
Escribe: Leonardo Parente
Truman Capote tenía una forma peculiar de definirse, directa y sin rastros de humildad: decía que era homosexual, adicto a las drogas y genio. De hecho fue todo eso y además, un periodista cínico y apasionado. Tenía la manía de dedicarse con especial atención a la etapa de “captación participativa” de sus artículos.
Hunter Thompson escribía en primera persona, adoraba las armas, bebía y usaba drogas como un loco, fue una persona que escribió con tanta coherencia sobre la sociedad política de su país (Estados Unidos), que, en mi opinión, fueron raros los periodistas que estuvieron cerca de él. En realidad, en este momento no recuerdo uno tan bueno como él.
En Brasil admiro algunos profesionales. Luiz Carlos Maciel, por ejemplo, es quien mejor escribió sobre los años 60 y 70. Leyendo una antigua entrevista suya a Caetano en el semanario O Pasquim, llegué a considerar a Veloso un tipo interesante, claro que en aquella época, hablando de algo aislado. Descubrí a Luiz Carlos Maciel de casualidad cuando el título “Nueva conciencia” me llamó la atención en una librería de usados de un viejo boludo en el centro de Salvador.
La discusión con el dueño de la librería fue la siguiente: yo quería comprar casi todos los libros editados en Brasil de Anthony Burguess (el autor de La Naranja Mecánica) que tenía en su local. Le pedí un descuento, y él me dio tres reales de descuento sobre el valor total. Sentí unas ganas incontrolables de decirle que se metiera el descuento en el culo, pero no lo hice.
Sólo en el segundo trimestre leí todas las obras de Jon Krakauer, que ciertamente es el mejor escritor y periodista de aventuras contemporáneo. Leer, por ejemplo, “Mal de altura” (Into the thin air) es visceral, ya que empezás a leer, sufrís como los tipos y terminás el libro rápido, 300 páginas en un soplo. Todo verdad, el relato de quien estuvo en la acción.
De igual valor y dramatismo, dueño de más de 50 obras, Jack London, nacido en 1876. Leí “El lobo de mar” en cinco días, leí “Colmillo blanco” también. London, que se suicidó a los 40 años, murió depresivo y hecho mierda.
Tengo algunos vicios, entre ellos, puedo revelar sin miedo el de los libros y películas. Puedo piratear un DVD, bajar álbumes enteros en MP3 sin ningún dolor de conciencia, pero no puedo hacerlo con libros. Sinceramente creo que el monopolio sobre el arte está fisurado, aunque están quienes gritan en contra.
Este año estoy siendo específico para la lectura gonzo y de aventura. En un ataque compulsivo como nunca había tenido, ya compré: La naturaleza salvaje (sobre el cual Sean Penn filmó la excelente película Into the wild), Sobre hombres y montañas, Mal de altura y Bandera del paraíso, de Jon Krakauer; El lobo de mar, Colmillo blanco, Antes de Adán y Escritos políticos de Jack London, Páginas ampliadas de Edvaldo Pereira Franco, Los desiertos, de Euclides da Cunha,
Kingdom of Fear, The Rum Diary, Screw Jack, Fear and Loathing in Las Vegas y The Great Shark Hunt del “tremendo” Dr. Hunter S. Thompson, compré también una edición de 1980 de A sangre fría de Capote y Memorias póstumas de Brás Cubas de Machado de Assis. Un promedio de 2,12 libros leídos por mes. Y es más, estoy escribiendo uno que tendré que
terminar en noviembre.
"Vicios no son crímenes, los vicios son simples errores que un hombre comete al buscar su felicidad individual. Al contrario de los crímenes, no implican una intención criminal relativa a otro, ni un daño relativo a su persona o a sus bienes”, decía Lysander Spooner, abogado del siglo pasado, acerca de esa cuestión absurda de castigar moralmente los vicios ajenos. Todo es vicio, hasta la intensidad que ponés para limpiarte el culo. ¿Para que crucificar los vicios? Hasta los más abominables son perdonables, como ver telenovelas. El mes pasado, el día que revelaban quién era el villano de la novela de las ocho en Globo, muchos “intelectualoides” no salieron de sus casas para saber quien era, con la excusa de que necesitaban analizar antropológicamente el fenómeno o que un periodista necesita ver todo.
Los periodistas siempre tienen algún vicio, y el vicio más grande, mirá bien, no crímen sino vicio, es el de plagiar a otro periodista.
Al final de cuentas, vicios no son crímenes.
Leonardo Parente es periodista, tiene 29 años y vive en Bahia, Brasil.
Trabaja como asesor de prensa para la Municipalidad de Salvador (Bahia) y Gobierno del Estado de Bahia. Pueden conocer su pasión por el periodista gonzo Hunter S. Thompson en este fotolog.
[Para los lectores de habla portuguesa, a continuación publicamos el texto original del artículo de Leonardo ]
Jornalistas viciados
* Leonardo Parente
Truman Capote tinha uma forma peculiar de se auto definir, seco e sem nenhum traço de humildade, dizia que era homossexual, drogado e gênio. De fato, ele era tudo isso e ainda era um jornalista cínico e passional. Tinha mania de se dedicar com especial cuidado a fase de captação participativa da sua matéria.
Hunter Thompson escrevia em primeira pessoa, adorava armas, bebia e usava drogas como um louco, foi uma pessoa que escreveu com tanta coerência sobre a sociedade e política do seu país (EUA), que raros foram os jornalistas que chegaram perto dele na minha opinião, na verdade, neste momento não me lembro de um tão bom quanto.
No Brasil admiro alguns profissionais, Luis Carlos Maciel, por exemplo, é quem melhor escreveu sobre os anos 1960 e 1970. Lendo aquela entrevista para o Pasquim até achei Caetano legal , claro que naquela época, falando de uma forma isolada. Descobri Luiz Carlos Maciel por acaso quando o título "Nova Consciência" me chamou a atenção num sebo de um velho escroto no centro de Salvador
A treta com o dono do sebo foi a seguinte, queria comprar quase todos os livros lançados no Brasil de Anthony Burguess (Laranja Mecânica) que estava no sebo dele, pedi um desconto, e ele (o dono), me deu três reais de desconto sobre o valor total. Senti uma incontrolável vontade de mandar ele enfiar o desconto dele no rabo, mas não o fiz.
Só no segundo trimestre li todas as obras de Jon Krakauer, que certamente é o melhor escritor e jornalista de aventura da contemporaneidade, ler No Ar Rarefeito, por exemplo, é visceral, pois você começa a ler, sofre com os caras e finaliza o livro rápido, 300 paginas num sopro. Tudo verdade, relato de quem esteve na ação. De igual valor e dramaticidade, dono de mais de 50 obras, Jack London, nascido nos anos 1800. Li "O Lobo do Mar" todo em cinco dias, li Caninos Brancos também. London que suicido-se aos 40 anos morreu depressivo e fudido.
Tenho alguns vícios, entre eles, posso revelar sem medo o de livros e filmes. Consigo piratear um DVD, baixar álbuns inteiros em MP3 sem nenhuma dor de consciência, mas, não os consigo fazer com livros. Sinceramente acho que monopólio em cima da arte é furada, mais há quem grite contra.
Esse ano está sendo específico para a leitura gonzo e de aventura, num acesso compulsivo como nunca me lembro ter ocorrido já comprei: Na Natureza Selvagem, Sobre Homens e Montanhas, No Ar Rarefeito e Bandeira do Paraíso de J. Krakauer; O Lobo do Mar, Caninos Brancos, Antes de Adão e Escritos Políticos de Jack London, Páginas Ampliadas de Edvaldo Pereira Franco, Os Sertões de Euclides da Cunha, Reino do Medo, Rum (Diário de um bêbado), Screw Jack, Medo e Delírio em Las Vegas e A Grande Caça aos Tubarões do "fodasso" Dr. Hunter S. Thompson, comprei também uma edição de A Sangue Frio de 1980 de Capote e Memórias Póstumas de Brás Cubas de Machado de Assis, uma média de 2,12 livros por mês, o que tenho lido mensalmente, todavia, estou escrevendo um livro que terá que se finalizar em novembro.
"Vícios não são crimes, os vícios são simples erros que um homem comete ao buscar a sua felicidade individual. Ao contrário dos crimes, não implicam qualquer intenção criminosa relativa a outrem, nem qualquer dano relativo à sua pessoa ou aos seus bens", já dizia Lysander Spooner, advogado do século retrasado, a cerca dessa coisa absurda de se punir moralmente os vícios alheios. Tudo é vício, até a intensidade que você faz no esfíncter do ânus para cortar a bosta que sai do seu cú. Pra quer crucificar os vícios? Até os mais abomináveis são perdoáveis, como assistir novela. Mês passado, no dia da revelação de quem era o vilão da novela das oito da Globo, muitos "intelectualoides" não saíram de casa pra ver o resultado, sob a justificativa de que precisavam analisar antropologicamente o fenômeno ou que jornalista precisa assistir tudo.
Jornalistas são sempre viciados em algo, e o mais grave vício, veja bem, não crimes, vícios, é de sacanear outro jornalista. Mas afinal de conta, vícios não são crime.