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Caín, Suplemento N° 2

13 marzo 2008



FOTOGRAFIAS DE ALEJANDRO BACHRACH
Las imágenes se pueden ver, en tamaño grande, en nuestras galerías de Flickr.


Etapa: suplemento en Humor ®
Año: 1987
#: 2

El segundo suplemento Caín contenía en ocho páginas, traducidos al español, los párrafos del capítulo 21 de la novela A Clockwork Orange –La naranja mecánica–) escrita por Anthony Burgess en 1962.
Era directo y contundente, como un cross de derecha de Tyson mientras el rival toma aire para recuperarse de la piña anterior. Por la sorpresa que significó para aquellos que habían leído el libro, sin este final. Por el impacto que provocaban las imágenes que acompañaban al relato. Y por lo extraño que resultaba el lenguaje de la novela para quien accedía por primera vez.
El texto del suplemento fue ilustrado con seis fotografías de La Organización Negra, la agrupación de teatro vanguardista formada en Buenos Aires en 1984 (influenciada por el colectivo catalán La Fura dels Baus) y de la cual surgiera, años más tarde, De La Guarda.


LA SCHAICA

Málchico a cargo: Marcelo Figueras
Veco gráfico: Fabián Di Matteo
Brato fotógrafo de tapa: Eduardo Grossman
Débochea productora foto tapa: Claudia Stampacchio
Cheloveco modelo de tapa: John Bolster
Sodos modelos de fotos interiores: La Organización Negra
Dedicado al viejo unodós unodós


La Organización Negra, Argumentum Ornithologicum, 1991-1992 La Organización Negra, Argumentum Ornithologicum, 1991-1992 /
Foto: Angel Castro


La Organización Negra, Almas examinadas, 1992
La Organización Negra, Almas examinadas, 1992 / Foto: Angel Castro


A Clockwork Orange, film de Stanley Kubrick (1971)A Clockwork Orange, film de Stanley Kubrick (1971)

Alex y sus drugos. Dos imágenes de A Clockwork Orange,
film de Stanley Kubrick (1971) basado en la novela (sin el capítulo 21)




Afiche de la película


El rock de la cárcel

11 marzo 2008

REPIMPOROTEANDO EN EL CALABOZO
Músicos, técnicos, periodistas, público: quedan todos arrestados

HIPÓTESIS UNO: LOS POLICÍAS ACUDEN A TANTOS RECITALES PORQUE LES GUSTA EL ROCK. HIPÓTESIS DOS: ESTUDIAN EL MERCADO PARA LANZAR LUEGO SU PROPIA BANDA (¿BOTÓN RAP? ¿MATUTE Y LOS AZULES?). EN FIN. COMO MEDIDA PRECAUTORIA, QUIZÁ FUERA CONVENIENTE FUNDAR UN CUERPO ESPECIAL DE POLICÍA PARA PROTEGER A LOS ROCKEROS DE LA POLICÍA.

Por Marcelo Figueras
Fotografías de Eduardo Grossman

Le picaba la entrepierna. A Fito Páez. Mientras esperaba el colectivo –línea 218, ciudad de Rosario–. Le escocía, como si un gnomo se la untara con sal. A los quince años, en 1978 y de madrugada, su corazón batía desde un cono de sombras. Entonces lo vio: doblaba en una esquina, runrún de motores, luces largas, el cartel con el número indicador en penumbras. Le hizo señas. Venía hasta el tope. “Arriba, arriba”, lo conminaron desde las alturas del vehículo. Páez salvó la distancia de una zancada y estiró el brazo, el billetito esperando trocarse en boleto. Nada. Advirtió un rictus común, como de odio, que nimbaba el rostro de los pasajeros. Reparó, pues, en los hombrecitos de azul que se acercaban, y comprendió: ese 218 no estaba funcionando como habitualmente, sino que trasladaba docenas de detenidos hasta la comisaría. “Nos vas a acompañar a la seccional, flaquito. Te subiste al bondi indicado”, se mofaron de él. La entrepierna seguía ardiéndole, como la boca de un crucificado.
No conozco a nadie, virtualmente, de los que profesan un amor sincero al rock, que no haya tenido el privilegio de pasear alguna vez en esa clase de bondis. El acoso sistemático de la policía, compulsión del ovejero por ahorrar movimientos al rebaño, ha sido el responsable de la peculiar democracia que ha imperado desde siempre en el rock local: todos, artistas, plomos, managers, técnicos, público, sin pendones distintivos, han concretado giras, con pasmosa regularidad, por las seccionales del país. Quizás una pericia aritmética ayude a explicar la persistencia del romance: de los veinte años de vida que acusa el rock argentino, tan sólo cinco transcurrieron bajo el imperio de alguna suerte de democracia. Cifras que reclaman una cierta comprensión para con los azules, puesto que no es fácil guardar compostura con el rebaño luego de década y media de alimentarse a base de cordero. Admitamos, también, que su esfuerzo por abandonar los vicios de antaño no es, digamos, demoledor. Quizá se deba a que, como connaisseurs de la moda actual y su tendencia al reciclaje, los azules estén aguardando que el look salvaje vuelva a entrar en boga.
En esta commedia que es la historia del rock local, el de los azules es un personaje recurrente. Un coro a la griega con ínfulas de primer actor, que no se contenta con comentar la trama sino que también brega por pautarla, atarle moños y encaramarse a ella. Son inevitables, como Castiglione al lado de Moria. Ellos, y no otros, zumbaban en torno de Moris, Pipo Lernoud, Tango, Nebbia y los demás que estaban inventando la cosa en La Perla del Once. Ellos precipitaron el cierre de La Cueva, boliche mítico, versión local del Cavern, “donde comenzó todo”. A comienzos de 1967, “alguien” dejó caer dos bombas de humo en su interior. Cuando la gente salió, no sólo estaban esperando los bomberos, sino, también, las cámaras de Canal 7, en un portentoso alarde de olfato periodístico. El locutor de turno hacía malabares dialécticos para vincular el humo a la “depravación de los melenudos”, como si una cosa fuera natural consecuencia de la otra. A partir de entonces, las “visitas” de los azules a La Cueva arreciaron. En una de sus últimas incursiones se llevaron a los dueños, Nybardo Bravo y Claudio Milanesi, y a los cinco Gatos, que estaban sobre el escenario en el momento de la razzia. Los dejaron en el calabozo, en pleno invierno, sin otra cobija que el sudor, durante toda la noche. Al otro día regresaron a encanutar a Los Gatos, para que repintaran la celda donde habían dejado inscripciones “de amor y paz”.
Cuenta Miguel Abuelo cada vez que memora los inicios: “Éramos carne de calabozo”. Durante uno de los primeros conciertos de Almendra, en el Payró, 1969, cayeron azules disfrazados de civil, sobre los primeros compases de Plegaria para un niño dormido. Se ordenó el desalojo. Emilio Del Guercio, bajista, cantante, esbozó un gesto de contrariedad. El oficial le pidió que se acercara. Cuando estuvo a tiro, el azul le cruzó la cara de un revés. El público, primero alelado, reventó en un único grito: “Andá a cagaaar, andá a cagaaar…”. Todos adentro. Al día siguiente, Edgardo Suárez invitó a los Almendra a su programa de radio Belgrano, para hablar del incidente. Iniciativa que le valió el despido.

Poco antes del Adiós, en agosto del 75, los Sui Generis se presentaron en Uruguay. Tocaron entonces la versión completa de Botas locas, donde Charly releía satíricamente su experiencia en la colimba. “Caímos todos en cana, hasta los equipos”, recuerda Nito Mestre. De civil, mezclados entre la gente, los tiras habían grabado el recital, aunque con un sonido sucio, saturado: quisieron descifrar las letras, pero sin mucho éxito. Comenzaron a indagar por ellas entre los músicos. “Ah, no sé, yo toco la batería”, alegaba Juan Rodríguez. “No tengo ni idea, yo toco la flauta”, se escabulló Mestre. Llegaron, inexorablemente, a García, quien en el acto cambió la letra. Donde cantaba “Si ellos (los militares) son la patria, yo soy extranjero”, aseguró que correspondía este verso: “Si ellos son la patria, yo me juego entero”. Las quijadas de los azules rebotaron contra los mosaicos. Un oficial inquirió a otro: “Che, estos muchachos son patriotas… ¿Por qué los trajeron?
Dice David Lebón: “Caer en cana después de un recital era algo folclórico. Los pibes iban a los teatros con almohaditas, para dormir más cómodos en el calabozo”. Durante la presentación de Peperina, cuarto álbum de Serú Giran, una mujer policía zarandeó a un pibe que intentaba saltar la valla entre platea y escenario. Charly registró lo que ocurría, y paró la música. “Largá a ese pibe, porque de otro modo no seguimos”, gritó. Los azules se retiraron, pero no del todo: esperaron a la salida.
Sería erróneo colegir, a partir de estas historias, que es la escencia transgresora del rock la que latera el ritmo circulatorio de los azules. El rock carece de tales “escencias”: pensarlo transgresor por definición es igual a endiosarlo, puesto que sólo de un dios se predican las bondades absolutas. Algunos, incluso, les resultan agradables. Claro: están los otros. Los que escuchan, bailan o hacen rock como una forma de liberar energía. Los que blanden el rock como Alejandro la espada: pretenden, a través suyo, cortar el nudo gordiano de los condicionamientos –afectivos, sociales, políticos–. Tal vez estén equivocados. Lo cierto es que son éstos, y no otros, los que hacen fallar un latido a los azules. Quizá porque le han perdido el gustito a eso de recibir órdenes. Quizá porque no admiten otro imperativo que el del placer. Encarnan, pues, la contrapartida ideal para quienes, como tantos de los que tienen carnet para ejercer la violencia, sienten un goce sensual al estropear la alegría ajena. Al interrumpir conciertos. Al reclamar documentos. Al detener gente a la salida de los boliches. En fin: a veces, muy de tanto en tanto, hay quien les enrostra una respuesta airada. En enero de 1983, Charly García tocaba como solista en Obras. Minutos antes de salir a escena, irrumpió en el camarín un morocho que se presentó como “oficial de civil”. Con grandes aspavientos, afirmó que su presencia se debía a la necesidad de “confiscar el whisky”. Hubo unos segundos de expectante silencio. Hasta que García, un dandy, dejó de lado el vaso de scotch y la emprendió a empujones con el hombre, sugiriéndole que se fuera a “la remil puta madre que te parió, hijo de puta”. El señor no volvió a aparecer…
Habrá, tal vez, quien vea en esto una mera cuestión de anecdotario, apuntes para el folklore rockero, una versión gráfica de Grandes valores del rock encanado. Diría una computadora: error, error, error. Esto no es ayer. Esto no es el álbum fotográfico de papá hippie. Esto es hoy. Que le pregunten, si no, a los Fricción y al centenar de personas que había ido a escucharlos hace un par de meses, en La Capilla: todos adentro, como en los viejos tiempos. Que le pregunten a Páez, a quien un monito de civil apretó, durante el concierto de los Ramones, para que “mostrara los brazos”. Que les pregunten a aquellos que vuelven a recibir amenazas telefónicas, con voces que hieden a arrabal, Fontanares y tinto del berreta. Que les pregunten a aquellos cuyas salas de ensayo reciben diarias visitas de los azules. Que les pregunten a Los Mimilocos, Sentimiento Incontrolable, Euroshima, Los Corrosivos y tantos otros grupos nuevos a los que la experiencia enseñó el texto de los edictos policiales antes que el Preámbulo de la Constitución. Que les pregunten a los tres pibes de Ingeniero Budge. Esto no es ayer, vida mía. Esto es hoy. Joder, que las bandas de los regimientos están emperradas en ensayar marchitas…
Me viene a la memoria una de las (innumerables) ocasiones en que los azules intentaron sofrenar las orgías ricoteras: el Festival Pan Caliente, en 1982. Los Redondos serruchaban Criminal mambo, una docena de beldades danzando en torno al Indio Solari. Un soutien se elevó por los aires, trazó una parábola, cayó sobre la platea. Esto es demasiado, pensaban los azules al abordar a Poli, manager e “ingeniera psíquica” de la banda. Le plantearon su ultimatum: “O bajan ellos o subimos nosotros”. Cinco años más tarde, cosa loable, sus intenciones siguen siendo transparentes: bajar del escenario a cuanto hereje mansille la Santa Cruz, los Sagrados Oleos y el café con leche, o, lo que es igual, hallar la excusa apropiada para irrumpir ellos en el escenario –ay, ese regusto por las candilejas, por el emperifolle, por la figuración…
Ocurre que, en fin, los herejes han batallado duro para hacerse un lugar en ese escenario. Quizá cabría mentarlos, a los Tango, García, Redondos, Páez, como cainitas, porque, al igual que el personaje bíblico, son una paradoja viviente: parte de la historia que los escribas oficiales querrían borrar, o al menos banalizar, y, a la vez, objeto evidente de algún tipo de gracia (“El Señor dijo: el que mate a Caín lo pagará siete veces…”). El hecho es que han logrado hacerse escuchar, y dudo que piensen resignar esa gracia ante el primer prepotente que los encare, por más azul que sea su chaqueta. Es que los herejes detestan ese color: fobia de origen fisiológico, según me explicaron…


Fuente: suplemento Caín # 1, revista Humor ®, 1987
La nota de Caín que reproducimos conserva las negrillas y cursivas del original.

Caín, Suplemento N° 1

Caín, suplemento N° 1, revista Humor, 1987
Caín, suplemento N° 1, revista Humor, 1987
Caín, suplemento N° 1, revista Humor, 1987
Caín, suplemento N° 1, revista Humor, 1987
Caín, suplemento N° 1, revista Humor, 1987Etapa: suplemento en Humor ®
Año: 1987
#: 1

El primero de los once suplementos Caín que aparecieron en Humor ® se publicó con ocho páginas.
El Staff de los suplementos estaba conformado por las mismas personas (básicamente Marcelo Figueras, Fabián Di Matteo, Eduardo Grossman) con el aporte de diferentes redactores o colaboradores en cada edición.
Las fotos de Grossman encajaban perfectamente en esa mezcla de realismo y ficción que definía a la publicación. La toma de Charly García (en la tapa) en un juego de sombras simulando un calabozo, Richard Coleman (entonces líder de Fricción) encadenado y de un grupo de jóvenes músicos, incluído Andrés Calamaro, detrás de un alambrado, no sólo son excelentes fotografías. También demuestran que el tratamiento de este factor, junto con los textos y el diseño gráfico, formaba parte de un concepto muy elaborado.

En la página 7 abren el juego hacia la cómic con El Mesías Eléctrico en versión historieta (guión de Marcelo Figueras y dibujos de Pablo Páez). Cuando el suplemento se convirtió en revista, la historia de El Mesías se publicó como “folletín”. Esto lo veremos más adelante, en la etapa en que Caín se convierte en revista.

La Gavilla

Caín a cargo: Marcelo Figueras
Caín gráfico: Fabián Di Matteo
Caín del lente: Eduardo Grossman
Investigación periodística y producción fotográfica: Víctor Pintos
Caín dibujante: Pablo Páez
Caín guionista: Caín (?)
Dedicado a la (memoria) del mono


Las imágenes se pueden ver, en tamaño grande, en esta galería de Flickr.

Caín, 20 años (Nacer en blanco y negro)

10 marzo 2008

Portada del suplemento Caín N° 1, revista Humor®, 1987 Portada suplemento Caín N° 1, revista Humor ®, 1987

Agridulce. Como una fruta extraña. Como la selecta música de cañerías que campeaba por aquel entonces. Así fue la historia de la revista Caín (Buenos Aires, Ediciones de la Urraca, 1987).
Andrés Cascioli, director de la editorial, cuenta vía mail a Klamahama: “Como Humi, Fierro o El Péndulo, Caín fue una revista que salió a partir del éxito de Humor Registrado. En términos económicos, un emprendimiento que permitían los recursos que generaba esta última. La idea era que expresara las nuevas tendencias juveniles en la música, la historieta y el arte en general”.
En su correo Cascioli aclara, también, que su realización fue posible porque a su alrededor orbitaba “la gente que podía hacerla y que era un grupo muy talentoso. Pero, a la larga, debía sostenerse por sí misma y eso no ocurrió. Su perfomance en el quiosco no fue buena y debió dejar de salir. No es la primera ni la última vez que ocurre con un producto que era bueno; no había mercado para él, como se dice ahora”.

Caín en blanco y negro

La publicación, (¿imaginada? y) dirigida por el periodista Marcelo Figueras, fue incubada en el segundo semestre de 1987 como suplemento entre las páginas de la histórica y ya desaparecida revista Humor ®. Sus 8, 12 y hasta 16 páginas en contrastante blanco y negro aparecieron como una rara avis en once ediciones de Humor ®.

Aquel incipiente Caín era un suplemento impreso y abrochado de manera que podía arrancarse de la revista sin necesidad de cercenar el contenido de Humor ®, pero una vez separado de la madre, Caín ya no tenía más pasado ni identidad que su propio nombre. Ninguna de sus páginas indicaba que se trataba de un suplemento de Humor ®. Ni fecha de publicación. Ni ciudad. Ni datos de la redacción. Ni teléfono de contacto. Nada. Caín, escindido de Humor ® era un paria. Un querubín oscuro, rústico, lleno de fantasías y de lectura exquisita.

Un detalle, cuanto menos raro, que quien haya conservado las 11 ediciones podrá confirmar: sólo el número 8, con el título en tapa “BUENOS AIRES NEGRA I: Acá también hay detectives…”, llevaba estampadas, como si se tratara de un error de imprenta, las leyendas 50 HUMOR (en la página 2), HUMOR 51 (en la 3) y así hasta la contratapa (56 HUMOR). Los números continuaban la numeración de la revista. ¿Fue un pifie liso y llano o parte de la trama cinematográfica y misteriosa, que delinearon para aquel suplemento # 8?.

Ante la carestía de espacio, cada suplemento fijó el objetivo en una única historia.
Por orden de aparición, Caín se ocupó de:

Estas pequeñas muestras de lo que posteriormente fue una revista en toda su dimensión, mostraban un ingenioso estilo de redacción donde los elementos cobraban significados en función del efecto buscado. A menudo la realidad era otra realidad, paralela, imaginaria, en la que costaba distinguir los límites del ficcionario. Palabras de uso infrecuente, giros y estructuras que fácilmente podían confundir la lectura pero que los lectores agradecían por la aventura que significaba su interpretación.
Muchas veces, las notas estaban escritas como si fueran pequeños guiones aptos para un corto. O un clip. O simplemente, como pudo verse en la página 7 del primer suplemento, para transformarse en una historieta, un género afín a Caín. En esa única página Figueras ponía textos a los globitos y Pablo Páez los primeros dibujos de “El cruce del Atlántico”, una tira breve que tendría su merecido espacio tiempo después en la revista Fierro, de la misma editorial.
También dibujarían en esa etapa embrionaria de Caín los dibujantes Rep y Alfredo Flores (en otra historieta guionada por Figueras, “Cuesta abajo”).
Esta relación con el mundo del cómic –según cuenta Cascioli -, era una de las premisas originales de Caín. Vale recordar que Fierro había recibido dos años antes en Barcelona uno de los premios más importantes del cómic y Ediciones de la Urraca buscaba aprovechar aquella marquesina.

Lamentablemente, no tenemos el registro exacto de las fechas de publicación de estos suplementos (algún lector memorioso o poseedor de aquellos ejemplares de Humor ® podrá aportar los datos). Se sabe, con seguridad, que fue durante 1987 y antes de diciembre de ese año, fecha en la que Caín comenzó a publicarse como revista.

En próximas entradas iremos posteando las páginas de cada uno en formato de imagen, comentando detalles y publicando los textos (algunos realmente increíbles por la calidad, el vuelo y el atrapante estilo de narración que marcó las carreras de, por lo menos, Marcelo Figueras y Eduardo Milewicz (autores de las mejores notas de esta época de Caín).


Agradecemos la gentileza de Andrés Cascioli por contestar nuestras preguntas.

Caín, 20 años (esa revista leída con fervor)

Child with a toy hand grenade in Central Park, N.Y.C. 1962,
Diane Arbus


Dicen que en internet uno puede encontrar lo que sea. Que está todo. Que se descubren civilizaciones perdidas. Que se puede visitar museos que uno ni siquiera se imagina que existen. Que es posible leer historias en decenas de idiomas. Que ahí está la mirada del primer japonés que nació en la Hiroshima post-nuclear. Es más: que se podría contactarlo y preguntarle si piensa que el Planeta va por buen camino. Todo el universo a un clic de distancia. Y vos sentado ahí.
Pero también nos dijeron que la casa estaba en orden. Y que la mano de la justicia. Y que Papá Noel. Lo cierto es que todavía estamos esperando que alguien nos cuente la verdad sobre aquellos miles que desaparecieron y que nos muestren a los culpables en cana. En resumen: no todo es tan real como lo pintan. Y tampoco todo está en internet.
Si se busca en Google la palabra Caín, no aparece nada, o casi nada, del nudo de la historia que motiva este post (y en definitiva este blog). Apenas si surge un mercader oportunista que ofrece un ejemplar de una revista cuya tapa muestra a Charly García junto al actor Hugo Soto. O un montón de páginas que mencionan a Caín entre los medios para los que trabajó el periodista Marcelo Figueras (fue Director de la revista).
Pero no deberíamos seguir olvidando nuestro pasado. Porque ahí anidan los errores del futuro. Y ciertamente no necesitamos más errores. Lejos de la visión retro que se vende en figuritas de colores, intentaremos contar esta parte del periodismo local que los arqueólogos parecen no haber visto. Y ya pasaron veinte años. Los suficientes para revisar y celebrar que los brujos no pudieron con todo y que tiempo después del fin de los oscuros años de dictadura, un grupo de brillantes periodistas puso en la calle un medio que sobresalía de la media.
Veinte años después, Marcelo Figueras pregunta desde su blog “¿Qué hacen ustedes con las revistas viejas que alguna vez leyeron con fervor?" Klamahama es la respuesta.

Nacer

06 marzo 2008

"Nacer es siempre una violenta confusión"
Jorge Lanata, 2 de marzo de 2008, diario Crítica de la Argentina, número 1.

En Klamahama, que asomó la cara a este mundo incierto un día antes que Crítica de la Argentina, y que apenas alcanza la dimensión de una brizna caída del enésimo pucho de Lanata, sabemos lo cierto de la sentencia.

Y estamos felices y nos da orgullo seguir aprendiendo de profesionales de su talla. Un maestro del periodismo, que alguna vez, en la semipenumbra del estudio de Rock & Pop de una Buenos Aires menos violenta, minutos antes de su Hora 25, tuvo la gentileza de darle a un novato un consejo sobre la manera de enfrentar un micrófono.

Desde aquí salen setenta y siete agradecimientos volando como escupida de músico.
Por hacernos la vida un poco mejor.
Y por el consejo.

Crítica de la Argentina

Recuerdos de un viejo indecente

04 marzo 2008

  • La revista Ñ, del grupo Clarín, publicó la noticia el pasado 28 de Febrero:

    La casa de Bukowski, patrimonio cultural
    El poeta alcohólico, aficionado al turf, escritor de novelas escatológicas, y escritor de culto ahora es, póstumamente, el niño mimado del establishment de Los Ángeles.

Frente de la casa donde vivió Charles Bukowski
La casa en la que vivió el poeta y narrador estadounidense Charles Bukowski (1920-1994), autor de clásicos del realismo "sucio" como Escritos de un viejo indecente o Música de cañerías, ha sido declarada Monumento histórico y cultural por el Consejo de la ciudad de Los Angeles (California). Así evitarán que los actuales propietarios demuelan el bungalow donde él vivió entre 1963 y 1972.Cuando a fines de 2007 plantearon la posibilidad de salvar la casa, el abogado de los propietarios se opuso aduciendo que Bukowski había tenido inclinaciones nazis y que, además, la casa no tenía importancia en su desarrollo como escritor. Sin embargo, las autoridades de la ciudad californiana no lo entendieron así. Bukowski escribió en esa casa su primera novela, Post office (1971), tras varias décadas dedicado a la poesía y el relato. "Hollywood no es famoso por sus santos o por sus monjas. Siempre atrajo gente complicada e importante, Bukowski definitivamente encaja en ese molde", explicó el consejero Angel Garcetti.Según la agencia Reuters, los vecinos recibieron la noticia perplejos. Muchos ni siquiera habían oído hablar de Bukowski. "¿Sabés? No conozco al tipo -dijo Lorraine Marshall-. Yo adoro la poesía, pero por favor, es un bungalow cochambroso y viejo. A la gente se le va la mano a veces".
Fuente: Revista Ñ

Born into this: el documental

Portada del DVD Born Into This Quien desee probar un poco de la botella del querido Chinaski puede conseguir el DVD con el documental "Bukowski - Born into this", de 2002, realizado por John Dullaghan, quien investigó y recopiló material fílmico durante siete años. La película, que no llegó a estrenarse en los cines de Argentina, incluye semblanzas de antiguos compañeros de trabajo del viejo indecente, la palabra de celebridades como Bono, Tom Waits y Sean Penn e imágenes obtenidas por el director Barbet Schroeder, mientras filmaba con Mickey Rourke, en el papel de Henry Chinaski, el largometraje Barfly (Mariposas de la noche, 1987). Además, claro, de escenas con el hombre que alguna vez fue despostador de reses y portero de un burdel, entre otras profesiones acordes a su estirpe.

Fuente: Roni Bandini




Born into this / Nacido Así
Poema de Charles Bukowski

Nacido así
a esto
mientras sonríen las caras de tiza
mientras la señora muerte se ríe
mientras paisajes políticos se disuelven
mientras que peces aceitosos escupen su presa aceitosa
nosotros nacemos así
a esto
a hospitales que son tan caros
que es más barato morir
a abogados que cobran tanto
que es más barato confesarse culpable
a un país donde las cárceles están repletas
y los manicomios clausurados
a un lugar donde las masas elevan a necios
a héroes ricos
nacido a esto
caminando y viviendo a través de esto
muriendo por esto
castrado
corrupto
desheredado
por esto
los dedos se extienden hacia un dios que no responde
los dedos se extienden hacia la botella
la píldora, la pólvora
nacemos a la letalidad amarga
en las calles habrá asesinato abierto y sin castigo
será armas y muchedumbres vagabundas
la tierra será inútil
la comida será un bien con retornos en baja
la energía nuclear será tomada por la gente
explosiones sacudirán a la tierra continuamente
hombres contaminados con radiación
comerán la carne de hombres contaminados con radiación
los cuerpos podridos de hombres y animales
apestarán el viento oscuro
y habrá el silencio más bello nunca oído
nacido de eso
el sol escondido allí
esperando el próximo capítulo



Charles Bukowski recita "Born into this"

Video Via: Otra iglesia es imposible

Factotum

Existe una segunda película que toma los escritos de Bukowski como fundamento, llamada Factótum (2005). Está dirigida por el noruego-estadounidense Bent Hamer e interpretada por Matt Dillon, Lili Taylor y Marisa Tomei.


Charles según Matt Dillon

Andar

01 marzo 2008

“Y si después de andar, tanto andar,
estás en el mismo lugar,
sal del camino y toma la ruta…”

Toma la ruta, 1992
Gustavo Cerati

Qué es Klamahama

Salvador Dalí (1904-1989), pintor y escultor español. ''Empleo las palabras que me has enseñado. Si no significan nada, enséñame otras. O deja que me calle''.


Klamahama. La zona desconocida, la hoja en blanco por escribirse, el no lugar, el puente que contacta partes anteriores y posteriores cual cinta de Moebius, el pasillo hacia otros lados, la región que espera poblarse, la Patagonia en la mente.

El centelleo al final de los cables de cada computadora conectada a la red. El amor en los tiempos del cyber. Energía misteriosa, resplandor.

Una esquina fuera del mapa donde cruzan las miradas angulares ese vecino raro del barrio y el flaco del quinto, siempre vestido de negro.
Un espacio que se pretende periodístico (más cerca de las preguntas que de las respuestas).
Un espejo que refleje la posición de residentes y visitantes.
Un campo magnético que nuclee los átomos distantes de esa legión de sabuesos rastreando el placer donde se encuentre.
Un lenguaje que ayude a abrir los códigos del presente, imaginar los futuros y revisar los pasados.


Klamahama. La reivindicación de la gesta íntima por imaginar, editar y ver morir la revista El Borde (doce ejemplares de puro romanticismo periodístico) en la nefasta década del 90, necesariamente sonorizada por Nirvana. Absoluta autogestión, más inexistencia de fondos, más distribución gratuita, igual a suicidio de antemano. Queda el sabor a la pasión y la gratitud a los fieles creyentes de aquella locura por colaborar.

Klamahama
en verbos. Compartir y relacionar. Saltar entre géneros y épocas. Referir al directorio de artistas, músicos, escritores, directores, películas, libros, discos, lugares, eventos, sucesos y movimientos, que no para de crecer. Información almacenada en la cabeza del cronista, material distribuido en varios estantes de una biblioteca in crescendo desde aquel primer cassette con canciones de rock a los 12 años (urge exorcizar al coleccionista compulsivo). Y el resto, the bigger soup, está ahí, chisporroteando en la red. Sólo hay que tomar los elementos apropiados y…voilá.

Ajustando bien las piezas, Klamahama
tendrá lugar para difundir ideas y manifestaciones que se identifiquen con la línea del proyecto.
Ilustradores, diseñadores, músicos, artistas, guionistas, periodistas, locos, navegantes y visionarios. La lista, claro, es todo lo extensa que alcance la imaginación. Basta con enviarnos una señal a nuestra redacción para completarla. Respondemos todo lo que nos llegue a
arielmartinez.kh@gmail.com

Klamahama
, finalmente, será mi homenaje a la revista Caín y a los talentosos profesionales que la hicieron posible que sin saberlo me impulsaron desde aquellas páginas a estudiar periodismo.

Bienvenidos.
La aventura otra vez.

Palabras

“Que tus palabras sean la entrada del Klama Hama (…)
te brindaré la mano y un sueño”

Expedición al Klama Hama, 1997
Dante Spinetta- Emmanuel Horvilleur