
La mente partida en dos, como una nuez, y en el medio una nebulosa de ideas, sucesos, lecturas, imágenes y deseos que se cruzan, atropellan y seducen por destacarse unas sobre otros.
Por un lado mi vida cotidiana: un trabajo aburrido, sistemático, prolijo, lleno de tareas ignoradas por casi todos los demás, y la persistente obsesión de mi jefe por explicarme durante horas la perfección que busca en detalles que resultan una absurda pérdida de tiempo. Ya se: debería mandar todo eso a la mierda y hacer lo que me venga en ganas, pero no son buenos tiempos para equivocarme y perder hasta las opciones.
Por otro, mi creciente necesidad de escribir, pero de hacerlo con un sentido explícito, con un objetivo palpable y definible. Y como mi pudor no me deja soltar cualquier cosa así como así, leo y evalúo modelos que me indiquen si estoy buscando salidas apropiadas al laberinto que se hizo en mi cabeza, o si directamente debo olvidarme del asunto y apagar de una vez la computadora.
Así estoy. Así voy. Flotando entre los personajes de Salinger, de Cristian Alarcón, más una larga lista de apuntes reunidos para sentarme a escribir algo decente; y la tajante realidad de ocho a diecisiete.
Espero sepan disculpar las molestias. Estamos trabajando para evitar que la locura se convierta en primicia de CrónicaTV.
Sinceramente.
Un servidor.