poner otro ejemplo: Carl Hiaasen, el genio que ha escrito novelas tan sencillas como Striptease, Sick Puppy, y Skinny Dip, es en persona muy inteligente, reflexivo, sobrio, cortés, incluso galante, el caballero sureño más educado que se puede pedir (y yo los pido todo el tiempo y nunca los encuentro). Pero el caso de Hunter Thompson era distinto: el gonzo –término acuñado por el propio Hunter– que se leía en las páginas de Miedo y asco en las Vegas (1971) y en sus clásicos de la Rolling Stone, tales como The Kentucky Derby is Decadent and Depraved (1970), era el mismo que uno después conocía en persona. Uno no almorzaba ni cenaba con Hunter Thompson. Con él, uno asistía a un evento a la hora de comer.
Yo no conocía a Hunter cuando el libro que lo estableció como una figura literaria, The Hell’s Angels, a Strange and Terrible Saga (Los Angeles del Infierno), fue publicado en 1967. Era periodismo de investigación brillante, arriesgado, escrito con un estilo y una voz que nadie había visto ni escuchado antes. El libro revelaba que él había estado presente en una fiesta para los Hell’s Angels organizada por Ken Kesey y los Merry Pranksters, su comuna hippie (en una época en que el término no era “hippie” sino “acid-head” (adictos al LSD). La fiesta sería una escena clave en el libro que yo estaba escribiendo (The Electric Kool-Aid Acid Test). Llamé sin más a Hunter a California, y él me brindó generosamente no sólo sus recuerdos sino también las grabaciones que había hecho en esa primera famosa alianza de los hippies y las bandas de motociclistas “forajidos”, una saga terrible y extraña en sí misma, que culminó con los Rolling Stones contratando a los Angels como guardias de seguridad para un recital en Altamont, California, y los “guardias de seguridad” matando a golpes a un espectador con tacos de billar.
Como agradecimiento, invité a Hunter a almorzar cuando estuviera en Nueva York. Fue un brillante día de primavera de 1969. Resultó ser uno de esos tipos jóvenes, larguiruchos, altos y huesudos, de ojos alarmantemente iluminados, de esos que, según mi experiencia, son más propensos a las explosiones maníacas que cualquier otro tipo de ser humano. Hunter no conversaba con uno sino que hablaba mediante salvas explosivas de palabras sobre un tema determinado.
La vida de Hunter fue un alarido largo y salvaje. Tom WolfeIbamos caminando por la calle 46 Oeste hacia un restaurante, The Brazilian Coffee House, cuando pasamos por un local de náutica. Hunter se detuvo, se zambulló en el local y emergió con una pequeña bolsa de papel madera. Un sexto sentido, probablemente activado por los ojos alarmantes y la elevación y caída de tres centímetros de la nuez en su garganta, me dijo que no preguntara qué había en su interior. En el restaurante lo dejó sobre la mesa mientras comíamos. Finalmente, el tonto que llevo dentro no pudo con la curiosidad y preguntó: “¿Qué hay en la bolsa, Hunter?
Tengo algo que podría vaciar este restaurante en 20 segundos”, dijo Hunter. Comenzó a abrir la bolsa. Sus ojos se habían iluminado a 300 watts. “No, no importa”, le dije. “¡Te creo! ¡Mostramelo más tarde!”. De la bolsa sacó algo que parecía un pequeño frasco de espuma de afeitar para viajes, sin tapa, y lo presionó. Entonces sobrevino el sonido más penetrante que había escuchado jamás. No despejó el Brazilian Coffee House. Lo congeló. El lugar quedó tan en silencio que se escuchaba el tic tac del reloj antiguo de la cocina. Los trozos de carne en los tenedores habían quedado suspendidos en el aire. Un mozo que preparaba un cocktail quedó petrificado, sosteniendo la coctelera con ambas manos apenas debajo del mentón. Hunter deslizaba la pequeña lata hacia el interior de la bolsa de papel. Era el aparato de señales de alarma de la Marina, audible a 30 kilómetros en el agua.
La siguiente vez que lo vi fue en junio de 1976, en la Conferencia de Diseño de Aspen, Colorado. Para ese entonces Hunter había comprado una enorme granja cerca de Aspen en la que parecía criar principalmente perros viciosos y armas mortales, tales como su Magnum .357. Alardeaba con ellas a modo de advertencia hacia quienes (presuntamente los Hell’s Angels) le habían estado enviando amenazas de muerte. Lo invité a cenar a un restaurante elegante y a una presentación en Big Tent, donde se llevaba a cabo la conferencia. La mujer que pronto sería mi esposa, Sheila, y yo le hicimos nuestros pedidos a la moza. Hunter pidió dos daiquiris de banana y dos banana splits. Una vez que los terminó, llamó a la moza, giró su dedo índice en el aire y dijo: “De nuevo”. Sin dudarlo un instante se bajó los tercer y cuarto daiquiris de banana y los tercer y cuarto banana splits, y partió con un vaso de Wild Turkey en la mano.
Cuando llegamos a la carpa, los porteros se negaron a dejarlo entrar con el whisky. Comenzó una ruidosa discusión. Yo le murmuré a Hunter: “Dame el vaso, lo paso bajo mi campera y te lo devuelvo adentro”. Pero eso no le interesó en lo más mínimo. Lo que yo no había entendido era que no se trataba de entrar a la carpa o de tomar whisky. Era el grand finale de un evento, un happening destinado a poner las cosas de cabeza. A la larga, todos fuimos expulsados del lugar, y Hunter no podría haber estado más feliz. La cortina bajó. Al menos por esa noche. Hunter fue algo completamente nuevo, algo único en nuestra historia literaria. Tom Wolfe

Según su visión de las cosas, había cortinas... y cortinas. En el verano de 1988 yo me encontraba en el Festival de Edimburgo, Escocia, cuando un escocés de cabello plateado, agitado pero de todos modos serio y mesurado, se me acercó y me dijo: “Tengo entendido que usted es amigo del escritor norteamericano Hunter Thompson.”
Le dije que sí.
Por Dios, se suponía que su amigo el Sr. Thompson iba a dar una conferencia en el Festival esta noche, y acabo de recibir una llamada de él diciendo que está en el aeropuerto Kennedy y que se ha encontrado con un viejo amigo. ¿Qué le pasa a este hombre? ¿Se encontró con un viejo amigo? ¡No hay manera de que llegue acá para esta noche!
Señor –le dije–, cuando uno compromete a Hunter Thompson para una conferencia, tiene que darse cuenta de que no va a ser realmente una conferencia. Es un evento, y me temo que usted acaba de tener el suyo.”

La vida de Hunter, como su obra, fue un alarido largo y salvaje, para usar la expresión de Whitman, de libertad y parodia –alimentada por las drogas– de todas las convenciones sociales que comenzaron en los ‘60. En esa empresa, Hunter fue algo completamente nuevo, algo único en nuestra historia literaria. Cuando incluí un fragmento de The Hell’s Angels en una antología de 1973 llamada El Nuevo Periodismo, él me dijo que no formaba parte de ningún grupo. Que él escribía a lo “gonzo”. Que era sui géneris. Y eso es lo que era.
Sin embargo, también fue parte de una tradición centenaria de las letras norteamericanas: la tradición de Mark Twain, Artemus Ward y Petroleum V. Nasby, escritores cómicos que le agregaron a la comedia humana un nuevo capítulo en la historia de Occidente, en particular, en la historia norteamericana, y escribieron de un modo que era parte periodismo y parte memorias personales, combinadas con los poderes de una invención salvaje y una retórica aún más salvaje inspirada por la bizarra exuberancia de una civilización joven. Ninguna categorización abarca esta nueva forma, excepto la palabra inventada por el propio Hunter Thompson: gonzo. Siendo así, Mark Twain fue el rey de todos los escritores gonzo en el siglo XIX. En el XX fue Hunter Thompson, a quien yo nominaría como el mayor escritor cómico en lengua inglesa del siglo XX.

Memorial print by Ralph SteadmanPublicado en Página/12 el 5 de marzo de 2005

: : Las ilustraciones son de Ralph Steadman.

Mescalito

Por Hunter S. Thompson

Traducción de Juan Forn
Título original: Screwjack
PARA MONA, que hizo posible este exabrupto

Introducción

Querido Maurice:
Hola. Que tengas un buen día. Sí. Mahalo. Prepárate. He vuelto finalmente del Yermo, donde fui perseguido & atormentado por tremendos gatos monteses radioactivos durante casi veintidós semanas.
Cuando por fin logré escapar me mandaron a la Cámara de Descompresión junto a alguna gente que fui incapaz de reconocer, de manera que me derrumbé en pedazos & ahora no recuerdo nada ni a Nadie, ni siquiera quién era yo todo ese tiempo, que se remonta hasta el Día de la Marmota.*1
Por eso me atrasé con mi correspondencia. No podía ser localizado excepto por Las Fieras, y ellas me odiaban, nunca supe Por Qué. No me dieron ninguna explicación.

* * *

¿Y qué? ¿Quién necesita explicaciones para algo semejante? Huir es lo único que importa en esos casos, si exceptuamos las horribles cicatrices, pero ése es otro cantar. Hoy toca lidiar con El libro, cosa que requiere toda mi atención y la tuya.
Una puta descerebrada no hablaría así, Maurice.
No hay Verdad en ellas. Pero yo no soy una puta descerebrada, y aun si lo fuera, no podría recordarlo.
A quién le importa. La mierda salpica, a veces. Hay días en que no extraño para nada mi memoria… La mayoría, de hecho. Es como saber que fuiste un hijo de puta en tu Vida Previa, y entonces alguien te dice que trates de no aullar más cuando duermes. La cosa empieza a asustarte…
Pero no a mí, Maurice.
En cuanto al ORDEN, creo que Screwjack debería ir al final & Mescalito primero, para que la tensión dramática & la anomalía cronológica vayan intensificándose como en el Bolero, en un vertiginoso y salvaje crescendo que arrastrará implacablemente al lector hacia las alturas & desde allí lo dejará caer al abismo… Ése es el Efecto Buscado, y si abrimos con Screwjack no ocurrirá, sencillamente.
El libro se nos disolverá entre las manos.

* * *

Okey. Eso es más o menos todo por el momento. Podemos liquidar el asunto en un abrir y cerrar de ojos… Y ya. Tengo que salir ahora, a matar un zorrino o él me matará a mí. Hay cosas que no cambian nunca.
Así que me despido, tu siempre amable y sereno amigo,
Hunter

16 de febrero de 1969
De vuelta en Los Angeles, de vuelta en el Continental Hotel… atosigado de píldoras y sándwiches y Old Crow y una botella de Louis Martini Barbera recién terminada, mirando por el balcón del piso once a una ambulancia policíaca que deja un surco aullante por el Strip en dirección al Whisky-à-Gogo, donde solía sentarme a la tardecita con Lionel a charlar con las putas de franco… Mientras miraba el panorama desde allá arriba, cuatro hippies en pantalones oxford, dos parejitas, haciendo autoestop hacia Hollywood, me vieron acá arriba y me saludaron con la mano. Yo contesté el saludo y ellos me dedicaron la V de la victoria, y yo se la devolví. Entonces uno de ellos me gritó: “¿Qué estás haciendo allá arriba?”. Y yo contesté: “Estoy escribiendo sobre ustedes, los enfermitos de las calles”. Seguimos así un rato, sin comunicarnos mucho, me sentí como Hubert Humphrey en Grant Park. *2
Si Humphrey hubiese tenido balcón en aquella suite del piso veinticinco del Hilton, quizá se habría comportado de otra manera. No es lo mismo mirar por una ventana. Asomarse a un balcón es como estar en un trampolín. De todas maneras, me impresionó un poco la distancia entre aquella pandilla callejera y yo; para ellos era otro pez gordo asomándose al vacío desde el balcón… Lo que me recordó a James Farmer *3 en la tele hoy, contando en Face the Nation cómo mantuvo sus contactos con los comunistas negros, con su papada cimbreante y sus modales de fiolo, para el regocijo condescendiente de George Herman y Daniel Schorr… Y poco más tarde McGarr *4 recordando en el Luau de Beverly Hills los tiempos en que Farmer era un radical y cuánto lo alarmaba que se hubiera alejado tanto de la vanguardia… Lo alarmaba, dijo, porque temía que pudiera pasarle lo mismo a él… Lo que nos lleva de vuelta a aquel déjà-vu mío en el balcón: Humphrey mirando la multitud allá abajo en Grant Park, antes de que se anunciara su candidatura presidencial, cuando aún teníamos opciones… Y entonces vi que los cuatro hippies se subían a un taxi (sí, habían parado a un taxi), así que bajé a comprar otra botella en el King’s Cellar de la esquina donde el empleado miró mi tarjeta Diners y dijo: “¿Usted no es el tipo que hizo aquello con los Hell’s Angels?” Y me sentí redimido… Selah.

18 de febrero
Aún en LA, tomando notas… una y media de la mañana y el pánico químico me comprime el cerebro mientras contemplo este artículo sin terminar, una semana (no, tres días) con los pilotos de pruebas de la Base Edwards en el desierto… Me temo que ya no funciona la combinación de escribir y juerguear con viejos amigos, el embriagador y exasperante síndrome de derrochar el tiempo postergando la escritura hasta las dos o tres de la mañana ya no alcanza… Especialmente atosigado de píldoras y marihuana y semiborracho y pasado de fecha de entrega, con los de Nueva York aullándome al oído… La presión se acumula como una tormenta eléctrica en mi cerebro. Agotado y despelucado de no dormir, o por lo menos no lo suficiente. Con llamadas pendientes y reuniones pendientes y dineros pendientes y efectos químicos pendientes, esperando que la presión acumulada encuentre una brecha de salida y me ponga en movimiento, desoxide los rieles, me lleve a destino, quiebre este maldito hábito de no llegar nunca al final de nada –nada.
Y ahora suena la alarma de incendios en el pasillo…Terrible estridencia, pero los pasillos están vacíos. ¿Se está incendiando el hotel? Nadie contesta el teléfono en la recepción, la operadora tampoco contesta… sólo la alarma chilla. Qué sabemos de incendios en hoteles: 75 VÍCTIMAS FATALES SALTAN AL VACÍO PARA EVITAR LAS LLAMAS (y yo en el piso once)… Pero aparentemente es una falsa alarma. La operadora al final contesta y me informa que fue “sólo un cortocircuito”. Pero los pasillos siguen vacíos; esto pasó en Washington también, en el acto de Nixon. Falsa alarma y nadie en los pasillos salvo un tipo gritando por el conducto de ventilación: “¿Alguien me la quiere chupar?”.
Los cimientos se desmoronan.
Ayer un drogón trató de secuestrar el dirigible de Good Year para llevarlo al festival de rock & roll en Aspen… llevaba una guitarra y un cepillo de dientes y una radio a transistores que según él era una bomba… “Mantuvo en vilo a las autoridades”, dice el LA Times, “durante más de una hora, alegando que era George Harrison de los Beatles”. Se lo llevaron arrestado, pero no pudieron decidir cuáles eran los cargos así que fue a parar al manicomio.
Mientras tanto las colinas siguen desmoronándose, arrastrando casas, sepultando caminos.
Ayer cerraron dos carriles de la Pacific Coast Highway entre Sunset y Topanga… Cuando pasamos por ahí en el convertible británico de juguete de McGarr rumbo a la casa de Gover en Malibú, vimos dos casas que colgaban en el vacío colina arriba, una nube de polvo caía aún de sus cimientos.
Era sólo cuestión de tiempo, y no había ningún remedio capaz de evitar que ambas se desplomaran sobre la autopista tarde o temprano. Siguen socavando las colinas para ofrecer más terrenos a la construcción, siguen cavándose sus tumbas. Los incendios forestales arrasan con todo en verano, las lluvias generan aludes en invierno… erosión masiva, fuego y barro, y un terremoto anunciado para abril. Pero a nadie le importa un carajo.
Hay semillas de marihuana por toda la alfombra de mi habitación de hotel… cuando me agaché para atarme los zapatos y tuve una visión a ras del piso fue como si alguien hubiera iniciado una plantación casera. Me recuerda aquella habitación de hotel de Missoula, Montana, que llené de ladillas… las fui juntando una por una, y las soltaba en mi habitación… hasta que me tuve que ir a Butte.
Y aquella otra vez en ese hotel en que llené uno de mis zapatos de marihuana y los ácidos de John Wilcock *5: tremenda escena en la frontera canadiense, yo con toda esa droga, incapaz de recordar dónde vivía cuando me preguntaron mi domicilio…creí que había llegado mi fin, pero después me soltaron.
Y ahora, por puro accidente, leo “Propiedad de Fat City” (léase Oscar-trueque-autopreservación-pillaje) en el costado de mi máquina de escribir. ¿La robé en algún lado? Sólo Dios sabe… Semillas por toda la alfombra y una máquina de escribir ajena. Vivimos en una jungla de desastres inminentes, caminamos perpetuamente por campos minados… ¿Caerá mi avión mañana? ¿Y si lo pierdo? ¿El siguiente caerá también? La casa de unos amigos de Gover en Topanga se incendió anoche, no salvaron nada salvo un Cézanne. ¿Dónde iremos a parar así?

18-19 de febrero
Está por amanecer, niebla espesa en mi cerebro y no me queda ni una Dexedrina. Primera vez en por lo menos cinco años sin mis pequeñas bombas energéticas. No queda nada en el frasco salvo cinco Ritalin y una oblonga cápsula de mescalina y anfetas. Ignoro en qué proporciones y qué clase de anfetas son. Ignoro el efecto que tendrá en mi cabeza, en mi corazón, en mi organismo. Pero el Ritalin es inservible a esta altura, no tiene la potencia suficiente… así que tendrá que ser la cápsula. Oscar *6 viene a las diez, para llevarme al aeropuerto a tomar el vuelo a Denver y Aspen… Así que si me hundo en las alucinaciones él se encargará de sacarme del hotel. El vuelo en sí será otro tema. ¿Cuánto puede prevenir un hombre? (Bueno, ya me la tragué, a la condenada… Pronto se hará cargo de todo. No tengo idea de lo que se viene; con el cansancio y devastación general que tengo puede pasar cualquier cosa. Carezco de resistencia, de manera que cualquier reacción será extrema. Nunca he tomado mescalina.)
Mientras tanto, allá afuera en el Strip, la función zoológica no se detiene. Miré un rato cómo cuatro oficiales de policía vapuleaban a dos adolescentes, después los esposaban y se los llevaban. Terribles aullidos llegaban hasta mi balcón. “Perdón, señor, no quise… Dios, basta, por favor” WHACK. Uno de los policías tironeaba de los pies al aullante mientras el otro lo pateaba para que se soltara de la verja de alambre; cuando se soltó, se arrodilló a su lado y le sacudió dos puñetazos en la cabeza. Estuve tentado de manotear una de las botellas vacías para tirársela a los polis pero me contuve.
Más tarde, más ruido… esta vez un drogón, cantando a todo lo que le daban los pulmones; algo medieval, me pareció. Ajeno a los demás, cantando su canción, en medio de la calle.
Como la escena de los balazos en aquella película, ¿Alfie? Y también la escena inicial, con ese tipo que entraba en su casa de plástico, vomitando y puteando por las noticias, y entonces sacaba una pistola y disparaba al techo… enloquecido por las noticias y las presiones del ascenso social… antes de irse al Classic Cat o a visitar a la esposa de algún amigo… y de allí a la escena de los balazos…Sí, ya me estaba haciendo efecto.
Dios, las 6:45 y la mescalina ya se ha apoderado seriamente de mí. La carcaza metálica de la máquina de escribir ha virado de un verde opaco a una especie de azul fluorescente, las teclas centellean, rutilantes… Yo más o menos levito de la silla y quedo suspendido –no estoy sentado– frente a la máquina. Un brillo extraordinario lo recubre todo… La sensación física es como la primera media hora de un ácido, una especie de vibrato generalizado, envolvente, pero la vibración viene de adentro, no se ve el menor signo externo de ella. Me asombra que pueda seguir tipeando. Siento que la máquina y yo carecemos de peso; ella flota tal como floto yo, dos refulgentes juguetes. Alucinante, todavía puedo mantener la ortograf… tuve que pensarla, ésa. Alu-ci-nante. Dios mío, ¿cuánto peor se va a poner? Ya son las siete, tengo que dejar la habitación en una hora. Si esto es el comienzo de uno de esos viajes de ácido, creo que debería descartar la idea de subirme a un avión.
El avión despegando y yo amarrado a una butaca, en este estado; una experiencia insufrible, para volarte la tapa de los sesos. No tengo resto para alejarme de la tierra más de lo que estoy; si saliera al balcón ahora, creo que levitaría suavemente hasta apoyar los pies en la calle allá abajo.
Y se está poniendo peor, tengo espasmos en un músculo del muslo, cada vez que cimbrea es como si se hubiera soltado de alguno de sus extremos…Puedo verlo y sentirlo, pero como dos sensaciones disociadas. No hay conexión entre la mente y el cuerpo… aunque puedo seguir tipeando, y a bastante velocidad, mayor a la normal. Sí, definitivamente me está haciendo efecto, se parece mucho al ácido, un placentero letargo corporal mientras el cerebro lidia con algo contra lo que jamás lidió (uf, eso fue difícil de redactar). Todo el trabajo lo está haciendo la cabeza en este momento, ajustándose a los nuevos estímulos como un soldado veterano que cayó en una emboscada y, después de un momento de pánico, recupera sus instintos, aunque no tenga el dominio de la situación: atento a la menor posibilidad y esperando a la vez lo peor… Y aquí viene lo peor. No existe la más remota posibilidad de que me levante de esta silla, sería incapaz de dar un paso, lo único que puedo hacer es tipear… la sangre me circula por el cuerpo a frenética velocidad. Pero no se siente ningún bombeo, sólo la intensidad de su circulación… La velocidad interior… y el rumor, ese murmullo sin sonido, ese vibrato, y todo es cada vez más deslumbrante.
El punto rojo que tiene cada una de las teclas de esta máquina de escribir parece hecho de sangre arterial, palpitan y titilan como si tuvieran vida propia.
Tengo ganas de vomitar, pero la parálisis es más fuerte. Mis pies están helados, mis manos están heladas, mi cerebro en una prensa a rosca… fantástico esfuerzo para levantar una lata de Budweiser y dar un trago, bebo como si aspirara hondo, y una bocanada de frío llega hasta el estómago…mucha sed, pero sólo queda ese resto de cerveza en la lata y es demasiado temprano para pedir al servicio de habitación. Cristo santo, voy a tener que lidiar con toda esa mierda de empacar, pagar, dar propinas, esa mierda complicadísima en cualquier momento. Si la cosa se pone peor voy a hacer una escena para que me traigan cerveza… mantengamos la distancia del teléfono, concentrémonos en el punto rojo de las teclas… esta máquina es mi cable a tierra, sin ella perdería el rumbo por completo. Debería llamar a Oscar y hacerlo venir con unas cervezas, para que me mantenga lejos de ese balcón. Mierda, esto es verdaderamente fantástico, el frío me sube por las piernas y siento una bola de terror anidando en mi estómago, cuánto más voy a alucinar… Encendamos la radio, hagamos foco en algo, no en las palabras, en las ruines mentiras habituales… Dios mío, está saliendo el sol, la habitación entera encandila, una nube cubre el sol, es como si la nube pasara por dentro de esta habitación cuando se traga toda la luz, ya se fue porque de vuelta rebalsamos de luz, se ha ido, estará en alguna parte allá afuera… Tipear se está poniendo complicado, pero hay que seguir, es mi cable a tierra, mi sostén mental, no lo dejemos ir. Cualquier mal paso generaría un alud, que no falle el pulso, concentración, foco; Dios, no puedo sonarme la nariz, no la puedo encontrar, pero la veo, mi mano sabe dónde está pero el ojo y la mano no coordinan, tengo hielo en la nariz, la radio lo hace tintinear, música de flauta, todo es tan cristalino y trémulo y vertiginoso que no puedo moverme…
Uno de los puntos rojos saltó de la máquina, es una cápsula espacial flotando a través de la página al son de un asqueroso soul impostado que viene de la radio, Melvin Laird *7 cantando para ustedes The Weight, O yes we get wearee weeri wearih…Meloso y pegajoso como fijador para el pelo.
Anthony Hatch *8 está en Jerusalén, Dios mío, eso significa que empezaron las noticias, no, por favor que no mencionen a Nixon, sería demasiado para esta mente vapuleada… Esfuerzo bestial para encontrar otra estación de radio con este dial, pasemos a FM ya mismo, evitemos las noticias, algo sereno, en idioma extranjero… ya estarán pasando por televisión las noticias, pero no voy a encenderla, no voy a mirar en su dirección siquiera… no quiero ni ver la cara de Nixon… MIERDA, llamé a Oscar, fantástica tarea la de discar, y daba ocupado… colguemos el teléfono, no nos deliremos, ignoremos este extraño temblor, riamos, sí, apelemos al sentido del humor, escabullámonos… Cristo santo, tengo que ponerle llave a la puerta y colgar el cartel NO MOLESTAR, que no entre nadie. Acabo de oír a una de las mucamas arrastrando su carro por el pasillo, probando los picaportes… jo, jo, hola, y mi famosa sonrisa… Sí, finalmente conseguí hablar con Oscar, viene hacia acá con unas cervezas… El problema ahora es no enemistarme con el personal del hotel pidiendo cerveza a gritos a estas horas de la madrugada… zona de desastre inminente, no pelear con el personal, no en este catastrófico estado… debo hacer durar este último sorbo de cerveza hasta que Oscar llegue con más… un amortiguador humano, eso necesito, alguien que me contenga o me domine… de vuelta las noticias, hasta en FM. Y ahora el fragmento musical auspiciado por Máquinas de Coser Singer, dura quince minutos, nuestra Gran Oferta de Cumpleaños en Washington no nos deja mentir, nuestras máquinas pueden embutirlo en una bolsa cerrada con doble costura con tal rapidez que creerá que encegueció de repente… Dios bendito no es posible que no quede un solo acorde de pacífica humanidad por la radio… creí haber pescado uno, pero no era más que basura publicitaria… ahí está, un violín, quedémonos ahí, hagamos foco en ese sonido, montémonos en él… no tengo cerveza suficiente, la sed me condenará a pelear con el personal… no, si queda algo de hielo, en el balcón, ahí quedó, vamos… cuidado, no asomarse, no mirar… alzar con cuidado los hielos que queden, retroceder ahora, volver a la silla, LISTO, pero mis piernas son de gelatina, imposible moverme excepto rodando, no nos desviemos de nuestro camino, no nos acerquemos al teléfono, sigamos tipeando, control, un poco de control… Dios, me vibran las manos ahora, cómo voy a tipear así, las teclas parecen almohadones plásticos esponjosos y los puntos rojos que titilan como en cámara rápida, al son de las palabras que escribo… gracias a Dios por la Sonata en Fa Mayor para Oboe y Guitarra de Charles Starkweather…*9, nada de publicidad, ni de noticias, música pura… la salvación tiene muchas caras, recordemos enviar un cheque a esta estación de radio cuando nos recuperemos… ¿KPFK? *10. Creo que era ésa. La escalada crítica de cerveza aumenta, lo único que queda en esta lata es saliva… mierda, la mitad de mi cerebro está evaluando cómo conseguir más, pero no vamos a permitírselo.
De ninguna manera. Pensemos en otra cosa, gracias a Dios por la música, si pudiera llegar hasta el baño y manotear una toalla y tirarla encima del puto televisor, están pasando las noticias, puedo olerlas. Siento los ojos del tamaño de pomelos. Dónde están mis anteojos negros, ahí, arrastrémonos, la nube ha terminado de pasar en serio ahora, fuego blanco en las paredes, las teclas de la máquina encandilan… mientras allá abajo el tránsito se mantiene constante por Sunset Strip, Hollywood, California, código postal desconocido…
Venimos de una gira por la Unión Soviética y Dinamarca, digamos, cuidado, no hay que abalanzarse a las noticias, mantengamos la pureza, sí, como esa flauta, esa música… ¿Cigarrillos hay?
Otra área crítica… y ahí está de vuelta esa maldita mucama probando el picaporte, qué mierda quiere.
Dinero no tengo, y si llega a entrar va a pasar el resto de sus días bajo los efectos del ataque de pánico.
No estoy de humor para lidiar con mucamas, fuera de aquí, van de habitación en habitación como alimañas tullidas… Sonriamos, bien, incorporémonos, recuperemos el control, jo, jo… ¿Cuándo amaina el efecto de esta mescalina? Más bien se está acrecentando. Sé que no puede ser peor que un ácido, pero todas las evidencias me dicen lo contrario. Tengo que tomar un avión en dos horas.
¿Podré? Dios mío, no puedo subir a un avión en este estado… No podría ni acercarme… Oh, no, y esta aspereza qué es… tengo la boca y la garganta como pedregullo hirviendo, adónde se fue la saliva…
La botella de Old Crow, si pudiera verter lo que queda sobre estos hielos derretidos… la pausa que refresca… Sírvanle un trago al caballero, por favor, ¿acaso no ven que tiene el cerebro en cortocircuito y el pozo seco y ya le sale humo por las orejas?, sírvanle un trago de una vez. No perdamos la calma, necesitamos CONCENTRACIÓN… eso, la música, melodía floral germana, Martin Bormann canta al conejo blanco, emboscado en la selva por una legión de vietnamitas desnudos, whisky über alles, sírvanme ese trago, sírvetelo de una vez, levántate y hazlo. LISTO… Pero mis rodillas están soldadas y mi cabeza está a ocho metros de distancia de mis pies, no es fácil moverse en esta habitación de menos de tres metros de altura. Y tanta luz, los anteojos, los necesito, destrabemos las rodillas y vayamos hacia allá… Ah, al menos me puse los anteojos negros, pero la luz sigue siendo deslumbrante. Salir del hotel y tomar el avión no va a ser fácil… No hay en mí mucha esperanza, pero ésa no es manera de pensar, me las he arreglado para hacer todo lo que hice hasta ahora. Ocho y veintitrés según la radio, se viene otra tanda de noticias, puedo oírlas agruparse en el cable del televisor… Nixon ordenó la entrada de brigadas en Berkeley… sonríe… relájate, bebe tu trago. Gaitas por la radio ahora, o son violines… están jodiendo con esos instrumentos, ésa no es manera de tocar, y por el pasillo se oye un tractor, no, una pala mecánica… Son las mucamas que han traído una pala mecánica para arrancar la puerta de cuajo, como quien destroza una telaraña… Este hotel se ha ido al carajo desde que lo compraron los de esa cadena, ya no hay más pomelos en los veladores, ya no hay más pintura negra en las paredes y así estamos de encandilados. Estas paredes necesitan pelaje oscuro, y ladillas, para darle vida. Y la alfombra cruje como pochoclo bajo mis pies, quién plantó estas semillas de marihuana, y por qué no las riegan…
Eso, he ahí una tarea, rociar esta alfombra, hace falta un aguacero tropical para que no se pierda la cosecha… que nunca falte agua, y podar las hojas cuando corresponda. Atención a quién se le alquile la habitación, debe ser gente especial, amantes de la naturaleza, labradores, botánicos… y que esas malditas mucamas no aprovechen para colarse, por el amor de Dios. Detestan que crezcan cosas en la alfombra, son como finlandesas de tercera generación, sus viejos músculos vueltos grasa colgante…¿Grasa colgante? ¿Finlandesas? Un poco de cordura por favor. Ahí llega Oscar, con la cerveza.
Creo que me estoy estabilizando, es igual que después de la primera embestida del ácido. Si esto es el pico, creo que voy a poder tomar ese avión, aunque deteste hacerlo. Expelido a las alturas en un tubo metálico, amarrado a una butaca, rodeado de desconocidos… Sí, me parece avizorar un remanso, aunque mis manos sigan vibrando y revoloteando sobre el teclado. Una nueva nube cubre el sol, o quizá sea esmog… el resplandor se ha apagado, nada destella en los edificios vecinos ni en los techos ni abajo en la calle, sólo aire opaco y gris.
Veo una mezcladora de cemento, gris y roja, allá lejos por la calle. Parece un autito Matchbox de los que venden en los aeropuertos. Debo conseguir uno para Juan *11. Creo que alcanzaré el avión. Algún día, cuando las cosas sean como deben ser, podremos repetir esto introduciendo una moneda en la cama vibradora de la habitación en cualquier hotel de la cadena Holiday Inn, después de tomar una pastilla especial para la locura… Un momento, podemos hacer eso ahora. Podemos hacer cualquier cosa, ¿por qué no?

* * *

Fotocopia con las notas de ayer del autor sobre el programa musical que ofrecerá el vuelo de hoy de Continental Airlines, auriculares individuales para cada pasajero y un selector de seis canales, además de controles individuales de volumen en cada asiento. Al tener el “programa” veinticuatro horas de antigüedad produce efectos más bien dantescos en una cabeza ya previamente atosigada de cacofonía, como ver un partido de la NFL con una planilla de la AFL.*12.

* * *

11:32 –levito de nuevo, no peso nada –muy extraño, Los Angeles allá abajo –auriculares y perillas –cambio de canal, de Cristo a Leon Blum al discurso de Haile Selassie a la Legión Canadiense.

* * *

Alquilo un auto barato en el aeropuerto –evito Batrollers y llego como un rayo a Big Sur –hago arrestar a Michael Murphey *13 por el asesinato del último resto de música legítimamente hillbilly de toda la Costa Oeste. ¿Quién puede culparme por azotar a aquel parapléjico en los baños? Cualquiera hubiese hecho lo mismo. Selah.

* * *

Quiénes son estos cerdos –como adicto certificado exijo que se me deje solo –bébete el aceite de eucalipto –y esta cantidad de perillas y botones, cómo no va a alucinar un ejemplar masculino aturdido por el estruendo de las turbinas –necesito una bolsa de ácidos y una tarjeta de crédito –evaluar los riesgos y corregir el curso de la nave –este avión no parece moverse –sólo ronronear –los auriculares –y el vibrato tintineante clásico del ácido –Saquen ese animal muerto del asiento –pónganlo debajo –¿dónde está mi bebida? Estos cerdos nos llevan de paseo –cárguelo a mi tarjeta –extraños ecos reactivos por los auriculares –Gabriel Heatter *14 aullando al fondo, conversaciones telefónicas –gente insólita conversando. Éste es el programa de ayer –nuevas canciones para hoy –un hiato sobrevuela entre los asientos y ahora tenemos a Kitty Wells *15 por los auriculares. Este canal está saturado de ecos y conversaciones telefónicas, insisto –Dios mío, no veo las alas del avión, y el precinto de mi whisky se ha congelado– un cuerpo que levita tiende a la autodestrucción, se agusana. Estoy cada vez peor (12:15). Debo avisarle al piloto, este avión es tortuoso a esta altitud. Ominosa sensación de habernos desviado de nuestro curso –hay fuego en mi cenicero –y cosas rarísimas por mis auriculares.

* * *

Notas manuscritas posteriores, en el aeropuerto de Denver, el efecto ha amainado pero no puedo relajarme, necesito un avión que me lleve a Aspen pero todos los vuelos están cancelados por culpa de una tormenta de nieve –y si no es a Aspen, que sea a Los Angeles –última oportunidad de enderezarme –esfuerzo final –mientras la otra mitad de mí se asoma al abismo. Alguno de esos cerdos tiene que conseguirme un vuelo –estoy transpirando obscenamente, tengo el pelo pegado al cráneo y la cara empapada –la droga se ha extinguido, no más vértigo, la energía se agota, actividad mental inconexa –el dirigible de Good Year como postrera opción pero no está disponible. Cuidado con las [ilegible] aves de rapiña que se mezclan entre la gente normal –conseguir un lugar en ese charter que sale en cinco minutos –mi estómago ruge, voy de una punta a la otra del aeropuerto clamando por un Alka-Seltzer –nadie despega de Denver. Ahora estoy en el asiento del copiloto de un Aerocommander –lo raro se alimenta de sí mismo –con un volante en mis manos y pedales en el piso y cuarenta y un relojitos enfrente, luces titilantes y sonidos incomprensibles por la radio –fumando, boqueando por oxígeno –enfermo, trastornado –dos Ritalin que no sirven de nada –me desbarranco –no tengo de qué aferrarme –burbujas en el cerebro –debo abrir la ventanilla, una bocanada de aire aunque los demás entren en crisis. Apesta a alcohol en esta estrecha cabina, nadie habla –miedo y asco, y mareo, y alucinaciones, y nubes. Ni un solo as en la manga –consumido. Mejor volver a Los Angeles que a Grand Junction –¿para qué ir hasta allá?
Caos en el aeropuerto de Denver –sudor y escalofríos y todos los vuelos cancelados –y las mucamas trabajando –y los cerdos mentirosos de los mostradores –“te alquilo un auto, chico” –disculpe, pero como adicto certificado no puedo conducir en la nieve –¡debo volar!

Los Angeles, 1969

Notas del Traductor

*1 2 de febrero. Según la festividad tradicional norteamericana, si las marmotas asoman ese día pero vuelven a sus madrigueras (como suele ocurrir), significa que habrá seis semanas más de invierno. Si permanecen en la superficie, en cambio, se lo toma como un anuncio del advenimiento de la primavera. La expresión se ha convertido en sinónimo de tiempo circular, como la cinta de Möebius (ése es precisamente el eje de la película Groundhog Day, protagonizada por Bill Murray).
*2 Durante la Convención Demócrata de 1968 en Chicago, Humphrey (vicepresidente de Lyndon Johnson) desplazó a Mc Govern como candidato presidencial demócrata para las elecciones y fue abucheado por miles de jóvenes opositores a la guerra de Vietnam, reunidos en Grant Park.
*3 James Farmer, abogado y militante pacifista, fue uno de los fundadores del Comité por la Igualdad Racial en 1942 y acompañó a Martin Luther King en su cruzada, hasta que en 1968 aceptó postularse como senador para los republicanos y, luego de perder, aceptó el cargo de Subsecretario de Educación que le ofreció Nixon.
*4 Gene McGarr, compañero de aventuras del autor durante la segunda mitad de los años sesenta. Cuando apareció el libro de Thompson sobre los Hell’s Angels, solía acompañarlo a las presentaciones televisivas (era el encargado de llevar la petaca de ron y las anfetaminas).
*5 John Wilcock fundó el Village Voice, acompañó a Timothy Leary en su experimento psicotrópico mexicano cuando a Leary lo echaron de Harvard, ayudó a Andy Warhol a crear la revista Interview, escribió cuatro libros de viaje Frommers “Con 5 dólares al día” (Grecia, Japón, India y México) y en 1971 publicó La autobiografía y vida sexual de Andy Warhol.
*6 Oscar Zeta Acosta, abogado y activista chicano, impenitente compañero de aventuras y desventuras de Thompson en Miedo y asco en Las Vegas. Autor de los libros Autobiography of a Brown Buffalo y The Revolt of the Cockroach People. Supuestamente fallecido en 1974.
*7 Melvin Laird, secretario de Defensa de Nixon, aconsejó al Presidente (junto al entonces asesor de Seguridad, Henry Kissinger) dejar que toda la culpa de la masacre de My Lai cayera sobre los oficiales de bajo rango (que debían alegar locura temporal), en lugar de buscar responsabilidades más arriba en la cadena de mandos. Cuando Hunter Thompson dice The Weight se refiere obviamente al peso de esa culpa.
*8 Tony Hatch, compositor de música ligera que en los años sesenta alcanzó fama por sus colaboraciones con Petula Clark. En 1969 hizo un viaje a Israel en busca de material para un musical “piadoso” que protagonizaría Clark, titulado Rock Nativity.
*9 Charles Starkweather, asesino serial que en 1958 dejó una seguidilla de once muertos en el trayecto entre Nebraska y Wyoming, junto a su novia menor de edad Caril Ann Fugate (tres de esos muertos eran la madre, la hermana y el pa drastro de ella). Murió en la silla eléctrica al año siguiente, a la edad de veintidós años. Oliver Stone y Quentin Tarantino se inspiraron en la pareja para el guión de Natural Born Killers y Bruce Springsteen hizo lo propio en su canción Nebraska.
*10 KPFK, o Pacific Radio, emisora fundada por los Grupos de Paz durante la Segunda Guerra Mundial en Berkeley, con filiales en Santa Monica y otros puntos de la Costa Oeste, adquirió en los años cincuenta y sesenta un perfil alternativo.
*11 Juan Fitzgerald Thompson, hijo de Hunter y Sandra Dawn Conklin. En el año 2005 fue el encargado de anunciar a la prensa y a las autoridades el suicidio de su padre.
*12 La AFL fue una fugaz liga alternativa que, entre 1960 y 1969, intentó disputarle a la NFL la hegemonía en el fútbol americano.
*13 Michael Martin Murphey, creador de la “American Cowboy Music”, trovador itinerante nacido en Texas que, a fines de los años sesenta, se instaló brevemente en el desierto de Mojave. Sus canciones de ese período fueron popularizadas por John Denver.
*14 Gabriel Heatter, famoso periodista radial, fue el primero en dar a conocer la tarea de Alcohólicos Anónimos por la radio (en 1939). Durante la Segunda Guerra, acuñó su frase más famosa “Good News Tonight”, con la cual logró levantar la moral de su audiencia durante los momentos más difíciles del conflicto.
*15 Kitty Wells era la reina de la música country hasta el advenimiento de Patsy Cline y Dolly Parton. Hacia fines de los sesenta, su estilo era ya un poco anacrónico.



Nota acerca de la viñeta que repetimos entre los párrafos
Hunter S. Thompson fue la cabeza visible del partido Freak Power, que en 1969 se postuló a la alcaldía de la ciudad de Aspen, Colorado. Un intento de la comunidad hippie por preservar su modo de vida y su ciudad de la voracidad de la especulación inmobiliaria, generada por una estación de esquí de lujo. Quedaron a solo seis votos de conseguirlo. Un año despues Thompson se presentó a elecciones nuevamente, esta vez para sheriff del distrito y volvió a perder por un estrecho margen (consiguió un 40% de los votos). Los carteles de su campaña mostraban un puño rojo sosteniendo un peyote confomando un encuentro gráfico entre la revolución bolchevique y la psicodélica. Con el tiempo, ese ícono, más la palabra Gonzo y la hoja de una espada, se convirtió en el símbolo del periodismo Gonzo.
Dice el periodista Lalo Zanoni en su e-Blog:

“Hunter Thompson, creador del periodismo “gonzo”, era de todo: loco, drogadicto, alcoholico, violento, irónico, marginal. También un talentoso que supo plasmar en el papel parte de la contracultura norteamericana en los años ´60 y ´70. Junto a Tom Wolfe, Truman Capote, Norman Mailer, Gay Talese, Jack Kerouac y un puñado más de nenes rebeldes, Thompson revolucionó el periodismo sacándole el jugo a un género que basicamente describía la realidad con técnicas de la literatura de ficción (…) El 21 de febrero de 2005, a los 67 años, se disparó un tiro en la cabeza.”

El relato Mescalito lo tomamos de su blog, de donde pueden bajarlo gratis en PDF.
Link: thompson.pdf

: : La ilustración pertenece al artista Ralph Steadman.

El catador oculto

Hunter Thompson es uno de los periodistas más célebres del siglo XX: su talento para conjugar en palabras los actos más audaces (en general combinados con grandes ingestas de sustancias tóxicas y armas de fuego de alto calibre y gatillo sensible), lo volvieron un exponente emblemático de esa forma de periodismo gonzo que se arrojó a perforar la realidad en los años ’60. Algunos lo recordarán por Días de ron, otros por Los ángeles del infierno y la mayoría por Miedo y asco en Las Vegas. Pero a principios de los ’90, Thompson editó apenas 326 ejemplares de un libro minúsculo que resumía su credo y su práctica: tres relatos sobre la experiencia con las drogas, las ilusiones perdidas y un amor bestial entre un hombre y un gato que el mismo Thompson utilizaba como parámetro de cuánto podía un lector aguantarlo. Finalmente, Mescalito se edita en la Argentina. Pruébelo. Aguántelo.

Por Juan Forn

Screw-Jack, the catEn una de las últimas apariciones públicas de Hunter Thompson, firmando ejemplares de los tres tomos de su correspondencia en una librería de Chicago, uno de sus fanáticos se presentó con una bolsa llena de ajados ejemplares del Gonzo, esperando que éste les estampara la firma. Thompson miró con ojos vidriosos al fanático y a la larga fila que se había formado detrás y declaró que sólo firmaría los libros que se hubieran vendido esa tarde. El fanático guardó contrito todos sus ejemplares menos uno y rogó al Gonzo que al menos le firmara ése. Se trataba de un librito de menos de cincuenta páginas, sin cubierta, con el título Screwjack y un tosco grabado de un gato alzando la cola en su primera página. Thompson ofreció al fanático firmarle toda la bolsa a cambio de ese libro. El tipo dijo que de ninguna manera pensaba desprenderse de él. Thompson sacó entonces un arma, se produjo gran revuelo en la librería y todo terminó con el retiro apresurado de la estrella de la jornada, acompañado de su entorno y varios guardias de seguridad.

Dame ese libro o te firmo la cabeza!!

La primera edición de Screwjack (Mescalito en la traducción que acaba de publicar en castellano Emecé) se publicó en 1991 en una tirada fantasma de 326 ejemplares numerados, sin tapa y sin incluir siquiera el nombre de su autor en portada, realizada por el desconocido sello editorial Neville Books of Santa Barbara. Como el libro no figuraba ni en los registros del ISBN ni en los de la Biblioteca del Congreso, los fans de Thompson discutieron durante años si se trataba de un objeto de culto de existencia real (por el cual se ofrecían hasta 500 dólares en foros de Internet) o de una humorada más de su icono. El precio de aquellos ejemplares numerados llegó a las nubes en los meses posteriores al suicidio de su autor, hasta que Simon & Schuster reeditó el libro con bombos y platillos a fines del 2005, con la leyenda “el inédito póstumo de HT” bien visible en tapa y en la campaña promocional de lanzamiento.

*** Nota del Staff: Sweetbooks.com es el sitio web de Skyline Books, un negocio dedicado a la venta de libros de literatura moderna, arte y fotografía que se especializa en la Beat Generation, la contracultura de los años sesenta, arte pop, activismo estudiantil, rock, libros autografiados, cultura pop, arte Avant-garde, y otras temáticas. Allí encontramos, entre obras de Bukowski, Bob Dylan, Andy Warhol y Keith Haring, esta copia -firmada por Hunter-, de la primera edición (de 300 ejemplares numerados, dicen) de Screwjack. El libro está forrado en tela y la tapa posee grabado en relieve el extraño dibujo que ven acá del que no pudimos conocer su autor. ¿El precio? 1500 dólares. Click sobre la imagen para ampliarla.

Hunter Thompson a mediados de los ’70

El breve volumen tenía la misma extensión que en su edición original: 48 páginas, repartidas en tres textos y una introducción en la que el propio HT explica en una carta a su editor (“Querido Maurice”) en qué orden deben ir los textos y por qué. El texto inicial (“Mescalito”) es una típica pieza de gonzo journalism que los fanáticos de HT considerarán “seminal” porque relata en tiempo real el primer viaje de mescalina al que se sometió el Gonzo, en un hotel de Los Angeles en 1969. Alguna vez, HT se definió a sí mismo como un political junkie; este texto ilustra bien por qué. Todas las alucinaciones que le produce la mescalina son políticas: la fecha del relato es febrero del ’69, poco después de los asesinatos de Martin Luther King y Bobby Kennedy, en el momento justo en que Nixon ordenó la represión de estudiantes en Berkeley y la prensa dio a conocer la masacre contra civiles cometida por tropas norteamericanas en My Lai (Vietnam). HT juguetea con la idea de tirarse del piso once o comenzar a disparar contra los policías que ve abajo, mientras los aparatos de su habitación de hotel (TV, radio despertador, máquina de escribir, heladerita, alarma contra incendios) conspiran para obligarlo a hacer algo, hasta que Oscar Zeta Acosta, el abogado chicano e impenitente compañero de desventuras de HT, acude en su ayuda y lo despacha por avión a Denver.
Si “Mescalito” es un destilado avant-la-lettre de la locura psicotrópica que HT desarrollaría hasta la demencia en Miedo y asco en Las Vegas, el segundo y tercer texto (“Muerte de un poeta” y “Screwjack”) pertenecen a lo que el Gonzo consideraba sus “ficciones” y despiden ambos, con los honores que se merecen, a sus dos heterónimos más conocidos: el poeta FX Leach (que aparece por primera vez en Fear and Loathing in Elko y reaparece en Better Than Sex) y el legendario Raoul Duke (mencionado por primera vez en Los ángeles del infierno y protagonista excluyente de Miedo y asco en Las Vegas y otras aventuras narradas por HT).
En la manera de morir que ofrendó HT a sus heterónimos en estos dos relatos (difícil encontrar un relato que culmine con la muerte de su protagonista que sea tan delirantemente eufórico como estos dos) puede hallarse explicación a la avidez con que sus fanáticos se han desvivido a lo largo de los años por conseguir una copia del librito en cuestión. También puede verse en esta despedida a FX Leach y a Raoul Duke la manera en que pensaba irse de este mundo el propio HT. Como bien ha señalado Nathan Cain, una de las grandes ironías de la carrera de Thompson es que haya vivido lo suficiente para ver desdibujarse todos los finales espectaculares que imaginaba para sí mismo (tal como lo demuestra el prólogo al primer volumen de su correspondencia, The Proud Highway, donde habla de sí mismo en tercera persona, describiendo un descabellado accidente de motocicleta en el que supuestamente perdió la vida). De hecho, muchos expertos en la obra de Thompson dicen que éste aceptó publicar su correspondencia en vida para que ésta contestara por sí misma todas las preguntas sobre “el verdadero Hunter Thompson” que a él tanto le fastidiaba enfrentar (entre ellas si escribió verdaderamente drogado Miedo y asco en Las Vegas, cosa que al parecer no fue así, como le confiesa en una carta al editor del libro, Jim Silberman, de Random House).
Lo cierto es que hay un magistral golpe de efecto al pasar de las alucinaciones de “Mescalito” a “Muerte de un poeta” y de ahí a “Screwjack”, tal como explica HT que es su cometido en la carta a su querido Maurice que abre el libro: “En cuanto al orden, creo que Mescalito debe ir primero, para que la tensión dramática & la anomalía cronológica vayan intensificándose como en el Bolero de Ravel, en un crescendo que arrastrará implacablemente al lector hacia las alturas & desde allí lo dejará caer al abismo. Ese es el efecto buscado, y si abrimos con Screwjack o Muerte de un poeta, el libro se nos disolverá en las manos”.
Screw-Jack, the catOtra de las discusiones en torno de este libro que se dan en los foros de Internet es la naturaleza de la relación sexual entre Raoul Duke y su gato en “Screwjack” (el título del relato es el nombre del felino). Hay quienes aseguran que HT habla incuestionablemente de penetración; hay quienes lo consideran una mera metáfora. Lo cierto es que todos los amigos de HT aseguran que él usaba ese relato como tester con las damas que iban a entrevistarlo a su rancho-fortaleza de Woody Creek (Colorado), para saber qué clase de “gonzo-tolerancia” tenían.
De hecho, eso es lo que habría sucedido en 1990, entre HT y una conocida actriz porno devenida productora llamada Gail Palmer-Slater, que asistió a una reunión en Woody Creek para comprarle al Gonzo los derechos cinematográficos de uno de sus libros (no especificó cuál al arreglar la cita). Durante los años ’70 y ’80, Palmer-Slater había formado una sociedad marital-conyugal de pingües ganancias con el mafioso Harry Mohney, poseedor de trescientos cincuenta cines porno en Los Angeles. Cuando sus bondades físicas comenzaron a declinar, Palmer-Slater convenció a Mohney para que le permitiera dirigir y producir sus propias películas (incluyendo algunas con el famoso John Holmes). Cuando Mohney se cansó de ella, Palmer-Slater hizo un arreglo con la policía para testificar contra él y enviarlo a la cárcel.
En 1990 se había casado con un dentista junto al cual asistió a una convención odontológica en Aspen, cuando tuvo la idea de ir a ver a Thompson para negociar con él su retorno al cine. Al día siguiente del encuentro, Palmer-Slater presentó una denuncia por acoso sexual contra HT en los tribunales de Aspen (la misma ciudad en la que Thompson se presentó como candidato a alcalde en los años ’70, con su propio partido, el Freak Power Party, y los republicanos y demócratas de la ciudad debieron unirse en lista única para vencerlo, en unas elecciones famosamente reñidas). La comunidad de Aspen se la tenía jurada al Gonzo desde entonces. Apenas fue radicada la denuncia (la Palmer-Slater acusaba a HT de haberle pellizcado “fuertemente” un pezón) y sin que viniera muy a cuento, la policía local realizó una redada que duró once horas en el rancho de Woody Creek.
Screw-Jack, the catSegún las actas del juicio posterior, se encontraron un gramo de cocaína, dos onzas de marihuana, treinta y nueve tabletas de LSD y una caja de cartuchos de dinamita. Así se inició un famoso proceso que duró más de dos años, durante el cual HT despidió a sus abogados y asumió su propia defensa. Luego de que se demostrara que las drogas y la dinamita halladas en el rancho tenían por lo menos una década de antigüedad (en la pericia, de resultados hilarantes, se determinaron los escasos efectos residuales que conservaban las sustancias tóxicas halladas), HT declaró en el estrado: “Vivo en Woody Creek hace veinticuatro años y puedo afirmar que gran parte de los freaks de este país (no todos, a Dios gracias) han pasado por esa casa. No veo por qué debe ser mi responsabilidad lo que hayan dejado olvidado en ella”.
Aun así, los propios abogados despedidos por Thompson daban por perdido el juicio hasta que la testigo principal de Palmer-Slater se puso a coquetear abiertamente con el acusado desde el estrado donde estaba declarando. Harto de tanta payasada y cobertura mediática, el juez archivó la causa y declaró inocente de todos los cargos a HT.
La Palmer-Slater nunca logró retornar al mundo del cine y se desconoce su paradero actual. En cuanto a los derechos cinematográficos de “Screwjack”, los fanáticos del Gonzo aseguran que se cremaron junto con el cuerpo de su autor y que fueron disparados al cosmos en una cápsula espacial (con la forma de un puño que apretaba un hongo de peyote) al son de la canción Mr. Tambourine Man de Dylan, durante las exequias de HT en su rancho de Woody Creek, financiadas según su viuda por Johnny Depp y Bill Murray, los dos únicos actores capaces de interpretar al Gonzo en el cine.

Publicado en el suplemento

Radar, Página/12 el domingo, 15 de Julio de 2007

Según dice Alejandro Rozitchner en su blog 100 volando:

"En este libro está el texto de Thompson que dió origen a la película "Miedo y asco en Las Vegas", que es bastante buena si uno logra tolerarla. No me gusta la mitologización del drogadicto extremo, ni en general sus producciones (Burroughs, etc), pero la verdad es que los escritos de este libro son fabulosos. Se siente una libertad desesperada en la forma en la que mira y siente al mundo. Cultiva un poco la sordidez, pero bueno, es su problema. Es un libro chiquito, lindo, lleno de fuerza, interesantísimo."

Este dibujo, copia del grabado visto en la tapa de la primera edición de 300 ejemplares, se reproduce en la contratapa de la edición que ofrece Amazon.com. Pinchando la imagen podés verla grande.

El Staff klamahánico recomienda, y ojo que no es costumbre

13 mayo 2008

Ilustración de Chinaski

Arrebolado, pasmado, anonadado, turulato, estupefacto, patidifuso. Así quedás, te lo juro. Se te pone la piel de poio, mirá, cuando entrás a Resacas, el blog de la Luc, más conocida (por la Federal) como Rosana Gutiérrez y famosa en los programas del corazón como La resacada. La verdad, no sabés si lo hace en joda, si es así o está estudiando, pero te aseguro que no te importa. Es más, yo diría que ahí radica el secreto. Tampoco sabés si lo que escribe es hiper realista, Su realista, ruralista o alcoholista, pero eso tampoco te importa. Valen (mucho más que) la pena los esfuerzos que hacés para que tu jefe no se de cuenta de que la estás pasando super viajando por la cabeza de Luc, en lugar de estar haciendo esas estadísticas inútiles que te pidió. Encima, te aclaro, si andás penando y de amores caído, la Luc recibe en su gmail tus ofrecimientos a "cenas románticas". Por si las moscas nuestra damisela te invita a la presentación de su libro "Consideraciones acerca de tutiplenes y otros frutos de mar " donde podés conocer, según dice, sus "encantos naturales" (Nota 1: eso ya fue, pero si le comprás un broli seguro agarra viaje. Nota 2 (para Luc): Lo puse en ambiguo para una mayor optimización en la multiplicidad de los peces...Ja!). Somos escritores queremos escriturar (Foto y epígrafe resacados de su Flycky-Flicky) Al principio sus textos (¿notas, teorías universales, (re!)flexiones?) te marean un poco. Pero es lógico (y más sano que Canal 13 a las 21): estamos tan acostumbrados a la lluvia de gases tineliana que todo lo inunda que cuando te bombardean con secuencias enteras de palabras nacidas para ser salvajes sentís que el viento que sale de la pantalla te despeina. Y te refresca los bornes a pura poesía urbana. Te masajea los hemisferios y mientras tanto te deja la sonrisa dibujada como si entrara Bob Marley por la ventana, flotando, y te llevara a dar una vuelta en alfombra.

Y el recomendatorio termina acá. Acordate de llevar bebidas isotónicas para el viaje. La resaca es grande. Y pisa fuerte. Ah, el libro no lo compré. Pero voy a hacerlo al tiro...! Porque sus insistentes, ingeniosas e hilarantes arremetidas no me convencieron de hacerlo, pero el efecto adictivo y sorpresivo -del tipo chocolatines Jack- que me causa la lectura de sus escritos si lo hizo. Transcribo un ejemplo:

Carlos Saúl, Rita y Raúl Lavié. Todos ellos murieron en una guerra intestinal, pero los guardaré en mi memoria por toda la eternidad (Foto y epígrafe resacados de su Flycky-Flicky) Homilia dominical para la juventud

Estimados feligreños:

Esta homilía estará totalmente abocada a la campaña de marketing "Lee un tutiplén y serás perdonado por Nuestro Santo Jehocities".

Estamos viviendo épocas duras. El paco, el chupi, el bicho, la falta de compromiso social, la abulia, el punk, Miranda, Romina Yan y el EGB están arruinando las frescas, gráciles y quebradizas mentes adolescentes.
Se avecinan tiempos oscuros. El futuro ya llegó, todo un palo, ya lo ves. En las calles, los boliches, en el chino de la esquina sólo se ve perdición, cerebros enajenados por Facebook, Twitter y Myspace; una juventud desorientada y hundida en el fango tóxico de la melaza y la banalidad.

¡Es nuestro deber como ciudadanos y súbditos de Jehocities cuidar a nuestros jóvenes! Porque en ellos está el porvenir. Ellos serán quienes pergeñen la argentinidad y el futuro promisorio que esta patria se merece y quiénes nos paguen el geriátrico el día de mañana cuando en lugar de usar esas lindas tanguitas de encaje, usemos huggies extra large.

Es un día especial por varias razones

1. Hizo sol.
2. Fundamos la Agrupación Juvenil Jehocitiana "El tutiplén te pega bien"
(si querés disfrutar de las bellas y tiernas caripelas de la muchachada, clicá en la imagen y se te agranda una bocha)

Los muchachos y muchachas que ven aquí en el altar leyendo el libro sagrado, no son jóvenes comunes y silvestres. Son pendex que habían perdido el rumbo, ovejas que se apartaron del rebaño, abejas que huyeron del Grecia Colmenar para hacer toda clase de actos vandálicos como leer Harry Potter, escuchar Pibes chorros, volcar la coca cola en la mesa, reirse por cualquier boludez, tocarse las partes, pegar el chicle debajo de la mesa y otro tipo de atrocidades de la misma calaña.

Pero ahora son personas insertadas en la sociedad, de modales agradables y respetuosos de las tradiciones, la familia, la propiedad privada y el amor.
Ahora son verdaderos corderos atados al palenque de Jehocities. ¿Y gracias a qué?

Gracias a El Libro de la sabiduría, la mayéutica y la buena digestión del espíritu, panacea imprescindible, superavit del alma, emblema y paradigma para la posteridad.

Oremos.

Así que ya saben: si quieren que sus hijos no sean tan turros como son, que hagan caso, que estudien, que consigan trabajo, que no duerman todo el día, que no contesten mal, que no se peleen entre hermanos, que no molesten, que no se metan el dedo en la nariz, que no coman como cerdos, que sean personas de fe y transiten la senda del buen camino, comprenles los Tutiplenes.

Los mismos se venden en el stand que está ahí junto al vino santo y las ostias.
Comprenlos y Nuestro Santísimo Jehocities los ayudará, los protegerá y les ahorrará unos cuantos disgustos.

Y ahora, lamentablemente nos tenemos que despedir. Es tarde y me tengo que ir a ensayar un esquema de educación física con ulas ulas, después a la peluquería porque más tarde salgo con un señor que YA compró y leyó los tutiplenes y es educado, gentil y además está re bueno.

Después de comprar se pueden ir.
Con dios, se pueden ir.

archivado en: homilias y queremos tanto a Sofi, Santi, Michi, Germán, Mati, Nina, Demo y Nadia

: : : La ilustración de arriba es de Chinaski, a quien oportunamente asaltaremos su tremendo blog exultante de libros recontra libres de ser bajados en formato pdf.

: : : El blog de Luc

Explosivo, hiriente y satírico: Hunter S. Thompson

12 mayo 2008

La foto de la tapa de Rolling Stone es de David Hiser

En la siguiente entrevista, el escritor peruano Iván Thays habla acerca de la relevancia que tuvo la figura de Hunter S. Thompson para la evolución del periodismo en la década de los 60’.

¿Cuál cree usted que ha sido el aporte más importante de Hunter Thompson al periodismo?
Él creo un estilo que ha sido usado hasta el hartazgo por todo el mundo, que es el que llaman periodismo Gonzo. Que consiste en el que periodista se ponga como participante o incluso como protagonista muchas veces de las historias que cuenta, logrando reproducir en sus escritos, cómo el vivió y sintió cada una de las cosas que va narrando.

¿Entonces que a él no le obsesionaba la búsqueda de la noticia, ni de la primicia en la información?
A Thompson no le obsesionó para nada la búsqueda de la noticia. A él le importaba transmitir lo que él había sentido al ser testigo de un hecho y no ser una mera máquina reproductora de información. Le importaba transmitir sensaciones al público lector.

Hunter S. Thompson, autorretrato, Puerto Rico,1960
¿Qué piensa sobre su estilo?
Me gusta mucho que Thompson haya roto tanta ortodoxia periodística. Me encanta que sea un periodista que se atreva de ponerse a él como centro y empezar a crear a partir de ahí una serie de cuestiones, de pensamientos que haya sido capaz de liberar a muchos periodistas y ha acercar a mucha gente se acerque al periodismo, porque es una carrera que pudo haber terminado en una contadora de datos o en cosas muy políticas y él de dio ese toque que revivió al periodismo , ese toque de ser un poco ligero pero a la vez profundo, inteligente y divertido sobre todo.Lo que Thompson tenía era un gran poder de observación y de síntesis, para observar algo y saber que eso sintetiza un modo de vida, una manera de pensar. Él decía exactamente lo que se debía de decir y creo que ese en un enorme mérito de Thompson y quizá sea lo más difícil de seguir.

¿Y usted comparte la idea de que Hunter Thompson es un icono de la contracultura de los años 60’ en los Estados Unidos, y que logró revolucionar el periodismo?
Sí, definitivamente sí, incluso en el periodismo Tom Wolfe y Thompson, que representan al Nuevo periodismo y el periodismo Gonzo respectivamente de alguna manera se peleaban sobre quien es más importante para el periodismo de aquellos años.

¿Cómo fue el movimiento "Gonzo" en los Estados Unidos?
Fue un boom total, cuando Hunter Thompson empezó a escribir las ventas empezaron a subir muchísimo, luego la gente empieza a admirarlo y luego ya no hay periodistas que no quiera ser Hunter Thompson osea, tanto por el estilo al vestir (sombrerito, el cigarro , el porte vaquero) si no por la actitud la pose que rompió esquemas. Aun que la influencia más interesante fue la posterior, cuando él ya no está tanto en actitud de romper las modas pero de todas maneras algo ha quedado y la gente comienzan a tener más libertad para escribir. No sé exactamente de donde viene el término Gonzo, pero si sé que es la forma compulsiva en la que el empieza a escribir ante el temor de no tener ningún dato.

¿Por qué cree que de todas sus obras "Miedo y asco en Las Vegas" fue la que más resaltó?
Bueno porque fue el texto más largo que él hizo, ya que antes sólo había escrito muchas crónicas. Aparte que con esa novela él fue capaz de hablar de cosas y destapar cosas que para aquella época eran todo una novedad como era el tema del alcohol y las drogas.

Esta entrevista fue publicada en Willay, publicación del curso de periodismo digital, Laboratorio 105, de la Facultad de Artes y Ciencias de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú

Iván Thays nació en Lima en 1968. Estudió Literatura y Lingüística en la Universidad Católica del Perú. En 1992 publicó el libro de cuentos Las fotografías de Frances Farmer y más tarde las novelas Escena de caza (1995), El viaje interior (1999) y La disciplina de la vanidad (2000), con la que se ubica en el grupo finalista del Premio Rómulo Gallegos en 2001. Ese mismo año recibe el Premio Príncipe Claus, por el conjunto de su obra literaria y su ejercicio en la difusión cultural.
La imagen de HST, tomada por él mismo en Puerto Rico, en 1960, fue extraída de la galería M+B, de Los Angeles, Californa.

Hunter Stockton Thompson, el creador del periodismo gonzo

Hunter Stockton Thompson, Las Vegas, 1970 Hunter Stockton Thompson es a la prensa lo que Bukowski a la novela. Licor y estupefacientes fueron su "combustibles" reconocidos para un vertiginoso viaje por la locura que encierran algunas formas del sueño norteamericano. Sin embargo, cuando se le pregunta a este respecto, suele contestar: "Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo esto, yo no sería nada".

Creador del llamado periodismo "gonzo" -aquel en el que cronista se convierte en protagonista de su crónica, promoviendo su acción y sufriendo sus consecuencias-, él siempre ha hablado de aquello como de un hallazgo casual. Enviado por una revista a realizar un reportaje sobre una importante carrera de caballos, Thompson y su fotógrafo estaban dando cuenta de un canuto cuando la ceniza de éste se les cayó sobre el traje de un importante político. Mientras la ropas de aquél comenzaron a quemarse, los dos periodistas decidieron poner tierra de por medio. "Pasada una semana vino el editor, a quien le habíamos prometido el artículo, a recogerlo. Yo no lo tenía escrito: cuando más consultaba mi bloc de notas, mi mente se quedaba más en blanco. Total, que tuve miedo de que nos quedáramos sin cobrar y le di mis apuntes. Cuando salieron publicados, empecé a hacer las maletas para cambiarme de ciudad, pero todo el mundo empezó a llamarme para decirme que aquello era maravilloso". En cuanto a "gonzo", la palabra en cuestión, Thompson explica: "La utilizaba un amigo mío de Oakland, siempre pasadísimo, para referirse a esas personas que tienen la mente peor que los locos".

"Un delincuente juvenil"

Hunter S. Thompson, como firma sus crónicas -incluso las que tienen más de 200 páginas y reciben el nombre de novelas- nació en Louisville (Kentucky) en 1939. Preguntado por su infancia en una entrevista publicada por la revista "Star" en abril de 1979, Thompson responde: "He sido un delincuente juvenil, el típico que calzaba wambas blancas, camiseta de la Universidad de Oxford y tejanos. Me dedicaba a robar pequeñas cosas, sobre todo licor, que era por lo que nos pagaban más". Inquirido con posterioridad sobre sus condenas contesta: "Sé más de las cárceles que la mayoría de los convictos del país. De los 15 a los 18 años mi vida transcurrió repartida entre las rejas y las calles. Fue precisamente en prisión donde me inicié con la heroína".

Finalizada su experiencia reclusa, Thompson es corresponsal del "New York Herald Tribune" en el Caribe. De su estancia en Puerto Rico viene a dar cuenta la ya aludida "The Rum Diary", en cuyas páginas -autobiográficas como todas las a él debidas- se nos presenta bajo el nombre de Kemp, un joven trotamundos que acaba de abandonar el Village para emplearse en una redacción portorriqueña. Serán sus compañeros de esos días misántropos, escépticos, perdedores y ambiciosos que lo disimulan bajo un falso interés por la redención de los pobres. Ni que decir tiene que estos últimos serán los que inspiran a Kemp el mayor de sus desprecios. Sin que ello signifique, claro está, que muestra la más mínima solidaridad con los descreídos. Los verdaderos intereses de nuestro corresponsal están en el ron que bebe sin cesar y en las orgías a las que se entrega.

Hell AngelsReferencia contracultural
Tras una nueva experiencia como corresponsal para "National Observer" que le mantiene en Sudamérica hasta 1963, Thompson regresa a Nueva York y comienza colaborar en publicaciones como "Esquire", el magazine del "New York Times", "Nation", "Reporter" y "Harper’s". Publica su primera novela -"El diario del ron" es la primera que escribe, pero su publicación es más reciente- en 1966, "Hell's Angels" es su título.

La crónica sobre los movimientos de droga que llevan a cabo estos conocidos motoristas norteamericanos le convierte en el "enfant terrible" de la literatura estadounidense. Su estela transciende incluso a círculos tan poco afectos a la prensa como los contraculturales, en los que Thompson es una referencia obligada desde entonces. Por dilucidar aún si la paternidad del nuevo periodismo pertenece a él o a Thomas Wolfe, lo cierto es que, como novelista, Thompson se da a conocer antes. "The Electric Kool-Aid Acid Test", el primer libro de Wolfe, data de 1968.
Fear and Loathing in Las Vegas

Redactor jefe de la sección nacional de la prestigiosa revista Rolling Stone entre 1969 y 1974, de uno de los reportajes realizados por aquel tiempo acerca de la campaña presidencial de 1972 nace su novela más celebrada: "Fear and Loathing in Las Vegas". En su páginas, el eterno periodista, álter ego del autor en todas sus novelas, acompañado en esta ocasión por un abogado, se lanza con su Chevrolet descapotable a la conquista de Las Vegas. Las drogas más variadas suceden al alcohol en alternancia constante a lo largo de todo el recorrido de estos dos pícaros de nuestro tiempo.

"Mis obras más importantes están aún por escribir", anunciaría ante el aplauso cosechado entonces. "Fear and Loathing on the Campaign Trail’ 72" (1973), "The Great Shark Hunt" (1979) y "The Curse of Lono" (1983) sólo son algunas de las que ha dado a la estampa hasta la fecha.
Fear and Loathing on the Campaign Trail 72 The Gonzo Papers Vol.1 - The Great Shark Hunt The Fear and Loathing Letters Vol.2 - Fear and Loathing in America The Rum Diary
The Fear and Loathing Letters Vol.1 - The Proud Highway The Gonzo Papers Vol.3 - Songs of the Doomed The Gonzo Papers Vol.4 - Better Than Sex The Gonzo Papers Vol.2 - Generation of Swine

El perfil fue publicado en el diario español El Mundo.
Para evitar confusiones, a la nota original le reemplazamos los títulos traducidos al español por los originales en inglés.
La imagen de HST, tomada por él mismo en Las Vegas, en 1970, fue extraída de la galería M+B, de Los Angeles, Californa.

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